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  • Cosas que pasan.

    Están pasando muchas cosas y, como se dice, ojalá que sean para bien. Las renuncias de un Papa no son frecuentes, ha habido siete, desde Clemente I (año 97) hasta Benedicto XVI (2013), y las abdicaciones de reyes tampoco, aunque abundan algo más, se cuentan ocho desde Carlos V (1555) hasta Juan Carlos I (2014).Lo que ocurre es que en un año han coincidido un Papa y un rey, lo que no está nada mal. Hay que destacar que aunque las motivaciones oficiales sean las mismas, la salud, las oficiosas ya no coinciden tanto.

    Nadie duda de las cualidades intelectuales de Benedicto XVI pero, a su juicio, no tenía las fuerzas suficientes para desempeñar el cargo, tal y como él consideraba que debía hacerlo. El caso de Juan Carlos I no es igual; la salud tampoco era su fuerte, y aunque nadie le niega su visión de la jugada, tampoco nadie lo considera un intelectual. Al parecer, y según se ha publicado, una comisión formada por el ex Presidente Felipe González, el general Sanz Roldán, en aquel momento Director del CNI, y Rafael Spottorno, entonces jefe de la Casa del Rey, visitaron al monarca, y le expusieron la conveniencia de su abdicación.

    Tampoco es normal que un miembro de un club, que ha aportado considerables ventajas a todos sus socios, decida abandonarlo. Todo hace suponer que ese abandono será matizado y que habrá una Europa de varias velocidades: una velocidad será para quienes quieren una suerte de federación, o confederación, como muchos países de la zona euro, otra velocidad será para quienes no pueden integrarse, bien porque que no lo deseen o bien porque no alcancen la nota exigible, como son los países que no pertenecen al euro. Además estará una zona de libre cambio, el Espacio Económico Europeo (EEE), con alguna cosa más que ese librecambismo, en la que se incluyen Suiza o Noruega, que tienen una peculiar relación con los miembros de la Unión Europea (UE). Todo hace suponer que el Reino Unido se unirá, en lo esencial, a estos dos países, con lo que su marcha de la UE será con anestesia y a la carta, en una especie de divorcio amistoso. Naturalmente lo que hagan Escocia e Irlanda del Norte, por aquello de que la ocasión la pintan calva, puede alterar este bien pensante esquema, y dar motivo a que aparezca otra velocidad más. Los coches actuales tienen seis marchas, y muchos tienen cambio automático.

    En todo caso dos sentimientos primitivos, por lo antiguo, como el miedo y el nacionalismo, reclaman el puesto en la historia que siempre han tenido. Es curioso observar que son las clases sociales con más problemas las que ofrecen mayor resistencia a la globalización, a la libre circulación de personas, y en general a los cambios, al sentirse como las más perjudicadas, cuando no existe pleno empleo y cuando las prestaciones sociales se reducen. La opinión que expresan, es que los que toman las decisiones que les incumben, en este caso los burócratas de Bruselas, no están afectados de forma directa por ellas. Es revelador que el Brexit triunfó entre los mayores, entre las personas con menos ingresos y entre los menos instruidos. Es decir entre las más que probables víctimas de los recortes sociales, que cuando vienen mal dadas vuelven a la tribu; con un poco de demagogia puede decirse que otros no vuelven, y se van Panamá.

    En nuestro caso la UE está ahí, al acecho, esperando con el cuchillo de los recortes entre los dientes al nuevo Gobierno que, sí o sí, tendrá que hacer un brutal ajuste del gasto. La carta del presidente en funciones, Sr. Rajoy, al presidente de la Comisión, Sr. Junkers, es, en ese sentido, paradigmática. La deuda no puede aumentar y el déficit tiene que disminuir, y no tenemos la opción de amenazar con irnos; a lo mejor nos toman la palabra.

     

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