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  • Otra vez más.

    De nuevo estamos con el cambio inútil que tantas energías consume para nada, o casi nada. Si acaso para hacer ver que los que llegan, que esa es otra, son más listos que los que se fueron y que con el cambio de organigramas y personas las cosas irán cómo la seda. Luego el tiempo hará ver que, además de gastar más, los cambios de organigramas y personas son más de lo mismo, haciendo bueno el dicho de que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” o el más elegante, a lo lampedusiano, de "cambiar todo para que nada cambie".

    Cambiar por cambiar para colocar a los más afines es un espectáculo que por repetitivo no deja de tener importancia. Revela, al menos, inseguridad amiguismo y partidismo, lo que nos hace ver que no estamos en buenas manos y que las cosas irán igual o peor. Para cuando la profesionalización de la función pública que impida el espectáculo que Ayuntamientos y Autonomías, y el Estado en menor medida, dan cada cuatro años. Lo de las Diputaciones es capítulo aparte, nadie quiere que desaparezcan por ser el “ refugium peccatorum “ de cuanto descolgado anda suelto.

    Por cierto Ciudadanos que hasta hace poco promovía la desaparición de estas Entidades ha cambiado, otra vez más, hacia posiciones más comprensivas con ellas, coincidiendo, por mera casualidad, con que ese partido preside algunas en Castilla León y en Andalucía y coloca, de paso, un puñado de asesores, entre otras, nueve en la de Alicante , casi un equipo de fútbol. Coherencia se llama esa postura que certifica otro viraje más de esa formación, posiblemente el penúltimo. Naturalmente después de pasar, sin despeinarse, en horas veinticuatro de la socialdemocracia al liberalismo, cualquier otro bandazo es posible.

    Nuestros legisladores y nuestro Gobierno si quisieran, que no quieren y tal vez no puedan, profesionalizar nuestra Administración, en el caso de que quisieran y no supieran, tienen modelos de más éxito para inspirarse, cómo en su día se hizo con el de Francia, y que se ha transformado con el paso del tiempo para mal. Pero naturalmente hay que querer y poder, lo que no parece ser el caso.

    Claro está que con los problemas que tiene nuestro país, cómo el económico y el territorial, dedicarse a reformar la Administración tal vez no sea lo prioritario y se entiende, pero el económico y el territorial, que sí son prioritarios tampoco se abordan con decisión. Una deuda pública disparada, que supone casi el 95% del PIB, un déficit previsto del 2,2% del PIB, un paro superior al 14%, una necesidad de fondos de 40.000 millones de euros para ir tirando y un problema territorial muy difícil de resolver son motivos para desanimar al más pintado, y mientras tanto para pasar el rato se juega con el cambio de estructuras administrativas y con la colocación de afines.

    Pero cómo además de lo dicho toda frivolidad tiene su asiento en nuestra Administración, la Comunidad de Madrid, que ha pasado de 11.380 millones de euros de deuda en 2008, a los 33.072 millones que reconoce el Banco de España en 2018, piensa llevar a cabo una rebaja de impuestos, entre ellos el 0,5% del IRPF en el tramo autonómico, con carácter lineal. Es decir que el que ingresa poco ni se va enterar, pero el que gana mucho sí que lo va a notar. Esto supone pervertir la esencia del impuesto sobre la renta, concebido para que quien más gane más aporte, pero nuestros liberales de 8 a 15 son así.

    Y mientras tanto por aquí que pasa. Pues pasa que nuestro Gobierno ha aumentado, no mucho pero ha aumentado su tamaño. Sí esto sirve para que nuestros graves problemas empiecen, solamente empiecen, a solucionarse pues muy bien. Llama la atención la dedicación a la folixia que se ve en la TPA, y en buena parte de nuestra prensa, y la idea de hacer cooficiales al asturiano y al gallego-asturiano, idea, podríamos decir, descabellada que supondría costes importantes y barreras idiomáticas, cuando necesitamos apertura al mundo y a las nuevas tecnologías que están ahí, y cuyo tren no se puede perder. Una cosa es el bilingüismo, que por otra parte no existe en Asturias, y otra cosa es la cooficialidad. Todo lo que vaya en contra de la apertura no es bueno y menos en una región con un millón de habitantes que necesita capitales, tecnología y saber hacer, cosas que en buena parte tendrán que ser foráneas, pero así es la vida. Aquí después de la venta de Telecable, de Hidroeléctrica del Cantábrico, de ALSA y de algunas más no queda más remedio que crecer con capital foráneo, y ponerle barreras no resulta de lo más motivador, hay que ser atractivos, y Asturias de momento lo es. Esperemos un poco de cordura y que no vayamos más allá de favorecer un bilingüismo, por otra inexistente.

     

     

     

     

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