Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Toda una vida

Reconstruyendo a Lino

Gómez Feito vuelve a disfrutar del deporte tras superar un problema de cadera que cortó durante un año su larga trayectoria como competidor y técnico de kárate

Daniel A

Daniel A / MANUEL BENITO

Mario D. BRAÑA

Durante más de un año, Lino Gómez Feito (Pola de Somiedo, 22 de febrero de 1962) temió no volver a andar con normalidad, algo impensable para un deportista nato como él. Lino es una autoridad en el mundo del kárate asturiano y español, pero a él le gusta todo lo que suponga ejercicio físico. Ahí estuvo precisamente el origen de sus problemas de cadera que le obligaron a parar en seco. Mientras recupera la normalidad le saca el jugo a la bici de montaña y aprovecha el trabajo de gimnasio para reconstruir y reforzar su castigado cuerpo.

De Kung-Fu a Takeda. "Desde los 7 años vivo en Oviedo. Mi primer deporte fue el atletismo en el colegio de La Gesta. También me gustaba el baloncesto y el fútbol no se me daba nada mal. Jugué en el Estadio, el Vetusta y el Oviedo, de interior y extremo. Un verano nos pidieron que devolviesemos la equipación. En septiembre me llamaron, pero no volví. A veces pienso a donde pude llegar porque se me daba mejor el fútbol que el kárate. Cuando tenía 13 o 14 años me llamaba mucho la atención la serie de televisión Kung-Fu. Ademas, un amigo vivía al lado del antiguo Takeda. Un día paseando por allí escuchamos gritos y fuimos a mirar. Estaban dando una clase de kárate y me gustó, sobre todo el ambiente que se respiraba en el gimnasio: la gente concentrada, sin hablar, los movimientos...".

Reconstruyendo a Lino

Reconstruyendo a Lino

El kárate tenía un precio. "Al principio fue difícil porque en casa no sobraba el dinero y el gimnasio costaba 600 pesetas de las de 1976. Mi hermana me ayudó a pagar los primeros meses a escondidas de mis padres. También me puse a cargar camiones de la Central Lechera para sacar dinero. Me enganché muchísimo, mi familia ya vio que era más que una afición. Empecé con un kimono de judo, que cambié por una armónica. Desde dentro el kárate me pareció todavía más interesante. No tenía conciencia de que se me podía dar bien. Aquel era un kárate muy solidario porque estaba basado en la imitación, siempre había un cinturón superior que te lo enseñaba. Kojata no perdía el tiempo porque éramos demasiados alumnos. Sólo cuando llegabas a cinturón azul, con dos o tres años de práctica, te empezaba a hacer caso".

Oficio con beneficio. "En la mili seguí entrenando como pude. También salía a correr, que fue lo que acabó con mis caderas. Volví a Oviedo sin oficio ni beneficio, sin pensar en ningún momento que me ganaría la vida con el kárate. Había dejado de estudiar y un amigo, Godofredo, que daba clases de kárate en el colegio María Balbín me pidió que le echara una mano. Después, cuando lo dejó, me di cuenta de que podía sacar un dinero. En esa época también empecé a dar clases en un gimnasio de Grado y al final me quedé con él. Ya llevo treinta años y estoy encantado porque para mí no es un trabajo, sino un hobby. Mi vida es el kárate. Los lunes, miércoles y viernes estoy en el gimnasio de Oviedo. Los martes, jueves y sábados, en el de Grado. En una primera etapa competía y entrenaba con los alumnos. Fui campeón de Asturias, de España, estuve en el equipo nacional y fui a un par de europeos. Mi mujer, Soledad, empezó a hacer kárate por mí y cuando llegó a cinturón negro no quiso más. Me ayuda mucho porque durante los 17 años que estuve de seleccionador nacional daba las clases cuando yo faltaba. No hubiese podido hacer mi carrera sin ella. Fui peldaño a peldaño, pasando por todo, sin tomar ni un atajo. Me siento muy reconocido dentro del kárate. Eso sí, me hubiese gustado vivir unos Juegos Olímpicos. El kárate se lo merece porque es el arte marcial más practicado del mundo. Pero los deportes de lucha están mejor vistos que los de combate. Lo primordial en el kárate es no hacer daño al oponente, para eso se entrena muy fuerte.

. xxxxxxxxxx xxxxxx xxxxx xxxxxx xxxxxxxx xxxxxxxxxxxxx xxxxxxx xxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx"Durante mucho tiempo seguí entrenando al mismo nivel que cuando competía. Hasta que hace tres años empecé a notar que las piernas no subían como antes. Primero era un dolor difuso,pero fue a más. Me operé de las caderas mediante artroscopia en Barcelona, pero fue un fracaso. Pasé un año horrrible, sólo podía hacer unas tablas en el gimnasio con mi amigo Avelino Blanco, que me ayudó mucho. Cuando tuve un poco de autonomía me subí a la bicicleta de montaña. Durante ese año subí todos los puertos de Somiedo, que pare mí era como ganar un mundial de kárate. Fue un año y pico con muletas. Las piernas menguaron, la barriga aumentó. No me reconocía y sufrí un bajón terrible. La bicicleta me ayudó mucho para la autoestima porque era como decir que podía hacer deporte y disfrutar."

Hago un tipo de trabajo en el gimnasio. Mucho autocarga, trabajo en suspensión. Que sea un poco aeróbico, con la lengua fuera.

Ahora estoy genial, pero hago menos kárate. Trabajo mucho en el gimnasio, con ejercicios de autocarga y trabajo en suspensión. Quiero retomar el kárate en septiembre, cuando empiece el nuevo curso. Echo de menos a Kojata, a un maestro que te obligue a trabajar.

Paso muchas ganas. En Somiedo hay el Desafío Somiedo, que son 88 kilómetros por el monte, corriendo y caminando. Otra que se llama la Batallona, Asturias contra León. Salía a correr por detrás de mi casa con lastre en las piernas. Lo pasé tan mal. Me gusta ilusionarme con eso, aunque sepa que no lo voy a hacer. Me planteo hacer yoga, incluso judo, pero me acuerdo de la radiografía. Llegué a pensar que no volvía a caminar. Fue una caída tan fuerte. El proceso normal es que te pones la cadera y al mes y medio estás genial. No descarto hacer cualquier cosa.

Cuatro horas al día de kárate. O voy al gimnasio o cojo la bicicleta un par de horas. Solo. Montaña. Marqué un nivel tan alto en el kárate que me veo del montón hacia abajo. La gente anda mucho. Toda esta operación fue porque quería preparar el mundial de veteranos de kárate y empecé a entrenar duro. No me quiero quemar ya. No me gusta salir en grupo porque acabas compitiendo.

Espero que toda la vida. El problema es la otra cadera. En realidad no veo límites. Abusé mucho de mi cuerpo. Cuando te das cuenta de cómo tienes que gestionar el deporte ya estás machacado. Me arrepiento de no haber escuchado a mi cuerpo. La mentalidad que nos inculcó Kojata es que si quieres algo hay que sufrir.

Avelino Blanco me ayudó mucho este año, como compañero de entrenamiento.

Pasaron campeonatos de España, de Europa, y Óscar fue la bandera. Una bendición encontrarse con una persona con tantas condiciones, con la cabeza tan bien amueblada y que sea tan permeable a todo lo que piensas. Para mí es un ejemplo porque siempre fue muy humilde. Es mucho más reconocido en el extranjero que aquí.

Estoy convencido de que Óscar hubiese sido medallista olímpico.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents