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Luanco

Luanco, qué bonito

Un viaje gastronómico sin salir de la mesa en la capital gozoniega

No hay mejor forma de combatir una ola de calor en Asturias que instalarse en el oasis calórico de las Jornadas Gastronómicas del Bonito en Luanco, donde estos días se desata la locura por el rey del Cantábrico. Esta villa marinera, ya de por sí una joya visual, aparca por unos días la calma y se calza las aletas del bonito del norte, que no es un pescado cualquiera; es un tesoro más valioso que los collares de Zapatero.

Durante estas jornadas, los chefs locales se vuelven locos (bendita locura) y ponen de manifiesto que este bocado es más versátil que una navaja suiza. Las cocinas echan humo y el olorcito que inunda el muelle se convierte en una trampa mortal para cualquier dieta.

¿Eres de los clásicos que no se complican la vida? El bonito al ajillo es tu religión: sencillo, jugoso y con ese toque que te alegra el día (y te espanta a los vampiros). Si el día amanece "a la asturiana", un buen marmitako a cuchara te devuelve la vida.

Pero ojo, que en Luanco también se viaja sin salir de la mesa. Los paladares más modernos se rinden ante el tataki de bonito, una delicia vuelta y vuelta que demuestra que la cocina de vanguardia también habla asturiano. Eso sí, el rey indiscutible, el plato que levanta pasiones y provoca ovaciones cerradas, es el sagrado rollo de bonito. Esa masa celestial, cocinada a fuego lento y bañada en su salsa, es lo más parecido a un abrazo gastronómico que convoca a la camaradería. 

P. D. Viene a cuento este halago tras una visita reciente al restaurante El Guernica, con Ramón al pie del cañón y al mando de la carta, acierto garantizado para redondear una jornada perfecta. Buen provecho.

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