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Avilés

El Lazarillo de la ría

Rafael Álvarez, "El Brujo", llena de aplausos y admiración el Niemeyer con un espectáculo que mantiene en cartel desde finales de los ochenta

Rafael Álvarez "El Brujo" antes de ser trovador, fue un actor inigualable. Dejó huella indeleble, por ejemplo, en aquella serie de televisión que filmó Jaime de Armiñán y que se llamó "Juncal" (1989). Y su presencia en el montaje sideral de "La taberna fantástica" (1985) se estudia a todo meter: se juntaron sobre las tablas el dramaturgo Alfonso Sastre, el director de escena Gerardo Malla y el propio "Brujo" como estrella sin parpadeo.

Luego de todo esto vinieron sus trabajos como bululú (actor único, en la tradición clásica). Y fue San Juan. Y fue "El avaro" y San Francisco y el arcipreste de Hita. Fue a finales de los ochenta cuando empezó esta parte de su carrera teatral. Y la empezó con "El Lazarillo", un espectáculo que cocinó Fernando Fernán-Gómez y que le salió tan bien que al poco repitió con "El Pícaro". Antes de anoche, en el teatro del Niemeyer, desveló que hacía "treinta y seis años" que no venía Avilés a ser el pregonero de Toledo, el pícaro del ciego violento… Y cuando lo dijo, se quedó sorprendido y el personal acompañó su sorpresa con aplausos. Porque antes de anoche, "El Brujo" embrujó a los espectadores que llenaron el auditorio -la última sesión del ciclo "Barroco a escena"-. Y a cada paso que el trovador daba sobre un escenario iluminado, la admiración le seguía como si nada. "El Brujo" hace tiempo que conquistó esta comarca -hubo una temporada larga, cuando el Valey era el Valey, que El Brujo visitaba Piedras Blancas todos los años-.

O sea, "El Lazarillo", la historia del pobre que consigue crecer, que lo hace a sangre y fuego… Y "El Brujo", el actor que encuentra su cielo radical en las historias clásicas que, por ser clásicas, hace suyas y, siendo suyas, las entrega a los espectadores que se rompen las manos porque sus cuentos son los que componen el personal que se asombra. Y lo hace echando mano del anónimo, del iluminador de los jesuitas, de las peripecias por los pueblos… Ver al "Brujo" sobre la escena es una experiencia que siempre merece la pena vivir.

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