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Un hermanamiento sin precedentes

Pocas ciudades pueden exhibir unos vínculos tan profundos, constantes y cargados de simbolismo como los que unen a Avilés y San Agustín desde hace más de cuatro siglos

Probablemente no exista otro hermanamiento entre ciudades en el mundo cuya finalidad principal no sea únicamente fortalecer las relaciones entre dos municipios, sino contribuir expresamente a la amistad entre las naciones a las que pertenecen

La concesión del XI Galardón Bernardo de Gálvez a la ciudad de San Agustín, en el estado de Florida, constituye un reconocimiento que trasciende el ámbito local para convertirse en un homenaje a una de las relaciones históricas más singulares y duraderas entre España y los Estados Unidos. Pocas ciudades pueden exhibir unos vínculos tan profundos, constantes y cargados de simbolismo como los que unen a Avilés y San Agustín desde hace más de cuatro siglos.

El pasado 12 de junio, el Teatro Palacio Valdés de Avilés acogió el acto de entrega de este importante galardón, otorgado por la Fundación Consejo España–Estados Unidos. La distinción fue recogida por la alcaldesa de San Agustín, Nancy Sikes-Kline, en presencia de la alcaldesa de Avilés, María Virtudes Monteserín. El premio reconoce la extraordinaria labor de la ciudad floridana en la conservación y difusión del legado histórico compartido entre España y los Estados Unidos, precisamente en el año en que se conmemoran los 250 años de la independencia norteamericana, una gesta a la que España contribuyó de forma decisiva.

Sin embargo, el reconocimiento recibido por San Agustín es también un homenaje a una historia compartida con Avilés, una historia que hunde sus raíces en el siglo XVI y que ha sabido mantenerse viva hasta nuestros días.

James S. Lindsey

James S. Lindsey / R. A. A.

Pedro Menéndez de Avilés y el nacimiento de una ciudad

El origen de esta relación se encuentra en la figura del adelantado Pedro Menéndez de Avilés, uno de los grandes marinos españoles del siglo XVI y fundador de la ciudad de San Agustín de la Florida. En agosto de 1565, Menéndez ordenó al capitán Diego Flórez Valdés, natural de Las Morteras de Somiedo, que desembarcara en una amplia bahía situada entre la desembocadura de dos ríos, el que posteriormente recibiría el nombre de Matanzas y el conocido como río del Norte o Tolomato. En aquel lugar existía un importante asentamiento de indígenas timucua, que acogieron amistosamente a los españoles el 28 de agosto, festividad de San Agustín. La misión de Diego Flórez consistía en preparar un asentamiento fortificado para recibir al grueso de la expedición, mientras Pedro Menéndez continuaba navegando hacia el norte para enfrentarse a las fuerzas francesas dirigidas por Jean Ribault, que pretendían establecerse en Florida.

Tras asegurar la región, Menéndez regresó al campamento y el 8 de septiembre de 1565 tomó posesión de aquellas tierras en nombre del rey Felipe II, fundando oficialmente la ciudad de San Agustín. Ese mismo día, el padre Francisco López de Mendoza Grajales celebró la primera misa, acontecimiento que hoy se recuerda en la denominada Misión del Nombre de Dios, donde una gran cruz y un altar perpetúan la memoria de aquel momento fundacional. San Agustín se convirtió así en el asentamiento europeo habitado de forma permanente más antiguo de los actuales Estados Unidos.

Cuatro siglos de vínculos entre Avilés y San Agustín

Desde aquel momento, la ciudad natal del fundador y la ciudad fundada por él mantuvieron una estrecha relación humana y cultural. Numerosos avilesinos se establecieron en San Agustín, donde formaron familias y contribuyeron al desarrollo de la colonia española.

Durante el periodo de dominación británica de Florida, entre 1763 y 1783, la mayoría de los españoles abandonó la ciudad rumbo a Cuba, aunque permaneció una importante comunidad de origen menorquín. Recuperada la soberanía española en 1783, las relaciones se restablecieron y continuaron con normalidad hasta el Tratado Adams-Onís, ratificado en 1821, mediante el cual España cedió Florida a los Estados Unidos. El cambio de soberanía provocó una interrupción temporal de los contactos entre Avilés y San Agustín. Sin embargo, el recuerdo de los orígenes españoles nunca desapareció completamente y, a medida que avanzaba el siglo XIX, comenzó un importante movimiento de recuperación de la historia de la ciudad y de sus raíces hispánicas. Esta recuperación resultó especialmente significativa en un contexto en el que las relaciones entre España y los Estados Unidos se habían deteriorado tras la Guerra de Cuba de 1898, el único enfrentamiento militar directo entre ambas naciones. A pesar de ese enfriamiento diplomático, tanto en Avilés como en San Agustín surgieron personas convencidas de que la historia compartida debía servir para estrechar la amistad entre ambos pueblos y no para alimentar viejos conflictos.

El renacimiento de la amistad

La figura de Pedro Menéndez volvió entonces a ocupar un lugar central. En 1918 comenzaron los contactos para conmemorar el cuarto centenario de su nacimiento y estrechar nuevamente las relaciones entre las dos ciudades. Pero el gran momento llegó en 1924, cuando se cumplían 350 años de la muerte del fundador de San Agustín y sus restos fueron trasladados a un nuevo mausoleo en Avilés. Con motivo de aquella ceremonia se produjo un hecho histórico: por primera vez una delegación oficial de una ciudad norteamericana visitaba institucionalmente una ciudad extranjera. Eran alcaldes Joseph Norman Fogarty, en San Agustín, y José Antonio Rodríguez Fernández-Maribona, en Avilés. El encuentro constituyó un auténtico hito diplomático y cultural.

Detrás de aquella iniciativa destacó especialmente la figura de Ángel Cuesta La Madrid, asturiano de Peñamellera y ciudadano tanto español como estadounidense. Su gran objetivo vital fue contribuir a la reconciliación entre sus dos patrias tras la ruptura provocada por la guerra de 1898. Junto a él desempeñó un papel fundamental el hispanista John B. Stetson, quien defendió el reconocimiento de la cultura española en los Estados Unidos y trabajó incansablemente por el restablecimiento de las relaciones entre ambos países. Aquella visita de 1924 puede considerarse el inicio de una nueva etapa de amistad institucional que nunca más se ha interrumpido.

El hermanamiento oficial

El fortalecimiento de las relaciones culminó con el hermanamiento oficial entre Avilés y San Agustín. El Ayuntamiento de Avilés aprobó por unanimidad esta iniciativa en junio de 1961. Sin embargo, la ciudad americana tardó más de seis años en poder hacer efectiva una decisión similar debido a las dificultades legales existentes. No había precedentes de que una ciudad estadounidense se hermanase oficialmente con una ciudad extranjera. La solución llegó gracias al denominado People to People Program, impulsado por el presidente Dwight D. Eisenhower y aprobado por el Congreso de los Estados Unidos en 1956, con el objetivo de favorecer el entendimiento internacional mediante las relaciones directas entre ciudadanos e instituciones. El 10 de julio de 1967, el comisionado James S. Lindsey presentó ante la City Commission de San Agustín la propuesta de hermanamiento con Avilés.

La iniciativa fue aprobada mediante la Resolución 2018, incluyendo unas palabras que constituyen toda una declaración de principios: "For the purpose of creating goodwill and understanding between people of our great nations". Es decir: "Con el propósito de fomentar la buena voluntad y el entendimiento entre los pueblos de nuestras dos grandes naciones".

Probablemente no exista otro hermanamiento entre ciudades en el mundo cuya finalidad principal no sea únicamente fortalecer las relaciones entre dos municipios, sino contribuir expresamente a la amistad entre las naciones a las que pertenecen. Esa singularidad convierte el vínculo entre Avilés y San Agustín en un caso prácticamente único y otorga a ambas ciudades una responsabilidad histórica de extraordinaria relevancia.

James S. Lindsey y la consolidación de una amistad

El papel desempeñado por James S. Lindsey merece un reconocimiento especial. Fue el primer alcalde de San Agustín que visitó Avilés, en 1963, y el principal impulsor del hermanamiento oficial y redactor de esas palabras decisivas del texto del hermanamiento. Dos años después, en septiembre de 1965, el alcalde avilesino Fernando Suárez del Villar viajó a San Agustín con motivo del IV Centenario de su fundación. Desde entonces, las relaciones institucionales no han dejado de crecer.

En el año 2001, los alcaldes Santiago Rodríguez Vega y Len Weeks renovaron y ampliaron los acuerdos de cooperación suscritos entre ambas ciudades. Fruto de estos compromisos se han desarrollado intercambios de estudiantes, investigadores, músicos y artistas, publicaciones conjuntas, visitas institucionales, celebraciones compartidas y múltiples actividades culturales. Todo ello ha permitido mantener vivo el espíritu que inspiró el hermanamiento de 1967.

El XI Galardón Bernardo de Gálvez

La concesión del XI Galardón Bernardo de Gálvez a San Agustín supone el reconocimiento de décadas de trabajo en favor de la amistad entre España y los Estados Unidos. La Fundación Consejo España–Estados Unidos concede esta distinción a personas e instituciones estadounidenses que han contribuido significativamente a mejorar el conocimiento mutuo y fortalecer las relaciones bilaterales entre ambos países. La elección de San Agustín resulta plenamente coherente con ese objetivo. Su historia es inseparable de la presencia española en Norteamérica y de la figura del avilesino Pedro Menéndez. Pero, al mismo tiempo, el galardón reconoce el esfuerzo realizado durante generaciones por mantener vivos los lazos entre las dos orillas del Atlántico. Los avilesinos también podemos sentirnos partícipes de este reconocimiento, porque la historia de San Agustín es, en gran medida, una parte esencial de nuestra propia historia.

Mirando hacia el futuro

La historia continúa escribiéndose. El próximo año 2027 se cumplirá el sesenta aniversario de la aprobación del hermanamiento por la City Commission de San Agustín. Será una magnífica ocasión para recordar a James S. Lindsey y a los miembros de aquella corporación municipal que hicieron posible un acuerdo sin precedentes. Sesenta años después, aquellas palabras siguen plenamente vigentes: "Con el propósito de fomentar la buena voluntad y el entendimiento entre los pueblos de nuestras dos grandes naciones".

Ese sigue siendo el gran compromiso compartido de Avilés y San Augustín. Un compromiso nacido de la historia, fortalecido por generaciones de ciudadanos y dirigentes de ambas ciudades y proyectado hacia el futuro como un ejemplo de amistad, cooperación y entendimiento entre España y los Estados Unidos. La concesión del XI Galardón Bernardo de Gálvez no hace sino confirmar que aquel sueño compartido continúa vivo y que Avilés y San Augustín siguen siendo, cuatro siglos después de la llegada de Pedro Menéndez a Florida, dos ciudades hermanas llamadas a preservar y transmitir un legado histórico excepcional.

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