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Susana Moll Sarasola

Soy cantautora y madre de dos hijos.

Sobre este blog de Sociedad

En este espacio me gustaría tratar temas de diversa índole. Me interesan tantas cosas!


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  • 16
    Septiembre
    2019

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    SOCIEDAD Oviedo

    Arte urbano o vandalismo

     

    Arte urbano o vandalismo

    Grafiti de Mets.

    Al principio no pensé que tuviera nada de malo. Los colores eran increíbles y pintar siempre me pareció una hermosa forma de estar en el mundo.

    Las tiendas donde se conseguían aquellos sprays eran completamente legales. También vendían libros de arte en los que muchos artistas explicaban su pasado como grafiteros. Gracias, en parte, a ese pasado lograban exponer en museos importantes y ser considerados artistas en mayúsculas.

    Recuerdo que hace poco leí sobre Taps y Moses, un dúo de artistas que asumió el reto de pintar mil grafitis en mil días. Ellos son especialistas en pintar trenes. Escribieron un libro sobre ello y se hicieron famosos.

    En cualquier caso, si te pillan pintando trenes estamos hablando de multas que ascienden a miles de euros. Sin olvidar el riesgo de ser arrollado o de que te den una paliza en una trifulca con el personal de una estación.

    Algunos grafiteros pueden ser adoptados por una crew. Este vocablo anglosajón se traduce como equipo, personal, o tripulación.

    Las crews son bandas organizadas que asumen misiones en grupo. Una misión es el nombre que los grafiteros dan a salir en la noche y pintar. O a viajar durante varios días en tren para pintar en otras ciudades.

    Hay misiones de gran envergadura y riesgo como pintar la Muralla China, la Casa Blanca, grafitear el avión presidencial de Trump o hacer varias piezas sincronizadas en lugares inverosímiles. Proyectos inalcanzables para la mayoría pero que los más osados se lanzan a realizar a pesar de las penas de cárcel que conllevan.

    También existen los lobos solitarios. Gente que va por libre y que no quiere meterse en problemas como el español y veterano Mets para quien pintar es lo verdaderamente importante. Y le da igual hacerlo en la calle o en su casa. Mets disfruta pintando grafiti en diferentes formatos.  

    Obras como la de Frank Shepard Fairey, Obey (hoy día reconocido diseñador gráfico) o de Banski, artista británico cuya identidad, a día de hoy, muchos desconocen. O a su ídolo, Blek le Rat, artista francés cuya famosa “rat” significa “art” en inglés.

    Cualquiera de las obras de estos artistas mueven mucho dinero. Y sus críticas a la sociedad y al gobierno se asumen como algo positivo.

    Aunque no todos logren llegar tan lejos es inevitable que los jóvenes grafiteros vean en el arte urbano una oportunidad de hacer algo grande.

    El problema viene cuando se confunde pintar con liarla. Y es evidente que algunos jóvenes de actitud violenta desacreditan la esencia misma del grafiti.

    No podemos hablar de arte o de acción artística si entramos en el ámbito de lo que sería, cruda y llanamente, delincuencia juvenil; sin mensaje, ni idealismo alguno, sólo ganas de hacerse con el territorio, de marcarlo como un perro.

     

     

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