María García se convirtió en sereno por una noche cuando solo tenía 13 años: "Pasé un frío de muerte, pero fue toda una experiencia"
La hija de un sereno natural de Larón reconoce que siempre se sintió "orgullosa" de la profesión de su padre

María García, en Cangas del Narcea. / D. Álvarez
María García Méndez fue sereno por una noche cuando tenía 13 años junto a su madre, Sofía Méndez. Su padre, Antonio García, se había puesto enfermo repentinamente sin tiempo a entregar las llaves en el Ayuntamiento, así que ellas tuvieron que salir a la calle para no dejar a los vecinos desatendidos. “Salimos hasta las cinco de la mañana, hacía un frío de muerte y recuerdo que a lo largo de la noche abriríamos una docena de puertas porque ya era en una época en la que la gente ya llevaba su llave y había porteros automáticos”, rememoró García Méndez con orgullo.
Su padre, natural del pueblo de Larón, se fue como muchos otros cangueses siendo muy joven a Madrid donde ejerció el oficio de sereno unos 30 años. Tres décadas en las que cada noche a las 21.30 horas dejaba su casa para velar por la seguridad de la calle y cerrar y abrir portales a los vecinos hasta el amanecer.
Un trabajo duro en el que, según relata su hija, comenzó como suplente hasta que pudo comprar su plaza “pidiendo dinero, como hacían antiguamente la gente de los pueblos”. En 1974 optó por ingresar en la plantilla municipal y pasó a ser policía local.
El compromiso de los serenos con los vecinos era tal que la noche que Antonio García enfermó de colitis y no pudo salir a serenar, no dudó en que su mujer y su hija lo sustituyeran. “Nos puso los números de los portales de la calle que teníamos que cerrar a las diez de la noche y nos quedamos por la calle hasta las cinco de la mañana, porque era pleno invierno y recuerdo un frío de muerte”, rememora María García, que recuerda que los vecinos también cumplieron con ellas el pago de las propinas. “A mi madre le daba un poco de apuro coger las propinas, entonces me lo daban a mí, que aún era una niña y yo sí lo cogía”. Una vivencia que reconoce que fue “toda una experiencia”.
"Creo que es un profesión digna de homenaje"
Las propinas era el principal ingreso de los serenos y sus hijos tienen el recuerdo de ver los montones de monedas sobre la mesa cuando se levantaban por las mañanas, incluso de ayudar a clasificar las monedas y hacer los montoncitos. “Por la mañana creo que todos íbamos corriendo a ver cuánto había ganado papá y hacíamos los montoncitos, ese dinero se lo llevaba mi madre a la compra. Además, una vez al mes les pasaban un recibo de los comerciantes y de las fincas, un dinero que se destinaba a pagar las letras y deudas”, detalla.
María García asistió el 6 de diciembre al homenaje que el Ayuntamiento de Cangas del Narcea ofreció a los serenos, para ello viajó desde Madrid. “Creo que es una profesión digna de que se le haga un homenaje”, asegura y confiesa que, en su caso, siempre valoró el trabajo de su padre y se sintió orgullosa de él. “A mí siempre me ha gustado se la hija de un sereno, pero había a gente a la que le daba vergüenza porque te miraban como si tu padre fuera un mendigo, porque vivían de las propinas, pero yo nunca me he sentido mal por ello”.
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