05 de junio de 2008
05.06.2008

El Gumial presenta una geografía de barrancas, murallones, hayedos y majadas en estado puro

30.05.2008 | 02:00
Panorámica de El Gumial y El Tozu.

Ángel


FERNÁNDEZ ORTEGA


En la presente excursión proponemos al lector un mágico recorrido por la geografía del territorio de Fuentes de Invierno, en cuyo espacio se agrupan tantos paisajes como valles contiene y tantos horizontes como montañas encierra.


Desde las montaña que dominan la orografía de Fuentes de Invierno se contemplan unos panoramas cuya abrupta estructura impuesta por la naturaleza constituye un laberinto de estrechas barrancadas, murallones vertiginosos, laderas cubiertas de frondosos hayedos y las recortadas majadas que se estacionan sobre los rellanos del valle allerano del río Braña. Destacan de este paisaje alpino el bosque del Tozu, las majadas del Fuentes, Veldoso, Braña, Alba y El Gumial. Este último sorprende al caminante por su catarata de encantos naturales, acreditados por sus jugosas camperas, sus cabañas pastoriles, el rumoroso sonido de sus múltiples arroyos y lo variado de su ecosistema, que multiplican sus atractivos dentro de un mosaico natural coronado por las altas torres y el bosque que acecha la campiña. El silencio de esta rinconada allerana se rompe con el rumoroso sonido que nos llega del arroyo de Alba, que se marcha desde el reborde septentrional desplomándose en continua cascada hacia el río Braña.


Nos vamos a introducir en este pequeño paraíso acercándonos por medio de la carretera AS-253, que irrumpe el valle de Aller en dirección al puerto de San Isidro. Alcanzamos el Fielato (1.278 metros), lugar constituido de un refugio de cazadores y varias cabañas restauradas. Está ubicado nada más rebasar la estrechura de Riofrío, aguas arriba del río Braña.


Al lado mismo del edificio del antiguo Fielato, km 40,5 de dicha carretera, marcha el sendero señalizado, P. R. AS-48, por una pista de tierra que cruza en dirección al río y de las cabañas de Chagariechu. Seguidamente, lo vadeamos por un puente de hormigón, para remontar de inmediato la panda herbosa salpicada de matas de piornos. Senderos de ganado sustituyen a la pista y por cualquiera de los muchos que roturan esta ladera vamos avanzando hacia la ruta más habitual de aproximación a Brañarreonda. Al asomarnos a la mullida campera, nos dirigimos hacia el reborde meridional, escorándonos ligeramente hacia el Sudoeste entre las vetustas cabañas pastoriles que jalonan la vega. Sobre ese mismo horizonte ya se perfila la inconfundible silueta del pico Fuentes y el valladar calcáreo de la peña Chagariechu, que ampara bajo su regazo la recóndita vallina de Portiechu. Esta zona rezuma agua por todas sus rinconadas debido a los numerosísimos arroyos que la atraviesan y que proceden de la red de manantiales que afloran de la Cuerda del Ajo por la Oscura y la intrincada faja vegetal de Brandales.


La plácida naturaleza del terreno, las características de la zona, situada al resguardo del pico Fuentes, y su climatología condicionan la actividad ganadera, muy presente en la época veraniega. Por Brañarreonda (1.400 metros), 1,3 kilómetros, en treinta minutos de marcha, se distribuyen numerosas camperas ubicadas en todo su entorno. A Cocheu le sucede Campa Reonda y Veldoso, mientras que hacia el Este situamos a Sierru Blancu y La Oscura. Desde la fuente de Brañarreonda el camino prosigue al Oeste siguiendo la traza del sendero que surca el bosque de piornos hasta coronar la limpia campera de Veldoso (1.572 metros), 4 kilómetros, en 1 hora y 25 minutos. Ganado este escalón, continuamos al Sur hasta el final del collado abordando nuevamente el sendero con un brusco giro a la derecha hasta la escotadura del Tozu, pórtico de entrada del tupido hayedo cuyos viejos ejemplares se escalonan por la umbría del valle de Alba. Nos adentramos sin temores en la fronda del bosque llaneando hacia los límites meridionales y tras un largo franqueo nos presentamos en la majada de Fuentes de Invierno (1.500 metros), 6,2 kilómetros, en 2 horas, situada en la base de la cuenca glaciar que coronan los picos Fuentes, Los Castillones y El Oso. En Fuentes aún se conservan restos de sus vetustas cabañas pastoriles.

Eludimos aquí el camino que continúa por la vallina de Fuentes hacia el pico Nogales, yéndonos en sentido opuesto hacia la derecha, descendiendo por la margen derecha del valle, por donde el sendero abre su huella entre zarzales. Poco a poco nos vamos acercando a la esclarecida majada de El Gumial (1.300 metros), 7 kilómetros, en 2 horas y 30 minutos. Este lugar, donde se hallaron dos puñales pertenecientes a la Edad del Bronce, sorprende al caminante por su catarata de encantos naturales, acreditados por sus jugosas camperas, sus cabañas pastoriles, el rumoroso sonido de sus múltiples arroyos y lo variado de su ecosistema, que multiplican sus atractivos dentro de un mosaico natural coronado por las altas torres y el bosque que acechan la campiña.

El silencio de esta rinconada allerana se rompe con el rumoroso sonido que nos llega del arroyo de Alba, que se escapa desde el reborde septentrional desplomándose en continua cascada hacia el río Braña.


El camino señalizado desciende desde El Gumial, acompañado por las cantarinas aguas del arroyo que discurre a la sombra del hayedo hasta el mismo cauce del río Braña, donde se sitúa la vega de Las Llanas (890 metros), 8,7 kilómetros, en 3 horas y 15 minutos. Lo cruzamos por un puente de madera que conecta con el camino carretero que se desplaza paralelo a la carretera sobre un nivel inferior.


En sentido descendente, retrocederemos a Cuevas (770 metros), 11 kilómetros, en 3 horas y 30 minutos de marcha, donde finaliza esta ruta senderista.

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