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  • Arriba y abajo.

    Hace algunos años una serie, con ese mismo título, relataba la vida en una casa perteneciente a la alta burguesía inglesa, en donde arriba estaban los dueños del cotarro y abajo el personal necesario para que todo marchara según lo previsto. Nada nuevo, pero todo con esa ambientación y ese virtuosismo de la puesta en escena made in britain.

    Hace poco tiempo el referéndum colombiano, el Brexit y la elección de Mr.Trump pusieron patas arriba todas los augurios hechos sobre esas materias, y ahora la elección del Sr. Sánchez, como Secretario General del PSOE, ha vuelto a poner de manifiesto que algo se mueve, y que a veces las cosas no marchan tal y como estaban previstas. En la serie de marras todo iba como un reloj, pero, claro está, estábamos en el comienzo del siglo pasado, e internet, las redes sociales y la sociedad de la información caían un poco lejos, y todo era un mucho más previsible.

    Algo muy sencillo, como es el acercarse a una urna para introducir en ella un papel escrito, tiene una fuerza arrolladora, y la percepción de que ese pequeño esfuerzo merece la pena, parece que ha calado en buena parte de quienes están llamados a ejercer el derecho a votar. Mantener o cambiar son posibilidades abiertas, y además están al alcance de la mano.

    Las víctimas de la violencia en Colombia, y las que se sienten víctimas de la globalización, de la emigración, de la robotización, de la digitalización, de la desigualdad, de las élites extractivas, y, en general, del establishment han votado, y muchas de forma distinta a como se esperaba de ellas, tal vez en contra de sus intereses, y la han armado. En Colombia se arregló, con una segunda oportunidad, que no ha habido ni en Gran Bretaña ni en USA.

    Aquí ha habido otra sorpresa. Un líder, objeto de diversas chanzas por su anunciada road movie, ha sabido conectar con las bases de su partido, que, al parecer, se encuentran muy lejos de buena parte de la dirigencia, y especialmente de la que se sentaba en las primeras filas de los mítines de sus rivales, y, por mayoría absoluta de los votos de los militantes, se ha hecho con el poder. Al parecer las bases han preferido no hacer seguidismo de los que parecen estar arriba, y los que parecen estar abajo han votado a un dirigente que dice que contará con ellos, y que el partido les pertenece. Continuará, aunque la historia suele ser muy esquiva y el centralismo democrático es una realidad, que suele imponerse más pronto que tarde.

    En dos experiencias relativamente recientes, Borrell vs Almunia   y Zapatero vs Bono, también hubo sorpresas, cosa que parece ser inherente a los procesos participativos del PSOE. Con una participación del 80% del censo electoral, como la que ha habido ahora, puede pasar de todo, según dicen los sociólogos electorales una participación tal alta suele indicar aires de cambio.

    Lo que parece es que, visto lo visto, el sistema de primarias tiene difícil continuidad. Sorpresas las justas, y un sistema de elección mediante compromisarios es lo más trillado. El dedazo no esta bien visto y lo de los compromisarios es muy aparente, un poco más latoso que el dedazo, pero, aunque tiene algunos costes, da pocas sorpresas, sí se hace bien        

    La socialdemocracia ha alcanzado en gran medida sus objetivos, y hoy en día, salvo por parte de los irreductibles que abundan más de lo deseable, no se ponen en cuestión los logros del estado de bienestar. Por ello la socialdemocracia tiene que reinventarse para conectar con una sociedad en proceso de cambio, en donde la globalización, la robotización y la digitalización han llegado para quedarse y para cambiar muchas cosas. Las viejas recetas y los lemas ya sabidos no enganchan más que a los ya enganchados, y con esa masa crítica no se pueden abordar los retos del presente y del futuro. Lo de no echar vino nuevo en odres viejos sigue teniendo vigencia, pero ahora la cuestión es encontrar los odres nuevos lo antes posible.

     

     

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