Opinión
Audacia y valentía empresarial
El industrial lácteo Francisco Rodríguez, un ejemplo de excelencia

Audacia y valentía empresarial
Hoy intentaré hacer de un acto que fue noticia de prensa (en las páginas de este diario, sin ir más lejos, el 28 de marzo) un compendio a modo de artículo entre noticia, biografía personal-empresarial, denuncia y opinión. Esta pretendida conjugación entre todos estos elementos, tienen como eje central a una persona: Francisco Rodríguez, empresario del sector lácteo.
El pasado 27 de marzo, la Real Cofradía de Amigos de los Quesos del Principado de Asturias tuvo la gentileza de invitarme a su acto anual, celebrado en esta edición en el Club de prensa de LA NUEVA ESPAÑA, en el que se le entregaba al reseñado empresario la distinción anual de la Cofradía. Esta fue la noticia en sí misma.
No queda más remedio ahora, que de manera sucinta hacer mención a la biografía empresarial y personal de Francisco Rodríguez, que fue motivo de elogio desde quien presidía la mesa, Juan Cofiño, presidente de la Junta del Principado, al cofrade mayor, el entusiasta Rafael Secades, pasando por el director general de Mantequerías Arias, Javier Roza. Desde su perfil empresarial a su condición de verdadero humanista en lo personal, fueron diversos los elogios escuchados hacia su persona durante aquel acto. No cabe por mi parte más que mostrar la admiración por lo escuchado sobre la figura del empresario por parte de los intervinientes, que bien lo conocen.
La verdad es que no fueron muchas las ocasiones en las que tuve la oportunidad de escuchar en directo a Rodríguez, más allá de haber leído en los periódicos noticias relacionadas con él en diversos ámbitos empresariales. La conclusión coyuntural que sacaba entonces es que –ante todo– me parecía un empresario valiente. Desde luego que esta conclusión sobre la valentía está en cierta manera certificada por mi parte a modo de opinión en estas líneas, tras escuchar el impecable discurso dictado por el empresario asturiano el pasado día 27 de marzo, tanto desde el punto de vista empresarial como humanista.
La concurrencia de políticos ese día al acto fue más que notable. Allí unos y otros escucharon con atención, y en algún caso hasta con sorpresa, cómo Francisco Rodríguez concluía entre otras cosas que "la industria láctea española no puede sentirse responsable de una situación objetiva que condiciona la realidad en la que nos encontramos. Porque ello, sería sobre injusto, extremadamente delicado, además de un riesgo un tanto absurdo de errar el tiro, dado que los más lógicos defensores de los ganaderos son aquellos que dependen de que existan vacas. Y me refiero, naturalmente, a la industria, sea ésta cooperativa o empresa privada sin más".
También fue objeto de su crítica razonada –sin ambages– la sensación que se percibe de conformismo sectorial en los poderes públicos comunitarios, donde, según parece, radica la mayor parte de las soluciones a la problemática sectorial lechera.
En la misma tendencia valiente a lo largo de su discurso, no le constaba que por parte del Gobierno Central existiera propuesta alguna ante la actual situación del sector, más allá de las medidas relacionadas con los acontecimientos actuales de los países en guerra. Añadía que "hay que situar los precios de la leche en España al nivel de los principales países comunitarios, si queremos no desaparecer como industriales en nuestro propio mercado. Al menos, mientras las fronteras continúen abiertas".
Ciertamente, y uno que presume de saber captar según qué gestos o situaciones en determinados ambientes, observaba el auditorio y percibía cómo la atención y cierta anuencia se reflejaba en gran parte de los rostros de los asistentes, especialmente en el de algunos políticos. ¡Qué bueno!
Finalmente, y en lo referido a la opinión, decir que la valentía debiera de formar parte del ADN de un empresario que de verdad quiera lo mejor para su empresa, y con la verdad por delante, defender hasta la extenuación la empresa que se pretende o estuviera a punto de crearse.
Me adhiero desde esta modesta atalaya a las felicitaciones a Paco Rodríguez, como se le conoce personal y empresarialmente: que siga con la lucidez exhibida ya cerca de sus noventa años, y que mi acostumbrada petición final a la Santina de Covadonga en esta sección acerca de salud y prosperidad, inunde por supuesto las entrañas de este notable y valiente empresario asturiano.
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