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  • Andan las cosas revueltas.

    La cosa está un poco revuelta, y al tiempo preocupante: Cataluña, las pensiones, las licenciaturas exprés y los másteres a la carta, la Justicia, la deuda pública, el precio del petróleo, el escaso gasto en investigación y en I+D+i, el disparatado gasto en una Administración Pública sobredimensionada y redundante ,la Administración paralela para esquivar los controles y colocar a los afines, que es un hallazgo y al tiempo  una mina, el escaso peso de la industria en nuestro PIB, los centros de decisión situados fuera de nuestras fronteras como consecuencia de la toma de control de muchas de nuestras industrias y servicios por parte de inversores foráneos, lo que no está mal, salvo cuando la cosa es exagerada, la sensación de que algo está pasando y de que algo pasará, unido todo a la existencia de una clase política ,de aprovechateguis y amarrateguis en terminología del Sr. M. Rajoy, no invita precisamente al optimismo.

    Para que la cosa deje de estar revuelta tal vez lo mejor sea darle un revolcón, cívico por supuesto, para dejar atrás un período de prosperidad económica, desde la transición hasta ahora, cómo no ha habido otro desde el desarrollismo de los sesenta. Lástima que la prosperidad económica tenga los pies un poco débiles, tanto en lo económico como en lo político y en lo social, y que ahora, a toro pasado, se vean las consecuencias de una Constitución fruto de un consenso extremo, de una ley electoral que prima a determinados territorios, de cesiones por votos en temas sensibles, y en general de falta de grandeza y de altura de miras en aquellos asuntos en donde estas dos cualidades hacían más falta.

    Los pactos son cada vez más difíciles, queda poco por trasferir. La Seguridad Social, la Justicia, el control de fronteras y la Hacienda Pública son los bocados más gordos en el caso de Cataluña, lo mismo en el País Vasco salvo lo de la Hacienda Pública, que ya la tienen, y Prisiones que no tienen. La pregunta es ¿pueden transferirse estas competencias? El Estado se ha definido como un poder de coacción, que ejerce el monopolio de la fuerza. Teniendo la Justicia, la Policía Autonómica, la Hacienda Pública, el control de fronteras y las cárceles, habría que definir muy bien lo del poder de coacción y lo del monopolio de la fuerza, que pueden quedar temblando, lo mismo que el Estado objeto de ese tratamiento anoréxico.

    Lo del Sr. Quim Torra ha sido un regalo de los dioses, no se presenta un personaje así cualquier día, ni cualquier década. Es un hecho muy singular que un hombre salido de las cavernas de la historia tenga el protagonismo político del personaje citado anteriormente. Durará un poco más o un poco menos, pero está destinado a volver de donde salió, o a un sitio parecido. El PdeCat no puede permitirse un ridículo nacional e internacional cómo el que está padeciendo. La opinión pública española, europea e internacional ya tiene un pin pan pun con el que pasar un buen rato. La cabra tira al monte y, previsiblemente, este buen Sr. la volverá a armar, pero sí la arma siendo Presidente de la Generalidad tal vez sea lo último que haga antes de pasar al baúl de los recuerdos. Se ve que el surrealismo daliniano tiene continuadores.

    En todo caso hay que suponer que una vez que el PNV ha conseguido, vía votos para aprobar los presupuestos, sus objetivos políticos y económicos, tengamos una breve tregua que permita al Sr. M. Rajoy continuar un año más, que parece ser el objetivo, a saber porqué, que persigue con tanto empeño. En menos de un año vuelve la burra al trigo, pero queda poco grano y con la paja ya no se contentan. Veremos y tal vez votaremos.

     

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