Javier Remis, director del Museo de Covadonga, es plenamente consciente de de la contradicción que encierra el Santuario: para muchos es el lugar al que debes tratar de volver, la Meca de la identidad asturiana y también el imán turístico del Oriente de Asturias; pero es también una ratonera para los coches en la temporada veraniega, un molesto foco de atascos y colapso turístico que en las últimas tres décadas ni la Iglesia ni la administración han logrado reformar para devolver al lugar la tranquilidad que pide el entorno.

Javier Remis, director del Museo de Covadonga, 47 años, se vinculó ya de niño con la Iglesia, ayudando de monaguillo a Don Manuel, el cura de su pueblo, Mestas de Con. Estudió Económicas en Oviedo, después trabajó tres años como auxiliar de Policía Local en Cangas de Onís y luego se hizo cargo del Museo de Covadonga. Casi sin preguntarle, entra directo al problema que desde hace al menos tres décadas atenaza al santuario: cómo resolver la saturación que sufre un lugar que es uno de los imanes del turismo y la identidad en Asturias y, a la vez, una ratonera para los coches. Maldito el atasco de nuestras montañas:

–En abril hará 22 años que llevo trabajando en el Museo de Covadonga y por aquí ya viste pasar de todo: proyectos, historias... Hace veinticinco años ya se presentó aquí una exposición pública de todo lo que se iba a hacer y nunca se llego a hacer nada... La verdad es que es complicado. Covadonga es que tiene muy pocas posibilidades. La solución sería hacer aparcamiento aquí, justo detrás de la Escolanía en dos plantas. Podrías hacer 200 plazas. Con 200 ya serían suficiente para que la gente y los coches fueran entrando y saliendo. Además, con los autobuses, en esa curva que hay abajo, donde el hotel Pelayo, es imposible subir y bajar en las dos direcciones. Si no hay policía, te quedas atascado. Por eso la solución sería hacer un circuito. Dejar un único sentido para entrar, llegar hasta aquí donde la Escolanía, donde estaría el aparcamiento, y desde ahí ahí sacar un ramal hasta abajo, hasta la finca de Les Llanes, que son 200 metros. Desde les  Llanes está proyectado un ascensor, que valdrá tres o cuatro millones hacerlo, pero el aparecamiento detrás de la escolanía sería mucho más barato. Desde aquí a la finca de Les Llanes hay solo 200 metros y ya hay un camino empedrado, que era el que usaban los peregrinos cuando llegaban a la estación del Repelao y subían andando. Solamente sería arreglar el camino.Yo eso del ascensor desde la finca de Les Llanes no lo veo. Es un atractivo turístico, pero creo que es fomentar un poco la masificación. Date cuenta de que Covadonga, cuando en 1777 sufre un incendio, Carlos III le encarga el proyecto a Ventura Rodríguez, su arquitecto de cámara. Le pide que haga aquí un gran templo: proyecta una gran fachada delante de la Cueva, pero esto sufrió gran oposición por parte del Cabildo porque sería estropear la naturaleza y la belleza del santuario. Si lo primero que te encuentras al llegar es un macroaparcamiento con unas escaleras mecánicas, toda esa vista que tienes de la basílica en lo alto ya desaparecería.

“Nunca vino tanta gente por aquí como en el verano del 2021, cuando el covid”

–¿Y por qué en todo este tiempo no se hizo nada?

–No lo sé. Lo que yo digo es que siendo asturiano, amando a Covadonga como amas, hay que preguntarse qué haces tú por Covadonga si tú eres un alcalde o un presidente, qué haces con el principal foco de ingresos del todo el Oriente de Asturias. ¿Cuántos alojamientos hay en todo el Oriente? ¿Tres mil, cinco mil? Es que es todo gracias a esta zona, a Covadonga y el Parque Nacional de los Picos de Europa. Covadonga fue el origen del parque y de todo. La verdad es que hubo pocos cambios en Covadonga desde los años sesenta, cuando se hicieron estas casas donde está el museo y la escolanía. Prácticamente lo único que se hizo fue la obra de la explanada y peatonalizar toda la zona de la basílica. Pero con esto que te estoy contando se podía peatonalizar el santuario entero. Tú llegas ahí, a la altura del hotel Pelayo, haces una losa y metes el tráfico por una especie de túnel que te los saque aquí, a los aparcamientos, si quieren estacionar o para salir de frente hacia abajo. Así tendrías peatonalizado todo el santuario, podrías estar tranquilo y relajado. Porque cada vez viene más gente...

Mientras Javier habla, en el Museo de Covadonga, en un hueco acristalado en la pared, iluminado y pintado de negro, gira y parece flotar la corona de la Santina y el Niño. Las hizo el sacerdote y orfebre Félix Granda Buylla en 1918. La de la Santina: 551 gramos de oro, 232 gramos de platino, 2.046 rosas, 32 perlas, 983 rubíes y 2.572 zafiros. La del Niño: 114 gramos de oro, 85 gramos de platino, 52 brillantes, 759 rosas y 25 perlas. Las dos joyas giran eternamente, refulgen e hipnotizan al espectador, lo mismo que el santuario entero hipnotiza y atrae al natural de este país. Bienvenidos a la Meca de Asturias, lugar de oración imposiblemente compatible con el rumor voraz de las langostas turísticas.

Javier Remis frente a la Basílica Julián Rus

–En el verano de 2021, con el coronavirus, nunca hubo tanta gente como ahora. Yo no sé si es que todos estaban de ERTE o qué, pero esto parecía la calle Uría o la calle Preciados de Madrid. Aquí, llegado el mes de septiembre y pasada la novena de la Virgen, se acababa hasta la Semana Santa del año que viene, ya no había más turismo prácticamente. Pero ahora tienes turismo el año entero. Con el coronavirus la gente viene más todavía que antes.

–Sorprende. Las iglesias vacías y Covadonga llena.

–Es que no solamente es la fe. Covadonga significa otra cosa para para los asturianos. No sólo es fe, es naturaleza, es historia, esas tres confluencias. Unos vienen atraídos por la religión, otros por la naturaleza, otros por la historia; porque estos son los orígenes. Hay ateos que defienden Covadonga. Hay mucha gente que viene todos los años a Covadonga, que tiene que venir todos los años. No sé por qué, pero es algo que engancha. Es una tradición que vivieron desde pequeños con sus familias, con sus abuelos. Aparte de la fe, son los recuerdos. Muchos mineros tienen venido y me han contado que ellos vienen para que su mujer venga a misa, que ellos no creen pero que para ellos lo primero es su lugar de origen y después Covadonga. Aparte de la Santina, este lugar te envuelve, la belleza, el paisaje.... Otros sitios turísticos te pueden gustar, pero no sientes esa necesidad de ir allí cada poco. Hay gente que viene todos los meses y en la pandemia me decían: lo pasé muy mal porque yo tenía que ir a Covadonga y no podía.

–Y los que no creen ¿qué encuentran?

–La libertad. Este es un sitio abierto a la montaña. Tengo una amiga que es de Madrid, es médico. No era creyente vino aquí una Semana Santa y salió diciendo: “yo no sé qué tengo, pero algo me pasó, ese sitio me tocó, me llegó al corazón”. Y desde entonces está implicada en una patrroquia en Madrid. Si a mí me quitaran Covadonga me quitarían lo que soy. Cada uno puede tener sus creencias, son respetables todas.