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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

La frase del escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque todo lector reinterpreta el libro que tiene entre manos, lo hace suyo y le da nueva vida.


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  • 19
    Enero
    2018

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    Cultura libros hábitos de lectura Foenkinos Switf

    La biblioteca del 40 por ciento

     

    “De lo que se trataba no era que nos guste leer o nos deje de gustar, sino más bien de saber cómo hallar el libro que nos corresponde.”

    ¿Podría ser la solución a nuestra escasez lectora? El escritor francés, David Foenkinos, apunta esa posibilidad en su último libro “La biblioteca de los libros rechazados”, una más entre las miles de hipótesis, de ficción o no, que intentan explicar lo que a muchos nos resulta inexplicable. Cualquiera que escriba o que se mueva en el sector del libro, lucha contra la ardua tarea de que su obra sea leída y reconocida por el mayor número de lectores esquivos, perezosos o, simplemente, aburridos. Los que no se molestan en buscar el libro que les corresponde.

    Las cifras oficiales sobre nuestros hábitos lectores en 2017 nos llegaron ayer por parte de la Federación del Gremio de Editores de España.El 57,7 por ciento de los españoles lee libros en su tiempo libre, con una media de 13 libros año, mientras que, en el extremo opuesto, el 40 por ciento no lo hace nunca. La edad, el género, la formación y la ocupación son algunos de los factores que influyen en la lectura, pero la falta de tiempo es el principal motivo para no leer. “El 35 por ciento de los encuestados dijo que no le gusta ni le interesa.”

    Las propias cifras admiten muchas lecturas, pero es evidente la gravedad de ese 40 por ciento que declara no leer nunca. La falta de tiempo suele ser una excusa recurrente que cae por su propio peso cuando contamos el número de bares o vemos las audiencias de televisión. El ocio ahora es audiovisual y leer, con el ejercicio de concentración e introspección que requiere, no apetece frente a la comodidad de ver imágenes desfilando placenteramente ante nuestros ojos, sin buscar más, sin otro esfuerzo.

    “Los lectores siempre se encuentran a sí mismos, de una forma u otra en un libro. Buscamos inconscientemente lo que nos dice algo… ¡Increíble! ¡Ha escrito usted mi vida!”

    Nadie que haya leído alguna vez pondría en duda esta afirmación que aparece en la novela de David Foenkinos. Todo en el entretenido relato  del autor francés está encaminado a analizar las motivaciones de lectores, escritores y editores, en cuyas manos está finalmente sentenciar un libro al éxito o al fracaso. Y todo parte de la romántica iniciativa de un bibliotecario bretón, Jean Pierre Gourvec, que decide albergar en su biblioteca los manuscritos no publicados por las editoriales. “Algunos escritores se cruzaban toda Francia para quitarse encima el fruto de su fracaso.” La iniciativa se convierte en un éxito aún mayor cuando una avispada editora y su marido descubren una obra maestra: “Las últimas horas de una historia de amor”, una novela escrita por Henri Pick, fallecido dos años antes. Pick regentaba, junto a su viuda Madeleine, una pizzería, y según ella nunca leyó un solo libro, ni escribió nada que no fuera la lista de la compra. El misterio que rodea al autor, la posibilidad de que tuviera una vida secreta, provoca el triunfo inmediato de la obra.  La figura de Pick llega a ser más importante que el propio libro.

    Nadie entiende a los escritores, afirma Foenkinos en una curiosa nota al margen, así que cualquiera puede reinterpretar la inacción o los silencios de toda una vida como muestras de un particular carácter poético:

    “Nadie entiende nunca a nadie y, desde luego, nadie entiende a los escritores. Van errabundos por reinos de emociones cojas, y la mayoría de las veces, no se entienden a sí mismos”

    Foenkinos demuestra un evidente amor por los libros y la literatura. El francés insiste especialmente en censurar la valoración del éxito literario, que ejemplifica en el triunfo de Pick, por la forma y no por el fondo. “El texto ya no tiene importancia. Lo que cuenta es dar salida a una única idea potente. Una idea que dé que hablar.” La revolución que provoca la publicación del libro entre lectores y medios de comunicación parte de la intriga que genera el escritor y no de la calidad del manuscrito.

    “Hay quien dice que un flechazo consiste en reconocer un sentimiento que ya llevábamos dentro”, escribe Foenkinos. Del mismo modo, deberíamos reconocer al libro que nos escribe.

    Otro prestigioso autor, esta vez inglés, Graham Swift, publicó recientemente un pequeño y delicioso libro “El Domingo de las Madres”  donde, a partir de una historia de amor imposible, reflexiona sobre los recuerdos, el poder de las palabras y la literatura. La verdad y la mentira en el acto de escribir tienen mucho que ver con el escritor, el lector y el mundo que les rodea. El escritor juega con las palabras, “siempre con la insinuación de que traficas con mentiras”. Pero la tarea de escribir nunca sería otra cosa, según Swift, que “la tarea de llegar a la médula, al meollo, al corazón, al núcleo, al fondo: la empresa de contar la verdad… Ser fiel a la verdadera materia de la vida… Intentar capturar, aunque jamás se logre, la percepción misma de estar vivo”.

    ¿Se podría crear una biblioteca para ese 40 por ciento que jamás toca un libro? Quien no lee nada, nunca, no sabe lo que se pierde porque nunca se molestará en leer para averiguarlo. Y quizá, quien no lee, para evitar el aburrimiento o por falta de tiempo, se esté perdiendo su propia vida.

     

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