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Jugar con un mito

El asturiano Manuel Fernández hizo de pareja de Belasteguín, el mejor jugador de pádel de la historia, en el reciente Campeonato de España por equipos

Manuel Fernández y Fernando Belasteguín, antes de la disputa del encuentro de cuartos de final del Campeonato de España de clubes.

Manuel Fernández y Fernando Belasteguín, antes de la disputa del encuentro de cuartos de final del Campeonato de España de clubes.

Imagínese que Maradona, en pleno apogeo de su carrera, le señala y le dice que quiere que sea usted el que le dé los balones al hueco. O que Michael Jordan exige su fichaje para reforzar el tiro exterior de sus formidables Bulls. Fernando Belasteguín (Pehuajo, Argentina, 1979) es al pádel lo que los ejemplos anteriores a sus respectivos deportes. O más: Lleva 15 años ocupando el número 1 del ranking mundial de pádel. Es el más grande. En el reciente Campeonato de España por clubes, el cuerpo técnico del Montecarlo Arena Entrena Pádel, conjunto con solera en Navarra, meditó con su estrella la táctica a seguir. Ahí, en esa reunión, es donde se decidió que Manuel Fernández Díaz (Oviedo, 1984), jugador no profesional de pádel asturiano, haría de compañero de Belasteguín en el duelo de cuartos de final.

Fernández es un clásico del pádel asturiano desde que con apenas 10 años empezara a darle a la pelota en las pistas de La Fresneda. En la actualidad trata de compaginar su nivel competitivo con su trabajo como abogado. Fue subcampeón del mundo en 2013 en un torneo en el que se ausentaron los principales jugadores del ranking. Está ahí, un escalón por debajo de los profesionales. Pero el Campeonato de España de clubes sí da la oportunidad de mezclarse con los mejores: cada equipo convoca a una quincena de jugadores y establece las parejas en cada eliminatoria. Se juegan al estilo Copa Davis, con cinco enfrentamientos, y el pase es para el que haya ganado más partidos.

Ante una competencia tan feroz como la que había en su equipo (con primeras espadas del ranking mundial), Manuel Fernández se daba por satisfecho con estar citado en Benidorm, donde se disputaba el campeonato. Lo que no se imaginaba era cómo se iba a dar su contribución en el torneo. "Cuando me dijeron que iba a jugar con Bela me quedé perplejo", comenta el ovetense. Fue en el desayuno cuando el entrenador le dio la noticia. Había entrenado con el campeón argentino y había tenido buenas vibraciones, pero no esperaba la decisión. "El primero al que llamé fue mi padre. Estaba eufórico pero también noté la presión", señala el ovetense.

La situación tiene su miga. Jugar con un mito es una experiencia única pero es inevitable pensar en una posible derrota y sus consecuencias. Si pierdes como pareja del más grande, está claro de quién es la responsabilidad. Los miedos quedaron en un segundo plano en cuanto la pelota se puso en juego: 6-0 en el primer set para Fernández y Belasteguín. "Jugué muy cómodo, agresivo, me encontraba muy bien. Bela me daba ánimos en todo momento", relata el ovetense. En la segunda manga, las cosas se igualaron y se decidió en el tie break. "Ahí vi al Bela más competitivo. Me daba indicaciones tácticas. Me decía cómo tenía que jugar cada punto. Me decía 'tírasela al drive, espera un poco y sube y te la va a echar a la volea'? Y pasaba tal cual. Es como si supiera lo que iba a suceder", relata con admiración. El desempate les fue favorable y ese 6-0 y 7-6 les sirvió para sumar su punto y meter al equipo en las semifinales. Más cerca del objetivo.

A Fernández le tocó ver las "semis" desde la barrera. El entrenador apostó por todos sus primeros espadas. Su equipo, favorito al título, cayó contra pronóstico en la penúltima fase.

Pero la experiencia vivida en Benidorm había valido la pena. "Bela es el mejor de la historia, no hay ninguna duda. En el partido estuvo perfecto e hizo un par de puntos surrealistas. De esos que los ves y no sabes cómo lo ha hecho", relata Manuel Fernández que una semana después lideró al Montecarlo Arena Entrena Pádel a imponerse en el prestigioso Campeonato de Navarra. Las lecciones de Bela aún tienen efectos. No puede haber mejor maestro.

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