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Ensayar lo inesperado ante la bienal climática de Avilés

La elección de la ciudad como sede del programa que fusiona arte, industria y territorio representa una oportunidad de exhibir las heridas ambientales, ya curadas, del pasado y de proyectar el futuro

Uno de los grandes desafíos de nuestros días es la lucha contra el cambio climático: un reto tecnológico y económico, pero también cultural. Y en este punto la voz del arte, de la creación o de la cultura en general se escuchará al máximo volumen este verano en Avilés. El proyecto de la Bienal Climática es un acierto en sí mismo, pero también un proyecto de ciudad en el sentido de que pone el foco desde la perspectiva local hacia los principales retos que afronta el planeta desde una pequeña ciudad del Norte.

En tiempos de negacionismo climático y de descrédito de las instituciones, presentar Avilés como referente de reinvención, de resiliencia y de superación de las heridas ambientales y sociológicas de la industria del pasado se presenta, a la vez, como un reconocimiento a la apuesta por el conocimiento, la sostenibilidad, la recuperación del patrimonio y la cultura.

Las actividades que desde el próximo 12 de junio se desarrollarán en Avilés tratan de conectar el arte y la arquitectura con proyectos del territorio urbano y rural alineados con políticas verdes europeas. Lo que para unos podría ser la utopía en torno a una emergencia global se transforma en la bienal climática en una forma de explorar las oportunidades del presente y vincularlas al conocimiento científico y técnico de organizaciones y expertos locales para proyectar el futuro..

Cuando arte, industria y territorio se unen, más que un evento lo que conforma es una plataforma de encuentro, un espacio público inspirador y acogedor para que instituciones, comunidades y personas puedan reflexionar y actuar juntas sobre los retos de la sociedad contemporánea. Ensayar lo inesperado es el planteamiento con el que arranca esta bienal. A Avilés le conviene completar esa transformación inconclusa donde las mejoras realizadas sobre las heridas del pasado resultan todavía suficientes. Es imprescindible la reorganización de los tráficos entre la ciudad y el Puerto, y la construcción de una vía verde (pensando en el viejo tranvía y quizá un carril para bicicletas) entre el casco histórico y la playa de Salinas, además de dar nueva vida (industrial) a las apagadas baterías de coque. La riqueza arquitectónica también debe amoldarse al afianzamiento de nuevas apuestas locales como la cultural y la turística que se plantean de manera asociada.

El impulso del sector de la I+D+i no ha hecho más que aumentar la brecha entre la solidez de la actividad industrial y el pasillo al pasado al que orienta el coqueto casco histórico avilesino.

La vida no se puede entender solo mirando atrás, pues en nuestro presente está la semilla del porvenir. Pero el futuro no aparece por generación espontánea, es el resultado de las acciones. Conviene no ensayar lo inesperado.

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