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Susana Moll Sarasola

Soy cantautora y madre de dos hijos.

Sobre este blog de Sociedad

En este espacio me gustaría tratar temas de diversa índole. Me interesan tantas cosas!


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  • 18
    Junio
    2020

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    SOCIEDAD Oviedo

    Abrir fronteras sin control, una temeridad

    Abrir fronteras sin control, una temeridad

    Hace tiempo que escucho las cuitas entre partidos políticos con cierta distancia. Me duele ver cómo se echan las culpas los unos a los otros en vez de trabajar conjuntamente para que lo acontecido en marzo y abril pasado no vuelva a suceder. Y dudo mucho que se estén tomando las medidas necesarias para la nueva normalidad o como aquí lo llama Torra, el plan de reanudación.

    Por otro lado, frente a las teorías de la conspiración que han cobrado fuerza en estos últimos días prefiero guiarme por el sentido común. Sólo me fío de los hechos. Si no hay pruebas esas teorías son meras fantasías. Material para algún que otro guión cinematográfico.

    Bueno, también me fío de mi intuición y mi intuición me dice que no debemos bajar la guardia. 

    Llamo a mi prima enfermera para ver cómo está la situación en la trinchera.

    —¿Cómo estás, prima?

    —Un poco depre.

    —¿Y eso?

    —Bueno es que en el hospital nos han dicho que nos preparemos, que en octubre es probable que nos vuelvan a confinar.

    —¿Qué?

    —Es muy fuerte. A lo mejor no logro casarme ni el año que viene.

    Mi prima iba a casarse el pasado marzo y tanto ella como su pareja, también enfermera, estuvieron en primera fila luchando contra la Covid-19 y tuvieron que cancelar su boda.

    —Pero entonces, ¿por qué demonios lo abren todo como si ya hubiera pasado?

    —No ha pasado prima.

    Lo comento con algunas madres de mi entorno pero como de costumbre nadie parece escucharme. Hay tantas ganas de verano y de llevar a los niños a distintos cursos y actividades. Mierda, pienso. Creo que voy a empezar a fumar algo de marihuana para no ser tan consciente del peligro. Temo que ahora en verano se lie una buena.

    Recuerdo cómo de niña siempre odié los cursos y actividades de verano. Jugar a tennis me parecía como cazar moscas, el golf y su rollo elitista no me iban para nada y hundí un optimis el primer día de curso de vela, lo volqué, se llenó de agua y tuvieron que venir a rescatarnos. Así que convencí a mi madre para que me dejara quedarme en casa.

    Lo mío ciertamente no eran las actividades de verano, no. Tal vez fueran necesarias en caso de que una no tuviera nada que hacer con su vida pero no era mi caso. Yo siempre estaba ocupada con mis cosas. En realidad sabía que esos cursos eran una manera aparentemente constructiva de librarse por un rato de los niños. Y sigo pensando exactamente lo mismo aunque ahora sea algo más diplomática y trate de entender todos los puntos de vista.     

    Desde luego mis hijos este verano no harán actividades. Tampoco haremos ningún viaje hasta el 2021. En uno o dos años me gustaría visitar Escocia. Tengo la fantasía de que tal vez me enamore de algún escocés y me quede allí por un tiempo. 

    La semana pasada tenía opción de llevar al pequeño al colegio pero rehusé hacerlo. No le dará ataque alguno por estar un poco más en casa o por vivir un verano sin actividades. De hecho, él mismo me dice que desde que empezó el apocalipsis, así se refiere a la pandemia, es más feliz porque le encanta estar en casa. 

    El problema se da si los padres no pueden hacerse cargo o si están hartos de hacerse cargo. Es evidente que es un sobre esfuerzo. Pero la realidad es que, salvo algunas excepciones, la mayoría de niños que conozco están encantados en casa.  

    De hecho, aprender cosas tan útiles como limpiar y cocinar o poner una lavadora también les va bien. Pintar, leer y por qué no Il dolce far niente, una siesta escuchando la serenata que produce la estridulación de los grillos. Parece que nos diera pánico perder un poco de tiempo. Con lo bien que le va al cerebro descansar. Cualquier persona creativa sabe que el cerebro necesita tiempo para colgarse. Así es como nacen las grandes ideas. 

    A medida que la pandemia avanza con más virulencia en otras latitudes vamos conociendo un poco más al Covid-19. El virus traidor, el virus de las mil caras que causa multiplicidad de efectos distintos. 

    Muchos adultos siguen sin curarse después de meses y presentan complicaciones diversas en órganos vitales como el corazón o los pulmones. Algunos sufren de trombos. Otros pierden el gusto y el olfato o presentan problemas cutáneos. La enfermedad y su tratamiento aún encierran muchas incógnitas. Pero que nadie se engañe, no es una simple gripe.

    Aunque a lo largo de la historia se han producido varias pandemias, Sida, Ebola, Sars y Mers, la del coronavirus ha sido la que se ha propagado con más rapidez. Por esta razón estamos ante una crisis global y las medidas que se tomen deben ser también globales. Los países deben cooperar si de verdad quieren ganar la batalla al virus.

    Equiparar esta pandemia a la de la gripe española puede resultar algo extremo. Son otros tiempos pero más que por su letalidad, inferior, es preocupante que se repita el mismo patrón de conducta. Y en aquel entonces se habló de dos oleadas. Y la segunda fue la más letal. En un año, la gripe española dejó un total de entre 20 y 40 millones de fallecidos en todo el mundo.

    Gracias a la ciencia y al estado del bienestar ahora las cifras probablemente serán otras. Digo probablemente porque aún no lo sabemos. Pero en ningún caso podemos permitirnos una segunda oleada. Nuestro personal sanitario está agotado y desmoralizado.

    Así que para evitarlo debe haber coordinación entre los distintos Gobiernos. No puede ser que en algunos paises se pidan pruebas analíticas para la entrada de turistas y en otros no. Las medidas deben ser las mismas en todas partes.

    Estos días todos respirábamos un poco más aliviados al ver el fin del confinamiento y poder retomar nuestros proyectos. Por eso las noticias que llegaron desde China y Alemania han sido un nuevo jarro de agua fría.

    Si en países en los que la mayoría "controla y obedece" hay rebrotes significativos, es cuestión de días que en nuestro picaresco país terminemos enfrentándonos a lo mismo.

    No comprendo la irresponsabilidad de enviar a 11.000 alemanes a Mallorca sin control alguno. Con lo bien que estaban allí hasta ahora. Entiendo que la economía y el sector turístico sean una prioridad pero si no vamos con cuidado tendremos que volver a cerrarlo todo. Y eso, a fin de cuentas, supondrá un coste aún más elevado.

    Las últimas noticias que nos llegan de Pekín y de Alemania deberían ser tenidas en cuenta y no como nos sucedió al inicio de la crisis que parecía que lo que pasaba en China fuera una película que nada tuviera que ver con nosotros. 

    Ya sé que nuestro país vive del turismo y que todos están ansiosos pero el sector no remontará de verdad si vamos a trompicones.

    En mi opinión hay que ir un poco más despacio, haciendo las cosas con cuidado extremo. Y no me vengan con que nos están quitando la libertad. No hay mayor esclavitud que la de caer enfermo.

    La salud de los ciudadanos debe ser la prioridad. Se trata de salir adelante si, pero de una forma sólida y definitiva.

     

     

     

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