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La hostelera canguesa Inma Martínez celebra diez años al frente de La Magdalena: “En estos locales de pueblo al final se forma una gran familia”

La cafetería está en continua evolución y desde hace unos meses ofrece "tardes de cookies" para impulsar el momento de la jornada más flojo

Inma Martínez en su cafetería con las galletas elaboradas por su hijo.

Inma Martínez en su cafetería con las galletas elaboradas por su hijo. / D. Álvarez

Cangas del Narcea

El 15 de abril de 2016 no fue un día cualquiera para Inma Martínez. Aquel día abría por primera vez al público las puertas de la cafetería La Magdalena llena de ilusión y ganas, que mantiene intactas una década después. La fecha, además, escondía una coincidencia cargada de emoción: “Es el día del cumpleaños de mi padre, que entonces ya llevaba unos años fallecido, me lo tomé con una señal”.

Una corazonada que no le falló y la llevó a cumplir los primeros 10 años frente a La Magdalena, que no era su primera experiencia al frente de un establecimiento, previamente había llevado otro local durante año y medio, tras años trabajando en el sector para otros. El traslado supuso una apuesta arriesgada, pero también una oportunidad clara: “El otro bar estaba peor situado y funcionaba bien, así que aquí sabía que solo podía ir a mejor, además siempre me gustó este local, tan alegre, con estas cristaleras tan enormes y vinculado a nuestra basílica, es algo que me gustó por eso no le cambié nombre”.

Ubicación y competencia

Precisamente, su buena ubicación es algo que destaca la hostelera, puesto que la cafetería está rodeada de vida —oficinas, servicios públicos, la Casa de Cultura, la iglesia—, aunque Inma Martínez recuerda que también comparte situación con otros dos establecimientos a muy poca distancia, viendo que al final todos han conseguido atraer a su público y seguir adelante.

Si algo enfatiza de estos diez años es la fidelidad de los clientes. “Mis clientes no me fallaron, pasa el tiempo y ves que la gente sigue teniéndote en cuenta, pero también se echa de menos a los que ya faltan”, lamenta. Muchos de sus habituales ya la conocían de etapas anteriores y siguen formando parte de su día a día. Ese vínculo ha convertido el local en algo más que una cafetería. “En estos locales de pueblo al final se forma una gran familia, ves entrar a los habituales y ya sabes qué conversación vas a entablar”.

Innovación para atraer clientes

El modelo de negocio también le ha tocado evolucionar con los años. Desde un principio se enfocó en las mañanas y ofrecer desayunos, con variedad de pinchos recién hechos. También apostó por los aperitivos de mediodía. Desde noviembre el objetivo fue impulsar las tardes, la parte de la jornada que reconoce que resulta más floja. Para ello oferta meriendas dulces con “tardes de cookies”. Unas galletas artesanales que llaman la atención en la barra por su creatividad y colorido y que son obra de su hijo Álex García, que se formó en repostería, y que empieza a abrirse camino a través de la cafetería de su madre, pero con la mente puesta en emprender y hacerlo en Cangas del Narcea.

Todo es innovar y ponerle cariño a lo que haces, fijarte en ese pincho que está saliendo regular, para ver qué se puede hacer para que mejore”, señala. Esa inquietud también se refleja en nuevas ideas de futuro que le rondan la cabeza, como adaptar horarios o introducir platos combinados si las circunstancias lo requieren. “Yo no me cierro a nada”, asegura.

Una fiesta para celebrar los 10 años

Reconoce que no han faltado momentos complicados. Hubo etapas en las que la falta de actividad obligó a tomar decisiones difíciles. “Me vi obligada a cerrar por las tardes durante los meses de invierno porque no compensaba”, asegura. A ello se suma la dificultad de encontrar y mantener personal, aunque entiende que es “normal, no todo el mundo vale para estar detrás de la barra, agota emocionalmente”.

Aun así, para ella el balance es claramente positivo. “Son diez años de una experiencia positiva y espero seguir creciendo dentro de las circunstancias”, resume.

Además, no quiso dejar pasar de forma desapercibida el aniversario y este viernes organizó una pequeña fiesta para sus clientes habituales y vecinos: “Es la excusa para compartir, hice un pincheo un poco especial y pusimos música”.

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