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Marisol Delgado

Marisol Delgado

Psicóloga

El calor también influye en la salud mental

Aspectos psicológicos relacionados con los efectos meteorológicos adversos

"Heat Wave", ola de calor, cantaba Ella Fitzgerald.

Olas de calor en mayo y en junio, como si ya fuera pleno verano.

Puede que en esos inusuales días se hayan notado más irascibles y con mayor sensación de cansancio. Las olas de calor nos producen un impacto importante que no solo es físico. Nos afectan, y mucho, en cómo pensamos, sentimos y actuamos.

Además de esa irritabilidad, de notar que cualquier cosa nos saca de quicio, el calor extremo está relacionado con problemas de sueño, con sensación de profundo agotamiento, con mayores niveles de estrés, con notorias dificultades de gestión emocional, con menor tolerancia a la frustración, con un aumento de las conductas de agresividad, con una intensificación de los conflictos interpersonales … Sin olvidarnos de cómo empeora nuestra capacidad de atención y de concentración y de cómo nos afecta a la hora de tomar decisiones y en cualquier otra actividad intelectual o cognitiva que queramos llevar a cabo.

Un estudio de las Universidades de Harvard y UCLA analizó durante más de diez años los efectos del calor en el rendimiento de estudiantes de secundaria, llegando a la conclusión –con cero unidades de sorpresa– de que el calor hace más difícil concentrarse, aumenta las distracciones y dificulta focalizar la atención en las tareas. Calcularon que la reducción en el aprendizaje comienza a notarse en torno a los 21 grados, se acelera a partir de los 32 grados y se dispara de forma sustancial por encima de los 38 grados.

Si a esto le añadimos una mayor probabilidad de sufrir deshidratación, de tener un síncope, o, lo que es peor, un golpe de calor, resulta que padecer temperaturas muy elevadas supone un grave riesgo para la salud. Especialmente en las personas mayores y en las más jóvenes.

Infame, pues, que haya quien se tome a broma el excesivo calor en las escuelas.

Y no solo el calor.

Infame que haya quien se tome a broma todo lo que la ciencia nos muestra acerca del cambio climático y de cómo prevenir su impacto.

Les puedo asegurar que esto también provoca, a mí al menos, un incremento extremo de la temperatura, pero por dentro…

Una investigación publicada en la revista Atención Primaria afirma con contundencia empírica como "el cambio climático constituye una de las mayores amenazas de salud pública del siglo XXI, con efectos que trascienden la esfera física e impactan de forma directa en el bienestar psicológico y en la salud mental, especialmente en las poblaciones más vulnerables".

Ecoansiedad (ansiedad persistente relacionada con la crisis climática y sus consecuencias), estrés postraumático o duelo ecológico, son conceptos psicológicos asociados a las pérdidas de vidas humanas y a la degradación ambiental que sequías, incendios, lluvias torrenciales, inundaciones, huracanes, etc., provocan cada vez en mayor medida.

¿Seremos capaces de reaccionar para frenarlo?

Ya ven, tenemos deberes: no caigamos en la desastrosa estrategia del avestruz al estilo de la película "No mires arriba" y hagamos algo. Por supuesto, hagamos algo también a la hora de exigir políticas públicas imprescindibles ante una biodiversidad que proteger y una salud (física y también mental) colectiva e individual que cuidar.

Buen y templado verano tengan ustedes.

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