Opinión | Balcón al Muelle
Evocar emociones positivas y vender Avilés al turista
Cómo enriquecer la experiencia de la clientela más allá de la temporada alta cuando el comercio local se ha quedad anclado en su época dorada
El manual de transición para ser un destino turístico competitivo apela a la colaboración entre los sectores público y privado como premisa esencial.
Pero, ¿qué se entiende por destino turístico? El espacio geográfico –ya sea ciudad, región o país– con identidad propia, que atrae visitantes al ofrecer un conjunto de recurso, culturales, naturales o de ocio, que junto con los servicios (alojamiento, transporte, restauración) permiten la pernoctación.
Avilés argumentaba esta semana el éxito de la Comida en la Calle en el hecho de haberse convertido en destino turístico. Vivir la experiencia como viajero en Avilés incluye una variedad de aspectos no solo por su amplia oferta de servicios y propuestas para disfrutar, sino también por la autenticidad del lugar. Y tres básicos para construir una marca sólida y auténtica en este sentido son, precisamente, comunidad, cultura y comercio.
De las dos primeras la ciudad puede hacer gala de que presenta singularidades que la hacen muy atractiva para el que llega por primera vez, pero al comercio local le falta salir de esa especie de ensimismamiento en el que se quedó en su época dorada.
No cabe duda del extra que acompaña a atender al aluvión de nuevos visitantes en temporada alta o en las épocas de alta afluencia obliga a un descanso o parada posterior. No obstante, la realidad de esos "parones" para el descanso o esa especie de languidecer de los negocios en temporada baja se alarga en la ciudad más en el tiempo que la época alegre. Llegan nuevos visitantes a Avilés, no cabe duda. Ya estamos conectados, incluso, con Madrid a través del tren, pero todas esas personas que llegan a la ciudad no hallan la misma vitalidad en el comercio local que en otros concejos vecinos. Un ejemplo: el exitoso Domingo del Bollo y la posterior Comida en la Calle recibieron a una muchedumbre en las calles de Avilés que no necesariamente lograron llevarse el "souvenir" o el detalle típico porque eran festivos locales para el comercio. Y, lo mismo sucedió en los días posteriores, cuando en otras comunidades o concejos de Asturias –sin ir más lejos, Siero– viven su propio festivo, Avilés optó por cerrar las ventanas –y las puertas de los negocios– para propios y foráneos ante merecido descanso, aunque ligeramente anticipado.
Cuando los vientos soplan favorables para navegar conviene aprovechar el momento. En el vasto escenario del océano, el viento emerge como actor principal y su conocimiento resulta crucial no solo para navegar con destreza, sino también para anticiparse a los desafíos que los vientos futuros pueden presentar. Comprender los patrones del viento permite tomar medidas preventivas para garantizar la seguridad de la tripulación y la embarcación. Lo mismo aplica para quien lleva un negocio. Quien es capaz de medir con precisión la intensidad del viento, será también capaz de planificar sus acciones con acierto. Y no parece lo más oportuno, cuando la primavera (turística) asoma, esperar a la siguiente oleada de turistas para echar los restos y abrir las puertas de par en par.
El primer desafío para el sector es la evidente desconexión entre la percepción y el comportamiento del consumidor. El cliente aprecia la cercanía, pero esta valoración positiva no se traduce en compras reales y cuando tampoco se traduce en horarios flexibles o campañas diferentes para atraer nuevos compradores, el tópico en el que se puede caer es fácil: "No tiene solución, las grandes cadenas concentran el gasto", dicen unos.
Cuando los comerciantes se plantan contra la llegada de un gran hipermercado, algo parece tambalearse a los pies de un sector, generalmente envejecido y con dificultades para captar a los jóvenes. No hay duda de la evidente disminución del número de empresas minoristas, en Avilés y en Asturias en general, pero no es obstáculo para adaptar la oferta –o los hábitos de años– y los canales de relación con el cliente. Una puerta cerrada porque " ya lo vendimos todo el fin de semana" es una puerta abierta para que otros aprovechen a construir una nueva realidad. Y entonces, el destino turístico también será otro.
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