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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

La frase del escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque todo lector reinterpreta el libro que tiene entre manos, lo hace suyo y le da nueva vida.


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  • 20
    Junio
    2019

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    Cultura Literatura Madrid novela Galdós Pardo Bazán

    La voz de Galdós

     No es bueno navegar por la vida, ni por sus afluentes, llevando una deuda a la espalda. Y a Carlos Mayoral le debo una reseña, aunque él no lo sepa. Quedó pendiente en Etílico, después en Empiezo a creer que es mentira y, al fin, espero saldarla con Un Episodio Nacional. Esa deuda comenzó a fraguarse, con intereses, hace años cuando Carlos Mayoral le dio voz tuitera al maestro Larra, mientras Twitter era todavía un lago de aguas tranquilas; cuando demostró que era capaz de estar a la altura de Fígaro, salir a flote y respirar por su cuenta, mientras llegaban los tiburones al ahora tempestuoso océano tuitero. Eligió a Larra en sus inicios, en esa ficción que nos permiten las redes sociales, por su costumbrismo, pero podría haberse encarnado perfectamente en Machado o en el propio Galdós.

    No es fácil dar voz a grandes maestros sin que se tambaleen en su pedestal, y menos aún recrear sus paseos por Madrid, sus debilidades o sus aventuras de cama. De la valentía de Carlos Mayoral, y sobre todo de su profundo conocimiento de la literatura del XIX, nace Un Episodio Nacional.

    Ahora, imaginen: Madrid, 1888. Un terrible incendio en la calle Fuencarral desvela el asesinato de una acaudalada viuda. Un joven aspirante a escritor, Melquiades, llega a la capital para cumplir su sueño. Un escritor en la cima de su éxito se convierte en su mentor, fuente de consejos e inspiración: “Mi secreto no es otro que abrir bien los ojos. Hay más literatura en la realidad que en todas las ficciones que pasen por su cabeza, amigo”.  Galdós, con su “porte provinciano, el saber estar humilde y el gesto despistado y simplón”, se retrata realmente haciendo gala de su mayor don: “el análisis constante de lo cotidiano”.

    “Ese era el verdadero Galdós, el que se mezclaba con sus personajes de novela, el que formaba parte de su propia narración”. No es extraño, por tanto, que ejercer de detectives y desentrañar el crimen de Fuencarral se convierta en un reto para Galdós y en la trama ideal para la primera novela de Melquiades. A medida que avanza la investigación, el asunto adquiere tintes especialmente complejos que dividen a la sociedad y a los propios protagonistas. La motivación de Galdós en defensa de los desvalidos, encarnados en la criada Higinia, acaba devolviéndole la imagen en el espejo de la corrupción de una época. Seguro que les suena; no cambiamos apenas con el paso de los siglos…

    “En este caso era difícil ya diferenciar entre el poder político que necesitaba salvar el trasero, el poder judicial que lo examinaba y la prensa afín a esas tendencias reaccionarias”.

    Y así, el río de la vida lleva a los personajes por distintos afluentes. Y así, esta historia es un preciso retablo de la sociedad madrileña, “un túnel para escapar de la muerte, un trayecto entre el amor y el fracaso”. Madrid se convierte en un personaje más que también se transforma, que “va amándose a medida que uno va amando lo que se mueve entre sus calles”. Acompañarán a Galdós nombres excelsos como Clarín, Juan Valera, Pío Baroja, y por supuesto, la más grande, Emilia Pardo Bazán, vista desde los ojos enamorados de don Benito:

    “Emilia es Emilia siempre, sin apariencias ni disfraces”. Entre ellos, admiración mutua, ternura y pasión con impecable elegancia: “Las conversaciones brillantes, los chascarrillos ingeniosos, los planes cómplices, las sábanas revueltas”. En toda su rotunda, femenina y feminista humanidad, la Pardo Bazán demuestra que la presencia de la mujer en el mundo de las letras ya entonces era justa e imparable, al igual que la implicación de las mujeres en la defensa de sus derechos.

    “Para escribir novela hacen falta heridas en la memoria”, apunta Mayoral a través de Melquiades, y cualquier lector podría responderle que leer novelas las cura todas, o casi todas. Ahora, para acabar esta reseña, sólo me queda comprobar que ese "sólo" lleva la tilde que se merece, rezar para que los dioses de la ortografía, el léxico y la gramática me acompañen, y poner el punto final. Ah, me falta un porqué, la razón de una deuda de agradecimiento que yo creo universal. ¿Acaso ustedes no se sienten en deuda con quienes les hacen disfrutar?

     

    La voz de Galdós

     

     

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