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  • Sobre el automóvil.

    Llama poderosamente la atención la querencia de nuestros amigos alemanes, los de la industria automovilística, por los jueguecitos con los gases. Primero falsean su medición con un software adecuado al caso y, aun no repuestos del asunto, salen ahora con una especie de ensayos clínicos, con primates y con humanos, consistentes en respirar, a pelo, los gases de vehículos diesel para ver su efecto en la salud. Lo anterior, trucar el software, afectaba a todos y ahora esto afecta a unos pocos, para ver sí en un futuro podría afectarnos a todos, sí los ensayos diesen un resultado que los gurús de la industria del automóvil considerasen aceptable, para ellos naturalmente.

    Además de la ética del asunto la estética es también deplorable, por decirlo suavemente. Nuestros socios alemanes deberían de tener un cuidado exquisito con los ensayos de gases respirados a pulmón libre por seres vivos, especialmente humanos. No, por nada.

    Hay un proceso imparable en la industria del automóvil que nos llevará al vehículo eléctrico, total o hibrido, y que cambiará para mejor nuestras vidas y el aire de nuestras ciudades. Tendrán costes, veremos cuantos y sí serán asumibles, pero la lucha contra el cambio climático, en el ámbito del automóvil, ya no es una opción. Naturalmente la electricidad necesaria para recargar tanto vehículo saldrá de algún lado, y sí el cambio consiste en trasladar de sitio la contaminación, haremos un pan como unas tortas. Las energías renovables, el gas y las nucleares de fusión-todavía en estudio- tendrían que ser las que aporten, en un futuro próximo, la mucha electricidad que se precisa para mover el mundo.

    Esto también debería de servir para replantear el modelo de urbanismo. Según tengamos una ciudad -modelo mediterráneo o densa, o modelo anglosajón o difusa- el uso del vehículo privado será menos o más necesario. Las urbanizaciones y los centros comerciales hacen que se use más el vehículo privado, al tiempo que consumen más recursos, que en el modelo de ciudad tradicional europea. Aunque ahora, como todo cambia muy rápidamente, los híper y las grandes tiendas en las afueras creen que ha llegado el momento de volver a las ciudades, y de poner sus instalaciones más próximas a una sociedad que ha cambiado, por eso de las familias monoparentales y del envejecimiento, y que además tiene el comercio electrónico al alcance de la mano. ¿Será menos necesaria la utilización del coche particular y se venderán menos?

    La industria automovilística alemana es muy potente y puede con todo, al menos hasta ahora ha sido así. Supera todos los escándalos y el prestigio, hasta ahora intacto, de sus grandes marcas hace que tener un vehículo premium, aunque sea en el garaje, porque se utilice menos, siga siendo un símbolo de estatus social.

    En este momento la delantera en vehículos eléctricos puros o híbridos es asiática y americana, pero, salvo excepciones, no han alcanzado el prestigio de sus homólogos alemanes, que venden, además de calidad, precisamente eso prestigio. Lo que ocurre es que no deben de abusar de su posición dominante con chapuzas, dicho suavemente, como lo de los gases. No se sabe cuál es el punto de ruptura social, pero haberlo haylo.

    En nuestro país la industria del automóvil es esencial para la economía, supone el 10% del Producto Interior Bruto (PIB), y hace que España sea el segundo fabricante de coches de Europa, sólo por detrás de Alemania, y el octavo del mundo, además del primero de Europa en vehículos industriales, siendo además nuestra principal industria exportadora, con el 17% del total. Estas grandes cifras no ocultan que las condiciones laborales hayan empeorado para mantener una competitividad que, al parecer y como sucede actualmente con casi todo, se basa en la devaluación salarial.

    Aquí no jugamos con gases, jugamos con sueldos a la baja que difícilmente podrán mantener a una administración hipertrofiada, y a una seguridad social y a un estado de bienestar como tenemos en la actualidad. Cómo sigamos así la cosa no pinta nada bien para un futuro inmediato.

    ¿ Son más listos que nosotros los alemanes o los judíos, que innovan y patentan mucho más?Tal vez la respuesta a que se produzcan muchos automóviles, pero ninguno de marca propia, sea que mientras Alemania gasta el 2,8% del PIB en investigación, nuestro país destina a ese fin el 1,19%.El caso de Israel, que invierte el 4,1% de su PIB , es un poco diferente debido a la componente de defensa que tiene ese gasto, aunque hay mucha tecnología de doble uso que acaba repercutiendo en la vida ordinaria. Tal vez la respuesta a esa pregunta sea que son más listos en que gastan más en lo importante, que no es poco.

    Pues habrá que seguir compitiendo en costes, cómo en el caso de la OPEL de Figueruelas. Pero hasta cuanto ¿donde está el límite? ¿Aparecerá algún país, con infraestructuras equivalentes y menores costes, que ocupe el papel que ahora desempeña España en esta industria? Ver veremos.

     

     

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