Kiti Pérez, la florista que regresó a Cangas por amor y que lleva 40 años al frente del negocio: "Regalar flores no pasa de moda, es la mejor forma de decir te quiero"
"Esto es mi vida y no me la imagino de otra manera; necesito colores y flores", asegura la canguesa, de 63 años, fundadora de Flores La Plaza

Kiti Pérez con un ramo delante de su floristería. / Sara Castaño
Dicen que el amor mueve el mundo y, en el caso de Kiti Pérez, la máxima se cumple. Se quedó en Cangas del Narcea por amor y amor regala a diario en forma de flores de mil colores. Es el alma de Flores La Plaza, uno de los negocios más emblemáticos del concejo, que este año celebra su cuarenta aniversario. Trabajo no le falta porque, además de bodas y eventos, regalar flores no pasa de moda: "Cada vez más gente compra flores, son alegres y están al alcance de todo el mundo. Regalarlas no pasa de moda, es la mejor forma de decir te quiero".
A Aquila María Pérez Rodríguez de Llano todo el mundo la conoce como Kiti, el apodo cariñoso que le puso su hermano siendo niños. Nació en Cangas, de madre canguesa y padre tapiego y por eso sostiene que su inspiración está en las flores de los montes cangueses, pero la paz la encuentra frente al Cantábrico, en Tapia. "Creo que la gente de Tapia y Cangas tienen una conexión especial. Mi padre Jaime, que era muy buena persona y trabajador, también se quedó en Cangas por amor. Vino a trabajar y se quedó aquí para siempre porque se enamoró de Aquilita, que era muy viva, lista y simpática. Gracias a ellos tenemos la floristería", dice emocionada.

Kiti Pérez en su photocall floral. / Sara Castaño
Boda a los 21 años
Fue en el instituto cuando Kiti conoció al amor de su vida. Un joven allandés que le cambió la vida. De hecho, cuando ella estaba estudiando Informática en Oviedo, decidieron casarse y lo dejó todo para regresar a Cangas. "Tenía 21 años, pero estábamos superenamorados", cuenta. Fue su madre la que tuvo la idea de que emprendiera con las flores porque, ya que dejaba de estudiar, "no iba a estar sin hacer nada".
De aquel medio castigo, relata, nació una pasión. "Se me daban bien las plantas y me gustaban las flores, me pasaba el día dibujándolas, pero no tenía ni idea del negocio, ni antecedentes familiares en esto", señala. Su abuela regentaba un estanco en la plaza, frente a la iglesia. Había sido una tienda de las de toda la vida, pero en los ochenta del siglo pasado ya solo era un estanco, así que le sobraba espacio. Allí empezó todo y de ahí el nombre de Flores La Plaza.
Formación con los mejores
Tras una breve formación en la floristería Leymar, de Piedras Blancas, en octubre de 1986, justo la semana antes de Todos los Santos, echó a andar. "Fue una locura", confiesa. Luego se formó como oficial florista en la Escuela de Arte Floral Española y siguió haciendo cursos con prestigiosos floristas como el alemán Gregor Lersch o el sueco Per Benjamin. "Todavía hice otro curso hace unos días. Si te gusta, es una adición, no puedes parar de hacer cosas. Ahora, además, es muy importante la formación para estar en el mercado", relata.
Sus primeras dos décadas transcurrieron en la plaza, después se mudaron a la calle Mayor, donde ahora está la floristería, al lado de otra plaza, más pequeña, en la que Kiti sorprende a los cangueses. Siempre la decoró, para dar alegría a un espacio apagado por el cierre de varios negocios. Sin embargo, con la pandemia empezó a montar photocalls para soprender y alegrar a los vecinos. Ahora sus puestas en escena son un clásico de Cangas y blanco de infinidad de fotos.

Kiti con su hijo Alberto y Yolanda, la dependienta del negocio. / Sara Castaño
Pasión por las bodas
Pero volviendo al oficio, la canguesa siente auténtica pasión por las bodas. Se considera clásica y romántica en sus composiciones y en las bodas puede dar lo mejor de sí misma. "Las bodas son muy especiales, estás presente en un día muy feliz e importante para las parejas y acompañarles es algo que no se olvida", señala. Sin embargo, su oficio no va solo de bodas, también de eventos de todo tipo y muchos regalos porque, precisa, regalar flores no pasa de moda. "Cada vez más gente las compra para sí mismo. Acompañan y te dan alegría", añade.
El negocio de la floristería, al que ahora se ha incorporado su hijo Alberto, es complejo porque "trabajas con producto perecedero y eso es difícil de controlar". También hay momentos de estrés y tensión, sin embargo, no se queja y agradece la suerte de haber contado siempre con buenos empleados, como sus queridos "Yoli y Luis".
Este año 2026 es especial para Flores La Plaza por el cuarenta aniversario de su apertura. "Nos coge bien, con mucho trabajo y de buen humor, así que hay que celebrarlo. Cuando te haces mayor valoras más los momentos felices", señala esta mujer de 63 años que no quiere pensar en la jubilación. "Esto es mi vida y no me la imagino de otra manera. Necesito colores y flores, estar ocupada en algo", concluye.
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