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Mirando pasar la vida
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Blog Mirando pasar la vida - Eduardo Garcia

Eduardo Garcia

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 25
    Diciembre
    2017

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    SOCIEDAD Oviedo

    Feliz año limpio

    2017 se va yendo por los escurrideros del tiempo, cayendo hacia el pasado a paso lento pero uniforme y decidido. Le empuja la inercia de los siglos, a la que el año, tan breve a fin de cuentas, no puede ni quiere imponer resistencia alguna. No va, pues, a detenerse por más que con el dedo tantos le avisen de que vienen miedos pues deja graves asuntos por resolver... Él va a su ritmo, marcado por quien no sabe de prisas ni de pausas.

    No fue un buen año, si hacemos el balance los mortales de esta parte del mundo, la bien alimentada, vestida y calzada, a veces tan mal entretenida, y ahora sumida en cuentas que arrojan ratios de preocupación e incertidumbre, pues el bienestar parece que no alcanza, que no va a dar para todos, por lo que igual hay que seguir con los recortes...

    Este breve presente que nos resta del año viejo que concluye nos muestra un panorama frío como el clima del diciembre postrero que ya prepara el testigo para el joven enero: el repunte del empleo se apoya en la basura, a la hucha de las pensiones ya se le ve el culo, los corruptos siguen bajo palio y a los que piden diálogo para romper España les dan largas, aunque nadie les dice claramente que la patria no se divide pues su unidad e independencia hunden sus raíces en el tiempo, en un hoyo de muchos siglos de historia, excavado por generaciones y generaciones de hombres y mujeres que dejaron la vida en el empeño sin llegar a alcanzar, en tantos casos, más que el pobre título de súbditos de poderes terribles. Ellos no pueden votar pero cuentan en la memoria de la ciudadanía de ahora. La unidad de la nación no entra en el saco de libertades que la democracia nos entrega por el mero hecho de nacer aquí.

    Un individuo, o una colectividad, pueden renunciar a la ciudadanía que tienen. Es obvio y sencillo. Y pueden instalarse en otra nación llevándose lo suyo propio; pero la tierra, el aire y el mar, no son patrimonio de particulares, ni de partes, sino que son territorio de la nación española que sus ciudadanos de hoy deben transmitir a los de mañana y así sucesivamente... Y esto no se dice así de claro siempre. Demasiadas veces se insinúa, se niega el todo, se mantiene abierta la puerta a la parte... Una puerta tanto más grande y de más confuso acceso como pueda interesar a la estrategia partidista de la fuerza política que ocupe la tribuna en cada momento.

    Desde luego, que las cortas luces de este cronista, tantas veces varado en el empeño de llegar al fondo de los pasillos oscuros, dan para entrever graves problemas en la financiación del Estado de las Autonomías. Problemas quizás irresolubles en el marco actual, y a buen seguro enormemente complicados si se plantease el cambio de marco. O al revés, quién sabe... Pero, en cualquier caso, los límites de las posibilidades deben quedar claros y cualquier intento de secesión, fuera de razón y de discurso, pues agravaría una situación ya de por sí grave.

    Se va el año, en fin, sin hacer honor a sus dígitos: no fue un año 10 para el país; más bien al contrario... El viejo sueño de que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley se ha hundido estrepitosamente... En realidad, en el fondo de su corazón la ciudadanía tenía el pálpito, el convencimiento, casi la seguridad, de que eso era más bien una meta, un objetivo lejano, pero la lentitud de la justicia y la impunidad que apunta en los macro procesos de corrupción política e institucional han sido un baño de realidad que nos ha dejado mojada la esperanza, no sé si para siempre...

    Quizás si la nación fuese capaz de empezar a depurar responsabilidades al más alto nivel, si todas las Instituciones del Estado demostrasen voluntad y capacidad para apartar de sus cargos a los corruptos y a quienes les corrompen, los otros grandes problemas de España entrarían en una vía que pudiese llevar a algún tipo de solución. Quizás si no se dejase que la bandera de la lucha contra la corrupción fuese enarbolada y defendida en exclusiva por visionarios y oportunistas colocados en el extremo de la razón política, sino que todas las formaciones, incluso las que cuenten entre sus filas con personajes manchados del hollín de la prevaricación, del sobre y del soborno, del tráfico de influencias, de la deslealtad palmaria, y de tantos etcéteras de trampas y manejos oscuros, la levantasen bien alta, con determinación y credibilidad ganada con los actos de depuración correspondientes, el nuevo año podría traer a este viejo país un tiempo de progreso... Quizás todo podría empezar por limpiar cada uno su casa...   

    Me lo pido para 2018.... Feliz año a todos.

     

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