Opinión
Fly me to the moon
El viaje de Artemis II ha llenado pantallas y páginas de prensa, casi sesenta años después del Apolo 11. Poner un pie en la Luna vuelve a ser un objetivo de la humanidad, entendido genéricamente como especie, porque ni usted ni yo vamos a pisar la luna jamás. En esta ocasión, la tecnología nos ha mostrado imágenes inéditas del espacio, de la vida en la nave; incluso hemos sabido que llevaban inodoro, una notable innovación, aunque parece ser que no funcionó como debía. Ni los millones de dólares invertidos logran que todo sea perfecto en el espacio.
Si Frank Sinatra cantaba Fly me to the moon, en castellano, "Llévame a la Luna", Artemis ha vuelto a ponerla de actualidad. Quizá todos hemos viajado un poco a la Luna estas semanas. Los que ya acumulamos unas cuantas décadas en el DNI recordamos a Jesús Hermida narrando la llegada de aquél americano, Armstrong, acompañado de Aldrin, pisando el suelo lunar.
Christina Koch, la astronauta que se ha hecho famosa por haber arreglado el inodoro de la nave, nos ha dejado alguna reflexión de interés, como la que dice "la tierra es un pequeño disco azul y blanco suspendido en la inmensidad del negro absoluto del espacio, desde allá arriba somos una sola cosa, sin importar de donde vengas"
Personalmente, lo de viajar a la luna nunca me ha seducido, pero un paseo por el espacio tiene que ser fascinante. Pensándolo bien, alejarse de tanto ruido ambiental, de las locuras de los dirigentes mundiales y de las miserias de los líderes cercanos, no estaría nada mal. No sé qué resulta más molesto, si la incompetencia en el mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias, la estafa del peaje de la autopista hacia León o la pretendida negación de la realidad de las decenas de miles de inmigrantes que tratan de buscarse la vida en nuestras ciudades. Ciertamente, como especie, hemos perdido el impresionante monolito con el que Stanley Kubrick representaba la inteligencia y la evolución de la humanidad en la mítica 2001, Odisea en el espacio. Este primer mundo en el que vivimos se aleja cada vez más de la sensatez.
No obstante, seamos positivos; como decían Ilsa Lund y Rick en Casablanca, siempre nos quedará la Luna. La habíamos olvidado un poco, hasta que Artemis II nos la devolvió. Y quizá, aunque solo sea por un instante, nos permita alejarnos del ruido ambiental.
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