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Una vida tras la barra del bar en Cangas del Narcea: Marina Boto se despide de la cafetería del centro social de mayores después de 32 años

"Me voy con toda la pena de mi corazón porque esto se queda cerrado", lamenta la recién jubilada por el cierre del servicio hasta que se licite de nuevo

Marina Boto hace un café en el centro social.          | D. ÁLVAREZ

Marina Boto hace un café en el centro social. | D. ÁLVAREZ

Cangas del Narcea

Sin poder evitar emocionarse, Marina Boto Fernández se despidió este martes de la cafetería del centro social de personas mayores de Cangas del Narcea, que ha gestionado desde su inauguración en diciembre de 1993. Le ha llegado la hora de jubilarse y el último día de apertura del centro este 2025 ha sido, también, su última jornada de trabajo en la que asegura que ha sido su casa.

Se va satisfecha con la labor realizada, pero con la pena de ver que la cafetería del centro social cierra temporalmente, ya que el servicio no se licitará al menos hasta el mes de marzo, según le ha informado la dirección. Marina dice que le hubiese gustado ver cómo alguien tomaba el relevo, razón por la cual informó sobre su intención de jubilarse a la Consejería de Derechos Sociales ya en marzo de este año.

"Me voy con toda la pena de mi corazón porque esto se queda cerrado, porque aquí solo tenemos este centro, no es como en la ciudad que cierra uno y se puede ir a otro", lamenta Boto, antes de animar a la gente a presentarse a la licitación. "Estaba funcionando como nunca y es una pena que se quede desangelado. La gente, que apueste por ello porque costó mucho conseguirlo", empuja.

"La gente luchó mucho para cosneguirlo"

Entre las muchas vivencias y recuerdos que atesora de sus 32 años en el centro social, sin duda tiene grabado el primer día de apertura, que coincidió con la celebración de la feria de San Andrés, que por aquel entonces aún se celebraba en La Vega, justo al lado del centro.

"Fue un día de locura, había gente que entraba llorando y dando las gracias por ver abierto este servicio, porque la gente luchó mucho para conseguirlo, por eso me da rabia que ahora se quede desangelado", rememora Marina Boto.

Marina Boto en la cafetería del centro social.

Marina Boto en la cafetería del centro social. / D. Álvarez

Sobre todo, recuerda que fue un gran revulsivo para las mujeres mayores del concejo, ya que no era habitual verlas entrar en bares: "Las mujeres no salían solas a los bares, las veías sentadas por los muros, donde la iglesia,y cuando se abrió el centro empezaron a venir a echar la partida, hacían tertulias y tomaban algo".

Esos primeros años del centro social, los recuerda bulliciosos y llenos de vida, porque "durante las tardes estaba lleno a rebosar, no había ni un hueco libre; también empezaron los bailes, que atraen a muchísima gente y a día de hoy continúan los domingos".

Se reinventó con comida para llevar

La pandemia, que obligó al cierre del centro durante meses, le sirvió para reinventarse y empezar a hacer comida para llevar. Comenzó a anunciar que se hacían callos y se convirtió en su especialidad. A partir de ahí los encargos de comida para llevar fueron aumentando hasta ser un complemento indispensable de la cafetería. De hecho, su último día de trabajo fue casi una maratón para cumplir con todos los pedidos que había recibido de cara a Nochevieja.

Especialmente agradecida se muestra con la asociación cultural de mayores "San Juan Bailón", encargada de organizar un sinnúmero de actividades y fiestas que logran movilizar a mucha gente. "Todos los domingos hacen bailes y hacen infinidad de fiestas, y eso trae comidas y que la gente acuda al centro, porque ahora es verdad que necesitan como un atractivo para venir, a partir de la pandemia se perdió un poco la costumbre de venir a pasar aquí la tarde", explica.

Para Marina Boto la cafetería del centro social fue más que un trabajo, asegura que se convirtió en su vida y su casa, ya que trabajó todos los días de la semana de nueve a ocho de la tarde. Algo que hizo hasta este martes con mucha alegría "porque siempre me gustó el trato de la gente, así que siempre vine encantada a trabajar". Una alegría que logró contagiar y que se tradujo en una gran fiesta de despedida el pasado día 20 a la que acudieron 180 personas y otras tantas se quedaron fuera por falta de espacio.

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