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Susana Moll Sarasola

Soy cantautora y madre de dos hijos.

Sobre este blog de Sociedad

En este espacio me gustaría tratar temas de diversa índole. Me interesan tantas cosas!


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  • 01
    Abril
    2020

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    SOCIEDAD Oviedo

    La pesadilla se hizo realidad

    La pesadilla se hizo realidad

    En ese momento, cuando llegaban esas horribles imágenes de China de gente desplomándose en plena calle, pensé como muchos piensan aún que el virus se había escapado de un laboratorio de patógenos situado en la ciudad de Wuhan, zona cero de la Pandemia. Ahora sé que me equivocaba. 

    ¿Quiénes hubieran sido capaces de semejante catástrofe? ¿Qué país, grupo de empresas, o qué políticos? Tal vez esos grandes inversores visionarios que planean poblar Marte. También pensé en ellos porque a veces les escuché decir salvajadas tales como que en la Tierra no había sitio para todos. 

    No, esta vez no creo que fuera cosa del hombre. No después de haber leído la opinión de los científicos. En especial el estudio publicado en la revista Nature Medicine.

    “El nuevo tipo de coronavirus parece muy eficiente en su nueva habilidad; los científicos llegaron a la conclusión de que es imposible que la ciencia moderna pueda generar tal monstruosidad”.

    Detrás de algo tan perfecto no podía estar la limitada mano del hombre. Esto era mucho más complejo y por ello su origen tenía que ser la propia naturaleza.

    Tampoco creo que la naturaleza sea una especie de Dios castigador que quiera vengarse del ser humano. Claro que en realidad tendría infinidad de motivos para hacerlo. Menos mal que no entiende de moralidad si no ya se hubiera librado de nosotros hace tiempo.

    Ella arrastra todo lo que se le ponga por delante sin más. Como hizo con los dinosaurios y no precisamente por su mal comportamiento.

    Somos nosotros quienes creemos que por reciclar más o ser mejores personas nos ganaremos su misericordia. Como si fuera una especie de Virgen que nos estuviera observando.

    La naturaleza no nos liberará de esta batalla. Eso tendremos que hacerlo nosotros como hicimos antes con la gripe o el sida, sin ir más lejos. Mediante la investigación. Por fin entendemos porqué esta debería ser una prioridad. 

    Recordemos por un momento a los 35 millones de fallecidos por el virus del sida. Fallecidos a lo largo del 40 años pero fallecidos a fin de cuentas. Y recordemos también la estigmatización a la que muchos de ellos fueron sometidos. 

    Hay virus que probablemente tengan peor prensa que otros y el del sida cayó como un mazazo en la sociedad conservadora. Probablemente porque en su origen la forma de contagio era por vía sexual y eso escandalizó a los más tradicionales. Algunos consideraron incluso que quienes se contagiaban se lo habían buscado y que aquel virus no resultaba un peligro para el mundo decente.

    Durante mucho tiempo se rumoreó que el del sida también fue un virus de laboratorio pero dicha tesis jamás pudo confirmarse. Algunos científicos de la Universidad de Alabama, en Birmingham, rastrearon el virus y confirmaron que procedía de varios primates africanos, entre ellos el chimpacé. Estos primates eran portadores del virus pero no desarrollaban la enfermedad. En cualquier caso se presupone que tuvieron que infectar a muchos hombres para desencadenar la epidemia. 

    Hoy día ya existe medicación para conseguir que un enfermo de sida tenga una vida digna. Al menos en Occidente. Sin embargo, en el África subsahariana aún mueren miles de personas por culpa del virus.  

    Se detiene la actividad económica en todo el mundo. 

    Todos los países tenemos en común que a pesar de las noticias que llegaban desde China el virus nos cogió de imprevisto y con la guardia baja. 

    Covid-19 provoca muchas incógnitas. Sabemos por los científicos chinos que los coronavirus habitan en los murciélagos y que este nuevo coronavirus llegó al humano a través del pangolín.

    Los asiáticos sacrifican y venden estos animales salvajes en sus mercados. Cómo llegó a infectar al hombre aún se está investigando. 

    En cualquier caso, tampoco queda claro qué es mejor, si contagiarse y adquirir la famosa inmunidad de rebaño que proponían países como el Reino Unido, o tratar de esquivarlo.

    Tampoco sabemos a ciencia cierta si una vez pasada la enfermedad quedamos bien inmunizados porque se han producido muchas recaidas. ¿Quiénes reinciden vuelven a ser contagiosos? Muchas son las dudas aún sin resolver. 

    La falta de transparencia de países como China que asegura haber vencido al virus cuando sus crematorios siguen abarrotados de cadáveres dificulta que podamos sacar conclusiones claras.  

    Sabemos que es altamente contagioso y escurridizo y que ha provocado ya decenas de miles de muertes en todo el mundo.

    Tampoco somos aún capaces de calcular el daño que esto supondrá a muchas empresas. Covid 19 ha puesto en jaque a la economía mundial.  

    Nos resistimos a sacrificar a nuestros mayores.

    De entrada, se han puesto en evidencia dos modelos éticos, el de Italia y España que con pocos medios tratan de salvar el máximo de vidas y eligen quién vive o muere por fuerza mayor, y el de países como Holanda que pide a los abuelos que no vayan al hospital para evitar colapsar las unidades de cuidados intensivos. 

    En España concluimos que si no deteniamos la actividad y el transporte en seco las vidas de nuestros seres queridos correrían verdadero peligro. No sólo la de los más mayores. Aunque es cierto que el 85 por ciento de los muertos son mayores de setenta y cinco años, el virus también causa estragos a partir de los cuarenta, en función de la fortaleza del sistema inmune de cada persona. 

    En mi opinión los abuelos nos lo han dado todo y se merecen el mayor de los respetos. Por ellos y por aliviar el colapso sanitario nos hemos visto obligados a parar y a confinarnos en nuestros hogares. No sabemos hasta cuándo, oficialmente hasta mediados de abril aunque yo intuyo que podría alargarse hasta primeros de junio.

    Este virus nos está enseñando lo que es verdaderamente importante.

    Como efecto colateral se están limpiando nuestros cielos, nuestros mares y ríos. Vemos jabalíes por las calles de Barcelona, delfines en algunos puertos, cervatillos correteando por las playas de Huelva, peces en los ahora transparentes canales venecianos. 

    ¿Y si pudiéramos transformar esta desgracia en una oportunidad?

    Mejorar la sanidad, invertir más en ciencia, y aprovechar para limpiar el Planeta apostando por energías renovables. Daríamos un paso de gigante.

    Cada año mueren siete millones de personas sólo por culpa de la polución y a la vez seguimos recibiendo constantes advertencias de los científicos respecto al cambio climático. 

    Tal vez estemos en un momento de una magnitud histórica sin precedentes y tengamos en nuestras manos la oportunidad de construir entre todos un mundo más justo y limpio.

    En estos días viviremos momentos de una dureza descarnada. Perderemos aún a muchos seres queridos de la peor forma, sin poder acompañarlos debidamente. Pero tal vez detrás de todo este dolor haya también algo positivo.

    Lo mejor que tiene nuestro pueblo es el sentido del humor y esas ganas de volcarse a ayudar siempre. 

    La respuesta de la gente ha sido espectacular y me siento orgullosa de mi nación. El aplauso a los sanitarios las 20h es el uno de los momentos más emocionantes del día. 

    Tal vez cambiemos nuestra forma de ver la vida. Y lleguemos a repoblar todos esos pueblos abandonados y dejemos de hacinarnos en las ciudades. O nos replanteemos la industria de nuestro país para ser más autosuficientes. Tal vez incluso todo esto nos haga replantearnos el sentido de pertenecer a una UE egoísta e insolidaria.  

    En cualquier caso, ¿por qué no mejorar? No para evitar ser castigados por nada ni nadie sino por los fallecidos, para que su sacrificio no haya sido en balde. Y por nuestros hijos, para dejarles un proyecto más humano y sostenible.   

     

     

     

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