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Mar de tubos

El paisaje que rodea al Centro Niemeyer

Cuando uno se acerca a la costa de Almería desde Granada llega un momento en que el paisaje a lo lejos brilla como un mar plateado. Pero no lo es. Se trata del efecto que produce el reflejo del sol sobre la cubierta de los invernaderos, una superficie de treinta y cuatro mil hectáreas que producen un efecto llamado mar de plástico. La imagen de esa zona vista en Google Maps es realmente impresionante.

Si buscan en la misma herramienta el Centro Oscar Niemeyer lo verán rodeado de un terreno vacío, yermo. Error: la imagen no está actualizada. Si pasan hoy por esa zona verán que la cúpula y anfiteatro emergen entre un mar ondulado compuesto por docenas de voluminosos cilindros producidos por la industria para dar soporte a los aerogeneradores utilizados en la producción de energía eólica. Poca diferencia estética existe entre el mar de plástico almeriense y nuestro particular mar de tubos.

Hace diez días se cumplió el decimoquinto aniversario de su inauguración. Una mayoría de opiniones ponen de manifiesto cierto desencanto con el impacto del Centro tras una primera etapa de brillo indiscutible. Mirar hacia atrás no suele ser buena idea si con ello se cae en la melancolía. La cuestión es mirar hacia el futuro, observando y aprendiendo de las experiencias de éxito. Eso es lo que todos esperamos de quienes tienen la responsabilidad de gestionar el Centro. Podemos, por ejemplo, empezar preguntándonos si el mar de tubos que lo rodea es síntoma del futuro que se quiere dibujar para ese recinto.

El Centro Oscar Niemeyer es un espacio que, a pesar de no pocos inconvenientes, es utilizado para pasear, correr, patinar, tomar el sol en la explanada, tomarse un café, cuando eso es posible, o disfrutar viendo el atardecer sobre la Ría.

¿Qué pasaría si en el entorno más cercano al centro se sustituyese el mar de tubos por un área recreativa con una zona de arbolado, mesas, bancos, zona verde, separada de lo que sea terreno destinado a la industria? Imagínenselo por un instante. Seguro que estarán ya deseando cruzar la pasarela para disfrutar de una merienda de campo con amigos y familiares. Pues ¿por qué no? Al fin y al cabo, ese mar no estaba en los planos de la futura Isla de la Innovación que nos enseñaron hace años. Relanzar el Centro y su entorno es añadir valor a la ciudad.n

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