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"Seguimos empleando una hora y media para llegar a la capital. ¿Cómo es posible?", el lamento de una canguesa sobre el tedioso viaje a Oviedo

Profesora de instituto jubilada, María Luisa Rodríguez muestra su hartazgo por la situación de la comunicación por carretera entre el Suroccidente y el centro de la región

Foto de archivo de un argayo en el corredor.

Foto de archivo de un argayo en el corredor. / Demelsa Álvarez

La canguesa María Luisa Rodríguez relata en este escrito lo que sufren los vecinos de Cangas del Narcea en sus viajes al centro de la región. Esta profesora de latín ya felizmente jubilada, viaja un par de veces a la semana a la capital ovetense y da cuenta de la odisea de recorrer con frecuencia el corredor del Narcea. En esta vía fundamental para el Suroccidente son frecuentes las fanas (más conocidos como argayos en el resto de Asturias) y también los límites de velocidad y señales de peligro que ralentizan el cada vez más tedioso viaje al centro.

"Es una maravilla viajar con Pancilla", este es un mantra que en mi familia solemos repetir cuando al volante conduce mi marido, hijo de taxista de una familia canguesa así apodada. El bueno del que no llegó a ser mi suegro porque falleció a finales de los años setenta, concretamente en 1977, presumía de plantarse en Oviedo en tan solo dos horitas "a sesenta por hora", este era un trayecto que cubría de lunes a viernes en un Seat 132 (el último de sus coches) acercando a la capital a los cangueses que precisaban acudir al hospital o a realizar cualesquiera funciones en la centralizada administración.

Pues bien, casi cincuenta años después, modificado ligeramente el trazado de la vía, rectificadas o suprimidas algunas curvas, horadados algunos túneles más e incorporándonos en el último tramo a la A-63 (unos 25 kilómetros), hemos acortado la distancia que nos separa por carretera en algo más de diez kilómetros.

Por otro lado, bien cierto es que se ha renovado el parque automovilístico con vehículos que incorporan los últimos avances tecnológicos que otorgan mucha más potencia y mayores medidas de seguridad. Pero seguimos empleando una hora y media para llegar a la capital. ¿Cómo es posible?

Basta recorrer una vez la AS-15 para darse cuenta del problema: nos vemos obligados a pisar el freno, no podemos desarrollar la velocidad que la carretera y los coches nos permitirían. Sin ánimo de resultar tediosa, como lo es para nosotros el propio trayecto, se cuentan más de 25 limitaciones de velocidad de 50 por hora, la mayoría por atravesar pequeños pueblos, lo que es entendible, otras por curva peligrosa o por peligro de paso de fauna en tramos de más de ¡4 kilómetros! , estos últimos son los que nos resultan más difíciles de aceptar por estar la calzada protegida a ambos lados; añádanse las limitaciones de 60 por hora, sea por cruces, incorporaciones, o por curvas o kilométricos y somnolientos tramos de riesgo. ¿Exceso de precaución y proteccionismo?

Lo cierto es que el corredor del Narcea, así llamado por discurrir pegado al río y de espaldas a la escarpada y rocosa montaña, resulta peligroso: bien advertidos estamos, desde Cangas hasta Soto de los Infantes se cuentan innúmeras señales de peligro, y en concreto 31 de estas nos avisan de peligro por desprendimiento. Y no es baladí, ocurren con bastante frecuencia.

Reconozcamos que el problema tiene difícil solución, no basta con colocar malla de gallinero que, por gruesa que sea, no podrá contener a un airado Polifemo cuando, enfadado por la lluvia o el fuego, nos arroje gruesos pedruscos que nos corten la vía o, en el peor de los casos como ya sucedió en una ocasión, la vida.

Entonces, ¿hasta cuándo los habitantes del Suroccidente vamos a seguir marginados, privados de una red viaria segura que nos acerque a las principales ciudades del Principado o nos permita conectar de modo eficiente y seguro con la meseta? Nos sentimos totalmente frustrados y estafados. Urge un nuevo trazado y resulta que este ya está previsto y diseñado, pero falta llevarlo a término: La Autovía La Espina-Ponferrada, que es una necesidad y una reivindicación histórica. Hagámosla realidad antes de que el viaje de los cangueses a Oviedo se convierta en nuestra peor pesadilla.

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