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Opinión

Un párroco ejemplar

Don Víctor era un liturgista exquisito

Conocí a Víctor Gainza cuando un grupo de chavales seminaristas coincidimos en las vacaciones de verano en la iglesia parroquial de Santo Tomás de Canterbury, donde ejercíamos de monaguillos en las misas de Don Mateo y a su hermano Don Bernardo, canónigo de Valladolid.

Un verano se nos presentó un muchacho mayor que nosotros, Víctor, quería ser sacerdote y necesitaba aprender latín para entrar en el seminario. Entabló Víctor una relación especial con Don Juan, un sacerdote mayor, excelente confesor y orientador. Después lo volví a encontrar ya como cura en la parroquia de la Virgen de las Mareas, y cuando podía iba a su parroquia con la compañía de mi madre. Don Víctor era un párroco ejemplar. Excelente orador, muy animador de las catequesis y un liturgista exquisito.

También coincidí con Don Víctor en la Facultad de Filología de Oviedo. Su don de gentes con los universitarios le hacían ser muy popular entre los compañeros y compañeras de clase: servicial, ameno y excelente compañero, entonces ejercía de párroco en Pola de Lena. Últimamente, cuando lo veía por Avilés lo encontraba un poco desmejorado, lo que él llevaba con humor y conformidad. Su muerte ha supuesto una sentida pérdida para el barrio popular de Las Mareas y para muchos avilesinos. Descanse en paz.

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