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Mirando pasar la vida
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Blog Mirando pasar la vida - Eduardo Garcia

Eduardo Garcia

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 14
    Diciembre
    2017

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    SOCIEDAD Oviedo

    Más manadas

    Leíamos de niños, en aquel hermoso y venerado libro donde la historia se mezclaba con el dogma y lo verosímil con lo imposible de creer, aunque nadie lo ponía en duda nunca, que un día, mucho antes del tiempo en que Dios se hiciese hombre, hubo una civilización poderosa en un lejano país llamado Egipto. Los egipcios disfrutaban de una vida confortable y regalada, pues su ejército, poderosísimo, conquistaba los territorios limítrofes, esclavizando a sus pobladores e incorporando sus riquezas a las arcas del imperio. Construían ciudades bellísimas con monumentos impresionantes que eran la admiración del mundo. Ser egipcio, en aquella época, era lo máximo a lo que podía aspirar un mortal... Pero un día, un profeta que defendía a uno de los pueblos sometidos convenció a su dios para que castigara la soberbia de los egipcios y así dispuso que cayeran sobre ellos siete plagas que arruinaron cosechas y ciudades, y mataron a miles de hombres y bestias, sembrando el caos y la desolación en la gran metrópoli...

    Aquí, ahora, en el mundo de nuestro tiempo, tan distante y tan distinto de aquél, y en esta parte del mismo en la que tantos ciudadanos tienen la comida, la sanidad, la educación y la vivienda asegurada, aparte de la posibilidad de acceso a una amplia oferta de cultura y ocio, algún profeta de un dios terrible ha lanzado sobre nuestra civilización una plaga que puede causar más devastación que aquellas siete del tiempo antiguo: la violencia.

    De todos los tipos de violencia, tal vez la más triste, la que más denigra la naturaleza humana, la que más bajo hace caer a quienes la practican, es la violencia de género, la ejercida generalmente del hombre contra la mujer por ser mujer. Y de todos los tipos de violencia de género, quizás la más terrible es el abuso sexual, la perversión del acto del amor convirtiéndolo en sometimiento, amedrentamiento y barbarie, la mutación del guiño del placer en el gesto del miedo... Contaminados por esta plaga maldita, muchos jóvenes en muchos pueblos y ciudades se unen, ahora, y forman manadas de animales que corren las calles en busca de presas propicias, generalmente chicas jóvenes, a veces bebidas o drogadas, o que sencillamente han sustituido los valores que soportaban la moral de sus mayores por nada, o que simplemente pasaban por allí y coincidieron en el camino de los lobos...

    Si. La sociedad tiene que defenderse de estos depredadores que por llevarse un poco de placer malsano van dejando detrás tanto desasosiego, tanto dolor, tanta vergüenza, tanta rabia. La sociedad tiene que juzgarlos y aplicarles la ley en el grado más riguroso que sea posible. Por supuesto.... Pero este cronista ocasional tiene el pálpito de que no es suficiente el miedo al garrote para que los lobos dejen de rondar la cerca. Es necesario cuidar a las presas, enseñarles a defenderse y mostrarles qué caminos no deben transitar nunca solas y de noche. Y, sobre todo, advertirles de que jamás se metan en la madriguera de los lobos, ni lo lleven a ellos a la suya.

    Y hay que educar en valores a los niños y niñas, enseñarles, entre otras muchas cosas, el valor de la contención y de la espera. A lo peor nos hemos olvidado de ese detalle, a lo peor no sabemos explicar que la fruta nunca sabe mejor cruda que madura, que la naturaleza tiene sus tiempos y sus ciclos, y que los seres humanos no somos sobrenaturales.

     

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