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Cangas despide a Luisa Álvarez Membiela, una mujer “muy participativa” en la vida social de la villa

Para el recuerdo deja sus recetas compartidas a través de un programa de radio y también, algunas de ellas, recogidas en el libro de Beatriz López Vidal

Por la izquierda, Vicente Agudín, Luisa Álvarez Membiela, Beatriz López - con su libro en las manos - y Loli Rodríguez, en la presentación en Cangas del Narcea celebrada en marzo de 2025.

Por la izquierda, Vicente Agudín, Luisa Álvarez Membiela, Beatriz López - con su libro en las manos - y Loli Rodríguez, en la presentación en Cangas del Narcea celebrada en marzo de 2025. / D. Álvarez

Cangas del Narcea

Luisa Álvarez Membiela falleció este sábado a sus 96 años en su Cangas del Narcea natal. Siempre fue una mujer muy participativa en la vida social y asociativa de la villa, formando parte de diferentes colectivos: la asociación de Amas de Casa, la Sociedad de Bienhechoras de Nuestra Señora del Carmen y también formó parte de la Coral Polifónica.

Pero su voz no solo la utilizó para cantar, también para transmitir sus recuerdos y sabiduría culinaria a través de las ondas, en el programa local de Onda Cero. En los últimos años, acompañada por su nieto Vicente Agudín, realizaban un entrañable espacio en el que detallaba sus recetas, sus trucos de cocina al realizarlas y también vivencias de su extensa vida vinculadas a ese plato.

También compartió alguna de sus recetas a través del libro “Las manos de antes”, creado por Beatriz López Vidal, natural de Navelgas (Tineo).

Una de ellas es, precisamente muy típica en estas fechas de carnaval. Se trata de la elaboración de los huesos de butiel.lo con patatas blancas, muy arraigada en el Suroccidente en general, y plato típico del menú, al menos en Cangas del Narcea, el “martes gordo de carnaval”, detallaba en su intervención en el libro.

Otra de las recetas que dejó para la posteridad fueron sus emparedados de jamón serrano, queso y pimientos, algo que explicó en ese momento que ella siempre vio hacer en su casa y lo continuó, extendiéndose luego su elaboración, ya que llegó a convertirse en los “emparedados del rally”. Cuentan en el libro que les quedó ese nombre, puesto que era el bocadillo que la gente solía llevar a ver la competición.

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