Opinión
Ganar y convencer
La orfandad de Izquierda Unida en el acuerdo de gobierno de Avilés, donde el diálogo ha quedado relegado a un segundo plano
Para marcar o replantear un terreno antes de construir, se suele limpiar el área de maleza, marcar los límites de la parcela y unir los puntos de los extremos con cordeles o hilos guía. En el acuerdo de gobierno de Avilés que acaba de cumplir tres años, esos hilos guía han comenzado a tensarse de forma cada vez más frecuente. A cuenta del pleito con la empresa del agua y su reclamación millonaria o por la reorganización de la empresa de servicios auxiliares nunca completada. También por el desembarco de la universidad privada o las políticas de vivienda del Principado, insuficientes a ojos de los socios de Izquierda Unida de no ser por el impulso del consejero Ovidio Zapico en esta área.
Desde las filas del PSOE entienden que una fuerza de gobierno que cree que es imposible negociar para buscar el interés público, ha de valorar si su papel dentro del gobierno municipal sigue siendo necesario.
En un momento en que las izquierdas llegan desgastadas tanto en el ámbito nacional como a escala autonómica y local, no queda más que repensar aquellos gobiernos progresistas que se comprometían a renovar la política. Lo discutible ahora es lo conseguido. En medio de las contrariedades globales, Avilés ha logrado posicionarse a la cabeza de la innovación en materiales, en la industria eólica marina y sin tardar mucho en la el vidrio gracias a nuevo horno de Saint-Gobain. Pero no es suficiente. Queda consolidar. Y convencer de que el proyecto de Avilés se basa en fijar empleo industrial, en generar oportunidades para los más jóvenes, y en dar más y mejor seguridad para revertir la sangría demográfica que siempre aparece como telón de fondo.
Ya no se logra el favor de los avilesinos con un nuevo polígono industrial, un campo de césped artificial u otra escuelina. Ahora toca bregar en las distancias cortas. Apurando para acordarse que trabajar con honestidad y transparencia también implica ponerse de acuerdo con otras fuerzas políticas. Como antaño. Nadie pierde su identidad por negociar. Igual que nadie se olvida de la periferia cuando toca construir una gran autopista. El etnocentrismo en política acaba por rechazar la diversidad, crear bandos y olvidar que las minorías también pueden aportar. A la vuelta del verano toca decidir dónde ubicar los hilos guía del acuerdo de gobierno. O la parcela quedará en manos de un único propietario.
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