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  • Lo que hay.

    Las actuaciones de nuestro actual Gobierno no dejan de dar la razón a quienes las criticaron antes de conocerlas. Es más de lo ya sobradamente conocido, que, en grandes rasgos, se basa en una mayor necesidad de recaudación para gastar más en determinados programas, pasando de largo sobre la opción de conseguir esos recursos eliminando, entre otras muchas cosas, las administraciones redundantes, como son las administraciones paralelas creadas para saltarse los controles de la administración clásica, las Diputaciones Provinciales y los Ayuntamientos que no cumplen función alguna. En fin una pequeña revolución que ni quiere, ni puede realizar el Gobierno actual.

    Además de la revolución administrativa hay otras muchas pendientes como la educativa, la de las pensiones y la energética, entre otras, pero no hay ganas de hincarle el diente a ninguna, es mejor subir la presión fiscal y/o esperar que un posible incremento del PIB aumente la recaudación, y pueda realizarse el programa electoral, o las ocurrencias, sin coste para el contribuyente.

    En nuestro caso no hay incremento del PIB, y entonces el “donde saca pa tanto como destaca” falla y solamente cabe la reforma para eliminar gasto inútil. Cómo esto no se va a realizar, y tampoco debe aumentarse la deuda, lo único viable son más impuestos.

    Este Gobierno nació con muy buena prensa. Pero los problemas a los que tiene que enfrentarse son de aúpa. Separatismo, deslegitimación de las instituciones y crisis económica son las mayores, y cualquiera de ellas sería bastante para ocupar el tiempo de cualquier Gobierno. El tiempo del encantamiento se acabó, y ahora viene la dura realidad: diálogo con quien no quiere dialogar y aumento de impuestos para soportar el gasto prometido o exigido por los socios parlamentarios.

    El prestigio inicial se esfumó, o casi, y algunos bandazos en el tema de la emigración tampoco han contribuido a mantenerlo alto. La secesión de Cataluña, y sus consecuencias, de producirse que no se producirá, son graves y en el ámbito económico gravísimas para ambas partes, y lo que avecina tal vez sea una separación amable e informal, bajo una denominación jurídica que ampare el juntos, pero no revueltos, al que nos aproximamos. Ver, veremos.

    Bueno, ¿y M. Rajoy por donde anda, después de habernos metido en este berenjenal? Pues anda entre Madrid y Sansenxo, después de un traslado exprés de Santa Pola a Madrid, que ha batido un buen número de records en la Administración Pública. Pues sucedió que a M. Rajoy no le venía a cuenta dimitir, y optó por que lo echaran. Él sabrá los motivos de esta decisión, que pueden ser muchos, pero la ha armado. Ha quitado al pueblo la capacidad de decidir, y él decidió por todos, y a lo que se ve no de manera excesivamente afortunada. La Historia, y Barcenas, lo juzgarán, pero de momento la ha liado parda. En fin un verdadero estadista.

    Y para colmo las cifras económicas que no son buenas, agosto ha tenido un incremento del paro de 47.047 personas, que es la mayor subida desde 2011,y se han destruido casi 203.000 empleos, en el peor balance en una década para ese mes.

    En fin, que de peores hemos salido, pero ésta no es buena.

     

     

     

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