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  • Habemus Gobierno.

    En 2016 dimitió como Secretario General del PSOE, renunciando más tarde a su acta de Diputado. En medio de chanzas y chirigotas anunció que emprendería la tarea de recorrer, en automóvil, los caminos de España, llevando el mensaje de que otorgaría a los militantes un papel preponderante en la dirección del Partido. En esta road movie, por cuyo resultado nadie daba un duro, se vio acompañado por un grupo de incondicionales, que no lo abandonaron en esos momentos de aflicción.              .

    Cómo se comprobó más tarde esta buena nueva caló en la bases del Partido, y las cañas se tornaron lanzas cuando, contra todo pronóstico, derrotó en junio de 2017, por mayoría absoluta, a Susana Díaz y a Patxi López en las elecciones para ocupar la Secretaría General de su Partido.

    Ahora, en 2018, volvió a sorprender a propios y extraños ganando una moción de censura, para ser el primero que lo logra y para ser el primer Presidente del Gobierno que no es Diputado, por cierto sin ganar ninguna de las elecciones a las que concurrió. En tres años nuestro actual Presidente pasó, en política, de la nada al todo, dejando por el camino a Susana Díaz y a Mariano Rajoy.

    Algunos políticos nos han legado la frase de que la política hace extraños compañeros de cama, y la cama aquí y ahora tiene que ser muy amplia. Gobernarán en minoría, muy minoritaria, y a pesar de eso tendrá que hacer cosas, posiblemente no todas las que desearían pero algunas sí tendrán que hacer, apoyándose aquí, allá y si hiciera falta acullá. De su capacidad de gestión sabemos poco, pero de su capacidad política no cabe duda.

    La composición del Gobierno ha traído sorpresas. Tienen muy poco tiempo por delante, y sin duda, cómo debe ser, tendrán una oposición dura, pero pueden al menos, cómo se dice en la moda y en otros ámbitos, marcar tendencia o ser influencers en sus ámbitos de gestión, y en el 2020, o antes sí los hados son favorables, los electores tendrán la palabra y dirán lo que les parece todo lo que ha pasado.

    En esta movida hay una cosa,habitual, que nos retrotrae a costumbres de otras épocas, e incluso siglos, que deberían pasar, de una vez por todas, a la papelera de la historia. El espectáculo de varios miles de personas recogiendo, y preparando su marcha, por el único motivo de que fueron nombrados por los que ahora han dejado de mandar, es muy poco edificante y contrario a lo que debe de ser una Administración Pública eficaz, moderna y profesional. Se arguye que los otros también lo hicieron, pero habrá que poner, previo acuerdo, el contador a cero y decidir que puestos pueden moverse, que deberían ser la excepción muy excepcional, por la simple iniciativa de los que llegan. Esto da para mucho, pero profesionalizar el sector público, para evitar espectáculos, que, en el fondo, degradan a la Administración, es una tarea que, lamentablemente, nadie se decide a emprender.

    Otro espectáculo, también muy poco edificante, son las cesantías que perciben determinados ex altos cargos, que tienen poco que ver con lo que, de acuerdo con las leyes de la Seguridad Social y de las Mutualidades Administrativas, perciben el común de los mortales cuando pierden su empleo. Las normativas específicas sobre pensiones y cesantías, elaboradas por quienes van a disfrutarlas, deberían desaparecer, para que a nuestros políticos se le aplicasen las mismas normas que al pueblo soberano. Las diferencias de sueldos son lógicas, pero las diferencias normativas son ilógicas. Está un poco feo que quienes elaboran las leyes se las apliquen pro domo sua, y ya se sabe, nulla ethica sine aesthetica. Pero en este terreno las esperanzas no pasan de ser una vez más eso, esperanzas.

     

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