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Opinión | Balcón al Muelle

Soluciones y contexto

La aplicación de respuestas proporcionales para atender las necesidades de la industria como pilar de la comarca avilesina

Instalaciones fabriles de Azsa, en San Juan de Nieva.  | MARA VILLAMUZA

Instalaciones fabriles de Azsa, en San Juan de Nieva. | MARA VILLAMUZA

Mientras China innova, Europa regula. Lo advirtió Daniel González, presidente de la Cámara de Comercio de Avilés –en funciones por el proceso electoral en marcha– durante la jornada sobre industria organizada esta semana en la ciudad por el grupo municipal del Partido Popular. La empresas acusan los excesivos marcos regulatorios, los tediosos procesos burocráticos y los vaivenes legislativos en sectores que afrontan en muy poco tiempo profundas transformaciones. El presidente de Asturiana de Zinc, Carlos Navalpotro, lo dejó claro en la misma sesión: el alto coste de la energía recorta sus aspiraciones a crecer pero, además, no les dejan crecer porque no pueden hacer uso de la energía en la medida que precisa la compañía.

Los ejecutivos de la gran industria que opera en la región son tajantes a la hora de advertir que sin una energía competitiva no es posible tener una industria competitiva. Y hablar de estos retos industriales es hablar de retos para la comarca de Avilés, donde se ubican buena parte de las corporaciones consideradas tractoras en la región, y donde el 20% de su empleo está vinculado, precisamente, a esa industria. La realidad actual dista mucho de los 17.000 empleos en la llegada de Ensidesa a este territorio frente a los 7.000 trabajadores actuales de Arcelor, pero ello no implica ceder espacio en la pelea por atraer riqueza y nuevas inversiones.

Siendo la avilesina la segunda área industrial con mayor densidad de Europa, no cabe perderse en el objetivo de captar talento. Avilés tiene mimbres para continuar compitiendo en igualdad de condiciones con otras grandes áreas industriales del país. Su voz ha de escucharse no ya en el Parlamento asturiano, sino más allá del Pajares, y son sus líderes –empresariales y también políticos– quienes han de encabezar ese proceso. La Mesa de la Industria (MICA) inactiva no ayuda en ese objetivo.

Generalmente, los problemas más complejos en organizaciones modernas raramente son los financieros u operativos. Los conflictos que paralizan a los equipos (o territorios en su conjunto) suelen girar alrededor de qué está bien y qué está mal. El recurso más potente para remar en conjunto es el relativismo moral, o una forma de pensar basada en la sensibilidad frente al contexto. Es decir, reconocer que las normas (morales, o para las industrias, la regulación energética) aunque sean importantes deben ajustarse a situaciones, culturas y roles específicos.

La idea de que lo correcto y lo incorrecto dependen del contexto orienta pensar con una lógica más relativa y hace que los grupos (políticos o empresariales) tiendan a ser más colaborativos, y busquen soluciones proporcionales y atentas al contexto, en lugar de soluciones tajantes. Si todo un territorio como la comarca avilesina pone el foco en su potencia industrial, los desacuerdos naturales tenderán a diluirse en la prioridad por una coordinación global para continuar ocupando ese lugar. Cuando se ponen a prueba el "nunca" y el "siempre" surgen oportunidades espectaculares de reconducir discusiones y fijar criterios de validez universal. Fricción no siempre se traduce en hostilidad, lo mismo que flexibilidad no significa romper la integridad de cada cual.

Las organizaciones (empresariales y políticas) más resilientes no son las que intentan imponer certezas rígidas sobre cada asunto, sino las que abren un espacio para el desacuerdo constructivo. El desprecio por las opiniones distintas a las de uno mismo puede desembocar en favoritismos, o en creer que toda una organización o proyecto de conjunto gira alrededor su líder. Bajando al terreno de la comarca industrial avilesina, quizá sea un buen momento para comenzar a desarrollar un cierto relativismo moral en la defensa de este territorio y lograr avanzar así en potenciar sus talentos al tiempo que se abandona el funcionamiento en grupos, no como equipo.

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