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La vida sigue "igual" en Cangas del Narcea, tras el primer premio del Niño de 1993, pero con un buen coche y sin hipoteca: "Levantarse sabiendo que no debes nada a nadie..."

El hostelero José Antonio Amago fue uno de los agraciados de aquel año: "Me quité de un plumazo el crédito de la casa de 30 años"

José Antonio Amago, con los reportajes de LA NUEVA ESPAÑA publicados sobre el premio del 6 de enero de 1993. | |  DEMELSA ÁLVAREZ

José Antonio Amago, con los reportajes de LA NUEVA ESPAÑA publicados sobre el premio del 6 de enero de 1993. | | DEMELSA ÁLVAREZ / Demelsa Álvarez

Te quitas de un plumazo la hipoteca de 30 años, te cambia la vida psicológicamente”, asegura el hostelero cangués José Antonio Amago, que en 1993 vivió cómo su padre, Luis Amago, al frente del bar Modesto, repartió muchos millones de pesetas entre sus parroquianos al vender participaciones y décimos del premio gordo del sorteo del Niño. Él mismo llevaba un décimo premiado, aunque compartido con su socio en ese momento en el bar El Caniecho, del que continúa al frente.

“De aquellas a muy poca gente le tocó el gordo íntegro porque se jugaban sobre todo participaciones y muchos décimos compartidos”, asegura. Él mismo, solo tenía ese décimo compartido del bar de su padre. No obstante, el pellizco que se llevó le ayudó a pagar el piso que se acababa de comprar.

José Antonio Amago con los reportajes de La Nueva España del día del sorteo.

José Antonio Amago con los reportajes de La Nueva España del día del sorteo. / D. Álvarez

La vida siguió igual, pero es verdad que no es lo mismo levantarte sabiendo que no debes nada a nadie que con una hipoteca”, confiesa Amago, que cree que la mayoría de los agraciados invirtieron en vivienda y también en coches de una gama superior al que tenían. “Pero en el día a día no se hizo nada extraordinario, conozco a muchos de los clientes agraciados y en la mayoría de los casos la vida siguió igual para todos”, asegura.

Para su padre, ya fallecido, repartir el gordo fue “una alegría inmensa”, le tocó a un año de jubilarse después de estar cuatro décadas -desde 1955 - al frente de un bar “de gente humilde, del pueblo”. Cuenta José Antonio Amago que cuando su padre se jubiló, el local se traspasó y se dio la circunstancia de que la persona que lo cogió también había sido agraciada con el premio de la lotería.

De hecho, la administración de lotería Gil de Cangas del Narcea había vendido 28 series del premio gordo del sorteo del Niño, el 76.372. La mitad se repartió desde un bar de San Antolín de Ibias y la otra mitad en el de Cangas del Narcea. Fueron más de 10.000 millones de las antiguas pesetas las que se repartieron por ambos concejos, lo que equivale a unos 60 millones de euros.

Carmen Menéndez con el décimo premiado con el gordo del Niño de 1993 en su administración de lotería.

Carmen Menéndez con el décimo premiado con el gordo del Niño de 1993 en su administración de lotería. / D. Álvarez

Para una administración dar un premio gordo de Navidad o del Niño es una emoción enorme, es el máximo premio que podemos dar, en aquel caso fue muy repartido entre los dos concejos, así que fue una gozada”, asegura la lotera Carmen Menéndez, que entonces aún estaba estudiando, pero que vivió la emoción del momento con sus padres, Gil Menéndez y María Elena Mathé.

“La gente de aquí tiene especial predilección por el sorteo del niño, fue un día memorable para esta administración”, cuenta Menéndez, que asegura que aún sigue vendiendo lotería a premiados de ese cinco de enero de 1993.

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