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Blog Y mañana más... - FILIPPO PRIORE

FILIPPO PRIORE

Nacido en Asturias en 1972, residente en Gijón y de origen italiano, en abril del 2010 le fue diagnosticado linfoma NT de células T periférico. Sometido a dos trasplantes de médula ósea en la Unidad de Trasplante Hematopoyético del HUCA, en la actualidad continua su lucha diaria contra la enfermedad...

Sobre este blog de Salud

La vida y el día a día de una persona afectada por un Linfoma NH, su experiencia personal, sus ilusiones, sus aficiones...; todo bajo un prisma de esperanza y optimismo, pero sin escapar de la realidad de una enfermedad dura y penosa, que junto con otras de tipo hematológico como leucemias y mieloma...


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  • 03
    Octubre
    2019

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    Oviedo salud

    Otoño2019/1

    Cuando la vida se te ponga cuesta arriba, piensa que nadie alcanzó el cielo caminando

    https://www.youtube.com/watch?v=vx2u5uUu3DE

    Son casi las doce del mediodía de este soleado jueves 3 de octubre cuando retomo el Blog, después de meses y meses habiéndolo dejado abandonado. Viene bien de vez en cuando dejar que transcurra el tiempo, para luego poder hablar, o escribir como es el caso, en consecuencia y con la perspetiva que solo la distancia temporal puede darte.

    Llevo una semana afectado por un inortuno resfriado, o tal vez gripe, que me ha obligado a tomar una vez más antibióticos. Empecé la madrugada del martes pasado, con una fiebre que rozó los 40 grados. Ni en Córdoba. Así que nada, como ya sé perfectamente lo que hay que hacer en estos casos, procedí a automedicarme a base de paracetamol, nolotil y como digo, el habitual antibiótico (el Levofloxacino).

    Coincidía además que el viernes pasado tenía que pasarme por el HUCA a hacerme la análitica, con lo que en ella podríamos ver cómo estaban mis defensas y demás parámetros hematológicos.

    Este martes acudí a la correspondiente consulta con mi hematóloga y la primera sorpresa fue que al llegar al hospital a primerísima hora de la mañana, las máquinas que te expenden las citas que te tocan, al introducir en ellas mi tarjeta sanitaria, me decían que no había ninguna cita que expedir. Fue entonces cuando entré en 'modo pánico', al pensar que lo mismo me había equivocado de día. Miré en mi móvil los mensajes que me llegan del hospital con las citaciones y ¡oh cielos!: efectivamente tanto la consulta como mi solicitud para una posible infusión de inmunoglobulinas en el Hospital del Día no eran para el martes, sino para el miércoles.

    Rezando para que mi hematóloga tuviese consulta los martes y que encima me recibiese, acudí a su despacho. Allí estaba y lógicamente se sorprendió al verme. Le conté lo que me había sucedido y a pesar de como siempre estar hasta las cejas de 'curro', me atendió con la misma atención y cariño que siempre. El tema sería luego que en el Hospital de Día tuviesene la misma deferencia y sobre todo posibilidad, porque aquello no os podéis imaginar como está de gente. 

    Sobre mis análisis, como era de esperar apereció que estaba sufriendo algún tipo de infección, por lo que en primer lugar, mantendríamos los antibióticos durante unos días más, hasta completar diez de tratamiento. Por otro lado, a la vista de los valores de la analítica, como también era de prever, necesitaría una infusión de inmunoglobulinas. Y es que en mi última visita, antes del verano, lo raro es que por primera vez no la necesité. Así que era prácticamente imposible que mis defensas aguantaran casi seis meses sin recibir una pequeña ayuda externa.

    Por otro lado, también tenía la hemoglobina bastante baja (apenas 10). Con esa cifra tendremos que recurrir de nuevo al dopaje. Me pondré durante los próximos dos meses y hasta la siguiente visita, una inyección de EPO 40.000 cada dos semanas. Con eso debería ser suficiente. Lo que ahora estoy valorando es si volver al gimnasio y prepararme para la San Silvestre, aprovechando que iré dopado. Es broma, por supuesto. Ni se me pasa por la cabeza ponerme a correr otra vez. Es algo que ahora mismo ni me planteo. Aunque os mentiría si no os digo que lo echo de menos. De momento, caminar y caminar. Hoy mismo me he metido 5 km en la cinta a un buen ritmo.

    Total, que el siguiente paso estaba en que en el Hospital de Día me aceptasen y no me hiciesen volver al día siguiente, tal y como me correspondía en realidad. Por fortuna uno ya es veterano, las enfermeras me conocen más que de sobra y no tuvieron ningún problema (aparte de cargarse aún más de trabajo) para encontrarme un sillón donde estuve desde las nueve y media hasta pasadas las dos y media, cuando ya pude irme para casa.

    Durante ese tiempo vi pasar por la sala cantidad de pacientes, de todas las edades (adultos solo gracias a Dios, pues en el nuevo HUCA no compartimos Hospital de Día con niños) y sexo. A mi lado tuve así a un chavalete de unos veinti no muchos. Y enfrente tenía a una chica algo mayor que yo y a dos ancianos, más cercanos a los noventa que a los ochenta, ambos recibiendo transfusiones de sangre. Da para pensar muchas cosas. Y para recordar también.

    Hablando de recuerdos, os contaré un poco cómo ha ido el verano. Digamos que por ejemplo musicalmente no ha ido nada mal. Apenas iniciado, el 7 de julio, me fui a Madrid a ver a Bon Jovi. Cantando sus canciones pasé gran parte de mi adolescencia y después de haberle visto hace muchos años en Gijón, fue una auténtica pasada el verles de nuevo en un escenario tan brutal como el Wanda Metropolitano, estadio del Atlético de Madrid. La compañía además hizo que el concierto y el viaje fuesen aún más inolvidables. Y por cierto, por esas casualidades que piensas que solo pasan en las películas, antes del concierto, en el HardRock de Madrid, me encontré porque así lo quiso el destino con la musa rockera de las ondas radiofónicas: Marta Vázquez. Hubiera sido imperdonable por mi parte no aprovechar la ocasión, por lo que me presenté, nos saludamos cariñosamente y nos hicimos el selfie de rigor.

    Después, ya en Agosto, gracias a un buen contacto, conseguí entradas para ir, ya en Gijón, a ver The Offspring con mi gran (además de verdad) amigo Buba. Los dos nos presentamos en primera fila del escenario principal del Txunami Rock, cual si fuésemos veinteañeros, que era lo que por esa zona del concierto abundaban. Pero bien que aguantamos el tirón. La fiesta luego se prolongó hasta altas horas del madrugada.

    Y cerré los conciertos nada menos que en Italia, en el pueblo de mi padre, con el que me fui una semana a ver a nuestra familia, con la excusa además de que se celebraba el Festone, o lo que es lo mismo, sus fiestas tradicionales y que tantas veces viví de niño primero, después de adolescente y luego ya de adulto. Tocaban un grupo que apenas conocía, Le Vibrazioni, pero quiso la diosa fortuna, que fuesen un más que notable grupo de rock, por lo que fue otro pedazo concierto que disfruté con un enano. Para mi memoria quedará así el haber ido a un concierto de rock con mi padre.

    De ese viaje a Italia, decir solo que para mí supone algo que es difícil traducir en palabras. Es como volver a mi infancia, pero al mismo tiempo darte cuenta de cómo el tiempo hace mella en todos y en todo. Sabores dulces, amargos y algunos incluso agrios, pero en todo caso no puedo resistirme a volver. Y así lo haré si la salud y mi situación me lo permite el próximo año.

    Aparte de en lo musical, el verano no ha sido malo en cuanto al tiempo que hemos podido disfrutar, aunque tampoco haya sido en Asturias en ese aspecto el mejor de los veranos. Es más: llevamos una semana ahora mismo, que ya la hubiésemos querido para alguna de las que nos tocó durante el verano.

    Justo antes de que mis dos pequeñas iniciaran el cole (este año Selena comenzó en Infantil, mientras que Nadaya pasó a segundo de Primaria), nos fuimos como casi es tradición, a pasar unos días a Valencia de Don Juan, a un hotel situado en una urbanización un poco a las afueras del núcleo del pueblo: Valjunco. Fueron unos días para coger fuerzas todos para lo que iba a ser la vuelta a la rutina. Espero además que con el pasar de los años, esas estancias en Valencia de Don Juan, sean para Nadaya y Selena, salvando las distancias (kilométricas para empezar), como aquellos agostos míos por Italia.

    Sin más que contaros, me despido deseándoos un tranquilo y feliz otoño, libre de virus. Quizás para el próximo post os cuente alguna cosa más que en este haya podido obviar, intencionadamente o no. Hasta entonces un fuerte abrazo... y mañana más.

     

     

     

     

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