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  • Liberalismo a tiempo parcial.

     

    En esta vida acelerada que lleva lo de la política han aparecido, o reaparecido, figuras, sobradamente conocidas, para hacernos llegar la buena nueva del liberalismo económico, que poco tiene que ver con el liberalismo salido de las Cortes de Cádiz, que es una manera de ver la vida y también un estilo de vivir. Liberal es una palabra española mezcla de libertad, igualdad, solidaridad y justicia, que son los principios de la Constitución de 1812, hija de su época, que por cierto. y que por orden de antigüedad, fue la tercera del mundo después de la de los EE.UU de América de 1787 y de la Constitución francesa de 1791.

    Llama la atención que un buen número de los postulantes del liberalismo, económico por supuesto, tienen buena parte de sus intereses en el sector público, al que suelen denostar por los múltiples defectos que tiene -sí lo sabrán ellos que contribuyen a los mismos y los aprovechan pro domo súa- pero que no suelen abandonar, ni ellos ni sus allegados, a pesar de las muchas taras que tiene el sector, y entre las cuales está su incapacidad para defenderse, tal vez porque tiene garantizada, veremos hasta cuando, su supervivencia. El liberalismo a partir de las tres de la tarde, antes no suele aparecer de forma visible, permite, valga la expresión, poner una vela a Dios y otra al diablo, y ya se sabe lo listo y astuto que es el diablo.

    El asunto Cifuentes ha permitido que llegara al gran público lo de la compra-venta de másteres y títulos, así cómo esa especie de colaboración público-privada que son los Institutos dentro de la Universidad, en donde los del Instituto, o chiringuito, juegan en lo cuasi privado y la Universidad en lo público. Por supuesto el chiringuito, cómo la banca, nunca pierde y sí alguien desea mejorar su currículum, o incluso hacerlo, ya sabe el itinerario: o contactos y/o dinero y las paredes del lugar destinado a lucir estas cosas tendrán el aspecto adecuado.

    Además de los Institutos están también los Centros privados adscritos a una Universidad Pública, que son algo así cómo su marca blanca, aunque no por lo barato, y en donde es posible aprobar doce asignaturas entre junio y septiembre, cuando se tenían antecedentes, muy abundantes y no demasiado buenos, en la universidad pública. Bueno, esto da argumentos a quienes mantienen, ya se ve que con razón, que la productividad en el sector privado supera a la del sector público, y por ello también hay quienes tiran de Instituto a las primeras, o a las últimas, para labrarse un currículum aseado.

    Esto de los Institutos y los Centros privados adscritos son un paso más avanzado de lo ya conocido que es ser público hasta las tres y privado a partir de ahí. No hay que esperar a las tres, ya que los criterios de cambio no son horarios, se puede pasar de lo público a lo privado, o viceversa, a cualquier hora del día, se trata simplemente de un cambio de aula, o de lugar. Vamos avanzando.

    D. Pedro Duque, Ministro de Universidades, tiene un buen panorama por delante. Hasta ahora sus apariciones públicas han sido escasas, y eso es ser prudente. Podrá hacer poco por falta de medios, y tal vez de apoyos, pero tendrá que intentarlo. Poner al país en órbita es un buen programa, y volar alto un buen deseo que tal vez sea de difícil ejecución, pero algo debería de hacer para evitar estas situaciones, impropias de un país moderno, y propias de un sistema caciquil que en otras muchas cosas ya hemos abandonado, afortunadamente.

     

     

     

     

     

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