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Los bebés de la libertad: autorretrato de la primera generación de la comarca avilesina que nació entre las paredes del hospital San Agustín

El centro hospitalario y esos niños y niñas de entonces cumplen hoy 50 años

Un bebé recién nacido en el Hospital San Agustín de Avilés.

Un bebé recién nacido en el Hospital San Agustín de Avilés. / Mara Villamuza

Pues aquí estamos. Medio siglo ya, que se dice bien pronto. Y afortunados que somos de poder celebrarlo. Hace 50 años que nos estrenamos en este mundo entre las paredes de un hospital San Agustín que también echaba a andar. Nosotros y él hemos ido de la mano en estas cinco décadas creciendo, mejorando, formándonos, modernizándonos y adaptándonos a los nuevos y exigentes tiempos en constante cambio.

Dice la Inteligencia Artificial (IA) –una de las muchas irrupciones, la más reciente, en nuestra vida a las que ha habido que adaptarse en estas cinco décadas– que los nacidos en 1976 somos Generación X pero algo "tardíos", que hemos afrontado la transición analógica –de los teléfonos fijos, los casetes y la televisión de antena, al móvil, la música y las plataformas digitales–, que somos una cohorte demográfica clave y de las más numerosas, que somos independientes, adaptables… En resumen, que somos la generación bisagra que conecta la cultura tradicional con la era digital.

Y más que se podría decir: somos una generación bastante equilibrada y sensata, con los pies en la tierra, conscientes del valor de las cosas y de que nada es gratis, ya que detrás de cada conquista siempre hay una batalla; pero también estamos convencidos de que (casi) todo se puede conseguir en la vida a poco que uno se empeñe y se esfuerce. Con esas coordenadas, las que nos dieron nuestros mayores, hemos crecido y madurado de forma paralela a todo el país.

El San Agustín abría sus puertas y nosotros los ojos en una España, la de 1976, que también se estrenaba en una nueva etapa, la de la libertad y la democracia. Esos bebés llegaban en un momento tan incierto como apasionante e ilusionante, con la ingente tarea por delante de ayudar a construir un país que lo tenía todo por hacer. Los del 76 hemos aportado nuestro grano de arena al periodo más próspero y estable de la historia española, y responsabilidad nuestra sigue siendo mantenerlo, no debemos olvidarlo.

España, Asturias, ciudades y pueblos, barrios enteros se ponían entonces manos a la obra: se abrían nuevos hospitales, consultorios, también escuelas, casas de cultura, centros sociales, institutos… Esos bebés, aquellos que aprendieron mirando la televisión –primero en blanco y negro y luego en color– de los payasos Gaby y Miliki, "La cometa blanca", "La bola de cristal" y el "Barrio Sésamo" de Espinete, volverían a encontrarse un puñado de años después con las carpetas forradas con los pósters de las revistas "Súper pop" y la "Teleindiscreta" en las aulas de EGB, FP, BUP y del COU de toda la comarca avilesina, donde la inmensa mayoría ha echado raíces. Porque la del 76 no es la generación de la llamada "fuga de cerebros", esa vendría luego. La nuestra se quedó, o se fue pero volvió, porque pudo hacerlo.

Todos se siguen, nos seguimos, reencontrando hoy en día en la calle, en el gimnasio, en las tiendas o el centro comercial, en las fiestas… Y por supuesto en el Hospital San Agustín, que siempre ha estado ahí para curarnos, para cuidar de nuestros mayores, para traer al mundo a los hijos. Entre sus paredes muchos hemos empezado a despedir a padres y madres, por supuesto a los abuelos y también a aquellos que ya se fueron demasiado pronto.

Cincuenta años después es inevitable, cada vez más, que nos sigamos cruzando en la sala de espera de urgencias, en los pasillos de las plantas de hospitalización, en las consultas… De acompañantes, de pacientes o también porque es lugar de trabajo de algunos.

Los del 76 somos una generación laboralmente muy variopinta porque tuvimos oportunidades que por supuesto aprovechamos. Nos hicimos médicos, enfermeras, fontaneros, administrativos, albañiles, empresarios, mecánicos, dependientes, soldadores, profesores, ingenieros, operarios, bomberos, policías, guardias civiles, periodistas, ganaderos, pescadores…

Aquí estamos. El balance general, digámoslo, no es malo. El San Agustín es hoy un gran centro sanitario, referencia de todos los que viven en la comarca. Sus bebés del 76, los primeros que llegaron al mundo entre sus paredes, los de la libertad, somos hombres y mujeres en la plenitud de nuestra vida de la que nos queda mucho por disfrutar una vez que hemos hecho ya gran parte de los deberes, aunque aún nos quedan.

Brindemos juntos, por otros 50 años más. Eso sí, el hospital, a cierta edad, cuanto menos lo tengamos que visitar, mejor.

Felicidades.

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