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  • De bilingüismos y cooficialidades.

    Ciudadanos ha anunciado su intención de presentar una proposición para modificar el Estatuto Básico del Empleado Público, en el sentido de que en lugar de ser un requisito el conocimiento del idioma propio, en aquellas Comunidades que tengan reconocida una lengua cooficial, para optar a plazas de empleo público, dicho conocimiento pase a ser un mérito. Suena bien pero, siempre hay algún pero, sí los meritos fuesen lo suficientemente importantes serían decisivos, y estaríamos cómo estábamos. En algunos casos, sí no hubiese aspirantes vernáculos, o sí los que hubiese no superasen la nota de corte, la cosa funcionaría. Cómo quien hizo la ley hizo la trampa, de prosperar la propuesta, lo que está por ver, tendríamos ocasión de conocer virtuosismos legales para convertirla en papel mojado.

    D. Emmanuel Macron lo tiene claro, para Córcega y para todo quisqui: bilingüismo sí, cooficialidad no y vive La République. Aquí, en nuestra Asturias del alma, ya sin fondos mineros, salvo los destinados a nuestro PER, que son las prejubilaciones, y con un proceso de descarbonificación en marcha que, previsiblemente, aumentará el precio de la electricidad, y obligará a seguir con eso de la interrumpibilidad para mantener un precio competitivo para nuestras industrias electrointensivas- la interrumpibilidad, cómo se sabe, es un tecnicismo que consiste en disminuir el precio del KW.H, para determinadas industrias, a cambio de poder cortarles el suministro, si fuese necesario, para atender a los restantes consumidores. Por otra parte esta hipótesis es difícil que se produzca debido al exceso de capacidad de generación eléctrica instalada- Es decir, amenazas para la industria y la generación eléctrica, y naturalmente para el empleo, sí no se anda fino.

    En fin, que con todo eso, con una demografía preocupante, con una tasa de actividad por los suelos, con un gasto público autonómico elevado y difícil de financiar, y con todas las demás características de una región en declive, surge de nuevo el tema de la cooficialidad del asturiano.

    Como ya nada es lo que era, o lo que debiera, la, al menos teóricamente, izquierda y no toda, se alinea con la cooficialidad y la derecha y el centro no, aunque en la época de D. Sergio Marqués no fuera así la cosa. Pero ya se sabe que, como los votos mandan, lo blanco se convierte en negro o viceversa, con absoluta naturalidad.

    La izquierda, o parte de ella, que tiene por principios el internacionalismo y la defensa de los desfavorecidos, promueve, en una región con graves problemas de financiación, la cooficialidad de una lengua de uso francamente minoritario, que consumirá recursos públicos escasos, y también, posiblemente, tiempo de estudio de otros idiomas. Aquellos que tengan posibles los conocerán, y su ventaja, en un mundo competitivo, no sólo se mantendría si no que aumentará. El ascensor social ya funciona con mucha dificultad, y ponerle palos en las ruedas a la movilidad social casa muy mal con los principios éticos e internacionalistas que se dicen defender. ¿Serán los votos?

    Fueron los votos los que hicieron que en su día, el PP, promulgara la Ley 1/1998, de 23 de marzo, de uso y promoción del bable/asturiano, antesala de la situación actual. Los votos dan, los votos quitan y ellos, al fin y a la postre, son los que mandan. Pero eso sí, votos informados que sepan que nada es gratis, y que también sepan de donde saldrán los muchos millones que se necesitan para la cooficialidad, básicamente en forma de una legión de nuevos empleos públicos que no generan riqueza, y que consumirán recursos que no podrán tener un uso alternativo. No cabe pensar que el inglés, cómo primera lengua extranjera, y el francés, el alemán o el chino, como segunda lengua, sean los paganinis de la cooficialidad en la enseñanza. Y en caso de que tenga que ser así, el presupuesto, el tiempo de los escolares y la cartera de sus progenitores mandan, que se sepa.

    Abandonar el asturiano no es una opción deseable, pero una cosa es el bilingüismo, y el estudio y promoción de la cultura propia, y otra muy distinta, Macron dixit, la cooficialidad, y lo que eso representa. Ejemplos los tenemos muy a mano para que nadie se llame andana, pero, afortunadamente estamos en un régimen democrático, los votos de los asturianos decidirán.

     

     

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