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  • Comienzo de 2019.

    Quién da más? Subida de las pensiones superior a la inflación, plan de empleo público generoso, jubilación de policías locales a los 60 años, jubilaciones y prejubilaciones en la minería que continúa tal cual, aumento de sueldos en el sector público también superior a la inflación y más y más gasto público en un momento en que se alcanzan las 19 millones de afiliados a la Seguridad Social, pero en donde los problemas de fondo continúan: bajos salarios, economía centrada en sectores poco productivos, escaso gasto en investigación, déficit público elevado y deuda pública también elevada. España, para seguir tirando, tiene que emitir, este año, deuda pública por importe del 20% del PIB, y mientras esta sangría no se pare las cosas no irán tan bien cómo sería deseable.

    Menos mal que el Banco Central Europeo (BCE), que es sabio y benevolente, no dará nuevos préstamos sin límite y sin interés, pero no pedirá, a su vencimiento, el reintegro de los concedidos hasta Diciembre de 2018, a nuestro país y a otros muchos, para defender el euro. Cuando venzan los plazos ahí se quedan a la espera de tiempos mejores. ¿Qué hubiéramos hecho sin el BCE?

    El petróleo también echa una mano para que las cosas no se desboquen. Los misterios que rodean la formación de este precio han sido, en este momento, propicios y hay que esperar que duren. La volatilidad de este mercado es proverbial y nunca se sabe sí los árabes se han levantado con el pie cambiado, sí los rusos tienen mal día, o sí los americanos y los iraníes han fumado la pipa de la paz; posiblemente la formación de precios en ese mercado no se haga con elementos muy distintos a los señalados.

    Bueno, ya estamos homologados con nuestros socios de la Unión Europea en un asunto más: tenemos nuestro partido de extrema derecha. El cansancio, para muchos, de los actuales partidos, su falta de respuesta para resolver problemas, la corrupción, la emigración, la clase media menguante, los separatismos, la creciente desigualdad social y, en suma, el cansancio ante lo que vemos, y lo que no vemos pero percibimos, ha provocado esta salida que pretende, aunque al cocer todo mengua, cargarse nuestro estado de bienestar. Es un lugar común que los electores no leen los programas electorales, y hacen bien: no se saca nada en limpio.

    Bajar el impuesto sobre la renta, hasta tributar un 30% los primeros sesenta mil euros y un 20% a partir de ahí es la monda lironda: supone liquidar la progresividad de este impuesto. Pero la cosa no para ahí, el impuesto de sociedades bajaría también espectacularmente. Los ciudadanos tendríamos un poco más de dinero en nuestros bolsillos, algunos muchísimo más, pero habría que ahorrarlo, y no alcanzaría, llegado el caso. Ya se sabe “que la suerte que es grela”, cómo dice el tango Yira, puede tocarte con su varita y entonces te acordarás de la progresividad de los impuestos y de alguien más de su familia. Por supuesto un sistema de pensiones distinto se venderá muy bien sobre la base de la libertad, bonita palabra, y el ahorro individual también muy deseable. La libertad de elección en temas sanitarios y los seguros individuales, con una buena campaña de prensa quedan también muy aseados. El cheque escolar aparecerá cuando menos se le espere y ya tenemos sanidad, educación y pensiones más que trabajadas y preparadas para su venta al mayor y al detalle.

    De momento se están liando, según dicen, por temas relacionados con la protección de la mujer, pero la sangre no llegará al rio. Por un quítame allá esas pajas no van a perder un botín de aquí te espero. De modo que habrá arreglo seguro, con todos muy satisfechos y a colocarse.

    A los partidos, digamos clásicos, les queda trabajo por delante. Errores como el chalé de Galapagar, y los FALCON y AIRBUS pasan factura, cómo se verá, y corregir esos caprichos de nuevo ricos ya no es fácil. Resulta sorprendente que la montaña de asesores no haga bien su trabajo, o que la soberbia y la vanidad resulten más fuertes que un buen consejo.

     

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