Opinión
Hacer las cosas bien o las correctas: otro verano en el Suárez Puerta
El riesgo de decepcionar cuando se promete mucho y no se despejan las incógnitas en un corto espacio de tiempo
Si el príncipe Hamlet hubiera sido un político o un directivo de este siglo, quizás su pregunta hubiera sido: ¿Hacer las cosas bien o hacer las cosas correctas?, esa es la cuestión.
Hacer las cosas bien significa cumplir con una tarea o deber con responsabilidad, honestidad y atención al detalle desde el primer momento. No se trata de buscar la perfección absoluta, sino de dar lo mejor en el momento de la toma de decisión. Dos años después de que caducara la concesión del Román Suárez Puerta continúa sin resolver la situación del estadio municipal, también después de años (más de dos en este caso) de que comenzara a hablarse del traslado de las dependencias de la Policía Local, ubicadas también en el mismo espacio.
En este caso, las partes, tanto desde el gobierno municipal como desde el Real Avilés, que aspira a ser el nuevo concesionario, se habla de que el acuerdo está próximo, de la buena voluntad de uno y otro lado... pero la realidad es que, a punto de comenzar otra temporada, la sensación a pie de calle es que todo sigue igual.
Una frase muy apropiada para este caso es que si las cosas se hacen mal, salen mal. Puede parecer obvio, o una redundancia, pero si viéramos las pocas veces que nos damos cuenta de que la razón por la cual las cosas han salido mal era porque las habíamos hecho mal, nos sorprenderíamos.
Hacer las cosas bien significa hacerlas bien de verdad. Para ello, el orden es un componente fundamental. El orden material, pero también el temporal. Si uno quiere hacer algo bien de verdad, se dedica con todo el empeño a ello, y solo a ello. Es querer hacerlo, y no distraerse con otras cosas, voluntaria o involuntariamente.
¿Cómo queremos que nos salga bien algo si no nos dedicamos a ello? Tal parece haber sucedido en este caso cuando hemos asistido a dos reuniones de urgencia en las últimas semanas en las que todo parece estar en un punto muy similar a cuando la concesión caducó hace dos años.
Hacer las cosas bien es preocuparse por los detalles. Nos disculpamos demasiadas veces, diciendo que ese detalle no hace falta, porque es de poca importancia y que no va a tener ninguna repercusión. Pero sorprende cómo ese hacer las cosas bien genera confianza, una repercusión positiva y permite corregir errores evitables. No es momento de valorar cuál de la partes se ha situado en lado correcto y cuál en el equivocado, pero si de aprovechar para que la decisión final sea la adecuada. Y si es ajustada a las necesidades de ambas partes, el beneficio será doble. Avilés tampoco merece mantener una espera infinita para resolver la situación del Suárez Puerta. Eso no es hacer las cosas bien. Prometer mucho y no aclarar nada, decepciona rápido.
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