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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


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  • 08
    Marzo
    2018

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    Cultura Literatura Feminismo Día de la Mujer Virginia Woolf 8 de marzo

    Querida Virginia, ¿y ahora qué?


    Han pasado noventa años desde que nos dijiste que las mujeres debíamos tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas. Independencia económica y un espacio propio eran los dos requisitos imprescindibles para que las mujeres pudieran crear, crecer y desarrollarse como tales, sin estar supeditadas a la influencia o el desprecio de los hombres.

    Ha transcurrido demasiado tiempo y aún no todas tienen (tenemos) esa independencia y ese espacio propios. Y el tiempo engrandece la injusticia. Un siglo después todavía reclamamos “tener asegurados para siempre la comida, el cobijo y el vestir." De ese modo, “no sólo cesan el esforzarse y el luchar, sino también el odio y la amargura. No necesito odiar a ningún hombre; no puede herirme. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que darme.”

    Releo hoy todo lo que imaginaste y quedó por escrito en “Una habitación propia” y pienso en lo que hemos cambiado y en lo mucho que queda por hacer. Todavía son "legión" los hombres que opinan que, intelectualmente, “no puede esperarse nada de las mujeres”. Todavía son demasiados los hombres que siguen viendo a las mujeres como “espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar una silueta del hombre de tamaño doble del natural… Si ellas se ponen a decir la verdad, la imagen del espejo se encoge; la robustez del hombre ante la vida disminuye.” Como en la obra que citas, “Historia de Inglaterra” del profesor Trevelyan, el maltrato a las mujeres sigue siendo el gran dolor de nuestros días: “El pegar a su mujer —leí— era un derecho reconocido del hombre y lo practicaban sin avergonzarse tanto las clases altas como las bajas.”

    “Y las mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el principio de los tiempos”, escribiste. La pobreza de muchas mujeres continúa siendo una lacra, aunque ahora lleve la etiqueta de “brecha salarial”. Ya no hay impedimentos para la educación como hace un siglo, pero esos conocimientos no se materializan después en forma salarios justos, y menos en el caso de las madres que deben renunciar a sus trabajos o sacrificar buena parte de su ascenso laboral por cuidar a la familia. “Nuestras madres que se habían visto negras para reunir treinta mil libras, nuestras madres que habían dado trece hijos a ministros de la Iglesia de St. Andrews… Levantar paredes desnudas de la desnuda tierra es cuanto habían sabido hacer.”

    Querida Virginia, tal como escribiste, no sería aventurado decir que quien escribió tantos poemas sin firmarlos “era a menudo una mujer”. La indiferencia del mundo, que Keats, Flaubert y otros han encontrado tan difícil de soportar, "en el caso de la mujer no era indiferencia, sino hostilidad. El mundo no le decía a ella como les decía a ellos: «Escribe si quieres; a mí no me importa nada.» El mundo le decía con una risotada: «¿Escribir? ¿Para qué quieres tú escribir?»

    “En 1828 una joven hubiera tenido que ser muy valiente para no prestar atención a estos desdenes, estas repulsas y estas promesas. Hubiera tenido que ser un elemento algo rebelde para decirse a sí misma: Oh, pero no podéis comprar hasta la literatura. La literatura está abierta a todos. No te permitiré, por más bedel que seas, que me apartes de la hierba. Cierra con llave tus bibliotecas, si quieres, pero no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”.

    Durante millones de años las mujeres han estado en casa, “y ahora las paredes mismas se hallan impregnadas de esta fuerza creadora, que ha sobrecargado de tal modo la capacidad de los ladrillos y de la argamasa que forzosamente se engancha a las plumas, los pinceles, los negocios y la política… Es la conquista de muchos siglos de la más dura disciplina y no hay nada que lo pueda sustituir.” Qué vigencia tienen estas palabras. La conquista del reconocimiento continúa y la lucha contra el olvido sigue para que nada se desvanezca entre las oscuras hojas del libro de la Historia.

    Sólo catorce mujeres han sido distinguidas con el premio Nobel de Literatura desde su creación en 1901. Sólo cuatro mujeres han obtenido el premio Cervantes desde 1976. Sólo cinco mujeres han sido galardonadas con el premio Nacional de las Letras Españolas desde 1984. Sólo ocho mujeres han recibido el premio Príncipe/Princesa de Asturias, en las categorías relacionadas con la literatura y la comunicación, desde María Zambrano en 1981.

    Querida Virginia, como ves, el panorama sigue siendo poco alentador. Las cifras publicadas lo demuestran. Las mujeres ocupan menos de la mitad del empleo cultural en España. La cultura en España es ya de por sí un entorno masculino y marcado por la desigualdad, todavía más profundamente lastrado en esa materia luego de la crisis económica”, según escribe Karina Sainz Borgo. Las “mujeres del libro” se están movilizando con un manifiesto donde reclaman la eliminación de la brecha salarial; la igualdad en el acceso a cargos de responsabilidad; la denuncia sin paliativos del acoso sexual y laboral; la participación igualitaria en las plataformas de difusión y promoción de la literatura, y la corresponsabilidad en la conciliación familiar.

    ¿Y ahora, qué? Quiero pensar que la lucha servirá, que la igualdad plena llegará, que la conciencia será idéntica en hombres y mujeres, y la literatura lo reflejará con misma belleza y precisión que imaginamos sueños como realidades. Quiero pensar que en todas existe una poetisa desconocida como la que imaginaste, llamada o no Judith Shakespeare, que “vive en vosotras y en mí, y en muchas otras mujeres que no están aquí esta noche porque están lavando los platos y poniendo a los niños en la cama.”

    “No es necesario apresurarse. No es necesario brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo”, Virginia Woolf.

     

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