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Félix Lobato

Esfuerzo y trabajo en el emprendimiento

Iniciar un proyecto empresarial es toda una aventura en España

A la estela de mi compañero de página, tomo su testigo y en relación a lo que supone la aventura empresarial, añado a los calificativos acertados con que titula su artículo, dos conceptos más: esfuerzo y trabajo. Emprender en España es toda una aventura, parece que estamos rodeados de incentivos y ayudas, y nada más lejos de la realidad. Juan no se refiere en su tema del mes a grandes compañías, ni multinacionales, sino a trabajadores, sí, también a trabajadores, a gente que echa los restos jornada a jornada pero sin una nómina a fin de mes, sino alguien con la preocupación diaria de organizar medios productivos, conseguir rendimiento y hacer frente a los costes fijos que le permitan llegar a ese rendimiento.

No hay distinción entre el deber del trabajador por cuenta propia y el trabajador por cuenta ajena, siempre y cuando uno y otro sean honestos, responsables y se guíen rectamente. Esto último no es opinable ni relativo, ahí no hay parámetros de moral, sino de ética. La moral es la de cada uno conforme a sus creencias, la ética es única para todos y vara de medir homogénea. Es necesario que personas con una biografía como la aludida por Juan, tengan presencia y reconocimiento. El reconocimiento no es un acto baladí ni de adulación, sino que es darle relevancia pública y como ejemplo a lo protagonizado por alguien, como en este caso destaca mi amigo. Es incentivar que en esta sociedad se sigan los pasos de alguien que ha hecho algo que lleva a que la sociedad progrese, camine y se desarrolle, imitando su iniciativa y su emprendimiento. Es necesario dar a conocer trayectorias así y que transmitan que el esfuerzo y trabajo tienen un resultado, llevan a crecer y a aportar a la sociedad. Sobre todo a enseñarnos a todos cual ha sido la ética de esa trayectoria, lo que nos devuelve al título de mi colaboración.

Todo eso que he aludido no se enseña en ningún grado, módulo u oficio, se aprende de quien lo comparte porque tiene experiencia para ello. Mucho menos de quien nos gestiona (ya ni menciono el deplorable ejemplo de muchos de nuestros gobernantes y representantes políticos). El Estado, la Administración, lejos de incentivar y facilitar, solo pone palos en las ruedas. Asistimos a una burocracia aplastante y unas obligaciones fiscales y de Seguridad Social bastante incomprensibles, esto lo digo prácticamente en pleno trimestre (los autónomos me entenderán perfectamente).

Voy a poner un ejemplo. Cada año el Gobierno revisa toda una serie de parámetros en materia de revisión de seguridad social, con fijación de bases mínimas de cotización para cada año y otros conceptos. Esto tiene relevancia en la confección de nóminas de todos los trabajadores. Pues bien, no se lo pierdan, este año el Gobierno ha sacado esa orden a finales de marzo, pero con efectos de enero de 2026. No se pueden imaginar lo que burocráticamente eso supone para el autónomo con uno o dos trabajadores, la pequeña y la mediana empresa. Reelaboración de todas las nóminas del mes de marzo y regularización de cotizaciones correctas, eso sí, graciablemente los meses de enero y febrero el Estado lo hace de oficio. Poco comentario merece. ¿Qué tanto tienen qué hacer? ¿Por qué algo tan importante y con tanta incidencia para todos los trabajadores, no se publica antes de que empiece el año? Sencillo, la inoperancia nos tiene arrollados, la ineficacia del aparato administrativo, el traslado al particular directamente o a través de sus asesorías fiscales y laborales de actuaciones que debería hacer la administración, pero que delega más y más y desplaza responsabilidades. Curiosamente, el número de funcionarios no disminuye, pese a ese desplazamiento de trabajo hacia el ciudadano. Es lo que hay y lo peor de todo, que nadie se llame a engaño, esto que estoy contando no tiene color político, pasará igual gobierne quien gobierne, porque la pólvora del rey ahí está.

Juan, que la Santina nos de fuerza para seguir fintando a los molinos de viento.

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