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Genio y figura

En recuerdo de Paco Sánchez, hombre ocurrente e ingenioso

Con Francisco Sánchez, como no podía ser menos, falla la inferencia deductiva aristotélica. Si, por ejemplo, Antoñete, que nació en la plaza de toros de Las Ventas, fue torero, Paco, que vino al mundo pared con pared con la casa de la Moneda, en Madrid, debería ser rico y tener cuentas en Suiza o Isla Caimán. Pues, no, su vida ha sido un sinvivir entre los escenarios y los estrados, entre el teatro y los pleitos. O sea, entre Lope de Vega y Justiniano. Pero haya sido leyendo la compilada jurisprudencia de éste o Peribáñez y el Comendador de Ocaña, de aquel, el hecho cierto es que Paco Sánchez ha llenado de talento la vida avilesina. O sea, los juzgados, el Ayuntamiento, los periódicos y las tertulias.

Allí donde se escuchaba la voz de Paco siempre había una frase precisa, ocurrente, ingeniosa. Ya no lo tenemos aquí, de cuerpo y espíritu presentes, vivo y dando guerra. La espalda, a veces, le advertía sobre la incontrovertible certeza de que si después de los cincuenta no te duele algo es que estás muerto, recordaba. Y nos decía con ironía que siendo "coreano" no estaba seguro de haber dado la talla.

La cuestión es que ya no hay coreanos. Aquellos años cincuenta, cuando él llegó a Avilés, se han ido con los humos de la fabricona y en cualquier caso las familias que llegaron, como la suya, solo aportaron riqueza, ya fuera en forma de trabajo o de ingenio. Se nos ha ido, con una sonrisa socarrona, el diletante, eximio, ilustrado y culto avilesino. Si como dicen, los muertos vagan por el universo, en él nos veremos. Allí estarán Cueva, Del Río, Paco Iglesias, José Manuel Feito, Eugenio Suárez, Justo Ureña… el Parnasín del Germán que se ha quedado en cuadro. Paco Sánchez, genio y figura.

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