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Susana Moll Sarasola

Soy cantautora y madre de dos hijos.

Sobre este blog de Sociedad

En este espacio me gustaría tratar temas de diversa índole. Me interesan tantas cosas!


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  • 03
    Julio
    2020

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    SOCIEDAD Oviedo

    Convivir con lo invisible, calcular lo incalculable

     Convivir con lo invisible, calcular lo incalculable

    Qué tiempos más pesados nos ha tocado vivir!

    Al contrario de lo que auguraron los epidemiólogos más optimistas el virus no se ha ido.

    Muchos fueron los que creyeron las teorías de Benito Almirante and company y bajaron la guardia.

    Es peligroso eso de ser científico. Si aciertas, todos te adoran y si te equivocas hay gente que desearía estrangularte.

    Menos mal que descendieron los fallecimientos porque si no a Fernando Simón también se lo hubieran merendado.

    En cambio, el bueno de Simón con esa carita que bien podría ser el padre de Frodo del Señor de los Anillos se ha terminado convirtiendo en un icono Pop.

    En cualquier caso, me alegra ver que desde el Gobierno reconocieron que actuaron tarde. Menos mal, rectificar es de sabios. Dicen que en todo momento siguieron las recomendaciones de la OMS que a su vez también actuó tarde.

    La OMS no creyó que este virus fuera a trascender y por eso tardó en declarar la pandemia. Pero la realidad es que en pocos meses los estragos causados por el Covid-19 han dejado más de medio millón de muertos en el mundo.

    Deberemos convivir con él y, probablemente, por largo tiempo. Convivir con lo invisible, calcular lo incalculable.

    Tomar decisiones incómodas en milésimas de segundo; ir o no ir. 

    Levantarse o quedarse en ese restaurante donde no te sientes del todo cómodo.

    Tomar, el tren, el avión o ¿el coche?

    Me pasó el pasado sábado sin ir más lejos.

    Perdone, ¿pueden bajar el aire? Es que mis hijos tienen frío y como comprenderá no voy a permitir que tras tres meses de confinamiento ahora se me constipen a la primera de cambio.

    No hubo acuerdo y terminamos comiendo las pizzas en casa.

    Cuidado con los aires que con la excusa de la mascarilla y del calor que pasan los camareros ahora los ponen aún más fuerte que antes, que ya era decir.

    Llevar a los niños aquí o allá. Exponerlos y cruzar los dedos para que no lo pillen. Encontrar el punto justo entre protección y obsesión. Es imposible aprobar esta nueva asignatura!

    Pero a veces me pregunto ¿dónde quedaron las buenas intenciones lanzadas desde los balcones? Todo ese amor que como sociedad nos insuflaba tanta energía.

    Por un momento sacamos lo mejor de nosotros mismos y fuimos más humildes. Pero duró poco.

    Los pájaros exóticos (no los había visto nunca) que llegaron a los patios de la ciudad desaparecieron. La urbe vuelve a rugir sucia, pepajosa, contaminada. Las terrazas, llenas de gente dispuesta a olvidar. Algunos vecinos decidieron marcharse y volvieron a sus pueblos.

    Arit comentó que dejaba el piso y se volvía al pueblo con sus padres. Allí no tendría que pagar alquiler.

    A Gabriel lo despidieron de la cafetería en la que trabajaba y decidió cambiar de tercio y marcharse en octubre a Sri Lanka. Dice que no quiere volver a pasar por lo mismo este próximo otoño. Y prefiere que le pille bien lejos. Ojalá logre llegar.

    Lo de los aviones es otro despropósito. Ahí si que nos permiten enlatarnos. Yo no lo entiendo.

    A Miquel, el del ático, le cambió la cara de un día para el otro. Me lo encontré en la entrada arreglando la puerta de la portería. Se quedó sin trabajo y ahora está volcado en hacer pequeños arreglos. Afortunadamente su pareja aún gana algo. Pero iban a tener un hijo y ahora se lo están pensando.

    Eso de salir de esta crisis reforzados y con un mayor compromiso con el medio ambiente sonaba tan bien. Desgraciadamente no era más que un titular políticamente correcto.

    Después del vertido de unas 20.000 toneladas de Gasoil en el Ártico, Putin vuelve a ser reelegido como Presidente de Rusia. Nadie le cuestiona. A pesar de su homofobia, de la más que evidente falta de libertad de expresión, etc. La gente quiere aún ese perfil de tipo duro.

    Y aparecieron todos esos elefantes muertos. Como un mal presagio.

    No aprendimos nada.

    En los últimos días repunte de fallecidos, 19 en las últimas 24 horas.

    Inocentes encuentros y celebraciones que terminan con decenas de contagios.

    Otras no tan inocentes, las Covid Parties de Alabama: el primer contagiado se lleva el premio

    Nuestros jóvenes se comportaron durante el confinamiento pero ahora se han descontrolado. 9.000 botellones en Madrid durante la desescalada.

    Como en aquella película, Que se mueran los feos, ahora titularían sin excesivo dramatismo, Que se mueran los viejos.

    Estuve con alguien que a su vez estuvo con alguien que tal vez… Pensé que no había peligro porque se había hecho un PCR hacía poco pero.... Así que debió coger el virus en este otro lugar donde a su vez estuvo con… 

    Es de locos!

    Aunque me siento algo sola a veces, observaré desde casa cómo la gente intenta vivir en un mundo pandémico y no hace más que chocarse con las paredes de su propia estupidez.

    Las estrechas paredes de los negacionistas que se reafirman al no cumplir con las medidas de prevención. Parece que se sienten realizados. En realidad es sólo una respuesta rebelde y tremendamente irresponsable frente a la incertidumbre. 

    María Adalid, médico de asistencia primaria en Madrid, me explicaba la rabia que le da esa gente que no reconoce lo sucedido. Si hubieran visto lo que hemos pasado en los hospitales y residencias no se atreverían a abrir la boca. Muchos sanitarios aún no nos hemos recuperado del shock.

     

     

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