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Oscuro

El teatro Palacio Valdés se deja atrapar por uno de los dramas más desasosegantes de Harold Pinter

Tres años antes de hacer mutis por el foro para siempre, el dramaturgo británico Harold Pinter recibió el premio Nobel de Literatura. Para recogerlo, le hicieron echar un discurso. El suyo empezaba recordando una frase que había escrito en 1958: "No hay distinciones absolutas entre lo que es real y lo que no lo es, ni entre lo que es verdadero y lo que es falso. Una cosa no es necesariamente o verdadera o falsa; puede ser a la vez verdadera y falsa." Y luego siguió: "En el drama la verdad es perpetuamente escurridiza". Tres décadas atrás de lo del discurso –en 1971- estrenó "Viejos tiempos", el drama cuya última versión –de Pablo Remón– se presentó antes de anoche en el teatro Palacio Valdés lleno en una noche avilesina supercultural (en Los Canapés había teatro y en el pabellón de La Magdalena la romería de Rodrigo Cuevas). Allí, en "Viejos tiempos", mantiene los dos hilos de su pensamiento –el que empezó cuando Pinter tenía 28 años y el del la última curva del camino–. Pinter escribía turbio, pero esa turbidez era tan clara que llegó a ser transparente.

Deeley y Kate están casados. Esta noche llega Anna a casa. Ahí acaba la realidad. Porque "Viejos tiempos" va de saber que la verdad es tan inasible como un grifo por goteo. En un momento dado queda todo resumido con un "hay cosas que recuerdo que podrían no haber sucedido". Y a este juego se dedican los tres espadachines de "Viejos tiempos": la verdad, como el futuro, ya no es aquello que habían acordado. ¿De verdad que se conocían antes de conocerse esta noche? ¿Será que ya dejaron el mundo y ahora sólo son almas a las puertas del infierno?

La dificultad de Pinter es Pinter, pillarle el tranquillo. El reparto que conforman Marta Belenguer, Ernesto Alterio y Mélida Piñón –los tres bajo la batuta tenebrosa de Beatriz Argüello– siguen la versión de Pablo Remón y defienden el desagüe de realidad que propone Pinter como si fuera chupado. Pero como no lo es y los espectadores avilesinos lo notaron, el equipo artístico salió a hombros de un espectáculo que es como el "Argumentum ornitologicum": "Cierro los ojos y veo". El "Oscuro" del principio de "Viejos tiempos", por ejemplo.

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