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Opinión

Cada vez aguantamos menos

El verano es sinónimo de vacaciones, playa, montaña y destinos lejanos. Pero también de verbenas populares, ya que la mayoría de municipios suelen celebrar sus fiestas mayores en esta época. Es, por tanto, buen momento para disfrutar, si bien resulta habitual exponerse a ruidos elevados. La música o los fuegos artificiales pueden ser elementos de riesgo, igual que las orquestas y las grandes citas estivales.

Por eso, llama la atención que una plataforma ciudadana haya logrado doblegar el espíritu festivo de toda una ciudad. La decisión del Ayuntamiento de reducir la actividad festiva y musical en el entorno de La Exposición para favorecer la conciliación de los residentes, lejos de lograr agradecimiento se ha encontrado con una nueva demanda: que los feriales se celebren fuera del ‘cogollo’ de la ciudad. O, lo que es lo mismo, ubicarlos en zonas que no interrumpan el descanso de nadie. Es decir, en un páramo, en la estepa, en el desierto, en algún punto de la Antártida, en la lengua de un glaciar en Islandia o en el suelo lunar donde, que se sepa, solo pueden crecer plantas.

Los expertos aconsejan siempre que a mayor distancia de la fuente de ruido, el efecto indeseable sobre la salud es menor porque los decibelios a los que nos exponemos también son menores. Ese es el motivo fundamental por el una no halla explicación a la petición de llevar fuera del ámbito de la ciudad o del barrio, los feriales, la música y la ambientación de citas gastronómicas o culturales.

En Avilés el Festival Intercéltico ha acordado con el Ayuntamiento una reducción de dos días en la programación y una limitación de los horarios y el Festival de la Cerveza se desarrollará esta edición sin música. Pero no es suficiente.

Tampoco es una isla Avilés en este asunto. En el sur de España ha habido denuncias hacia personas que regresaban de una romería "tocando palmas y bailando". Siendo una firme defensora del derecho de todo vecino a que su sueño no se ve alterado a altas horas de la madrugada por factores externos, conviene poner un poco de cordura en este tema. En Madrid, en plenas fiestas de San Isidro, se están acumulando las quejas ya que la música apenas se escucha a pocos metros del escenario. Unos se consideran atados de pies y manos porque el volumen solo puede alcanzar los 89 decibelios a un metro y medio de la fuente de donde emana el sonido mientras otros lamentan que se esté matando la esencia de una ciudad que siempre ha tenido fiestas ruidosas. Lo siento, pero hemos superado los límites de la cordura.

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