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Fallece con 95 años la canguesa Hilda Farfante, histórica activista por la Memoria Histórica: "Como buena maestra e hija de maestros, nos ha dado una lección hasta el final”

Hija de dos maestros de Cangas fusilados en 1936, cuando ella tenía cinco años, dedicó su vida a la docencia, a la defensa del legado reformista de la República y a la recuperación e identificación de los restos de las víctimas, aunque falleció con la pena de no haber logrado encontrar a sus progenitores

Hilda Farfante, con las progresistas del Suroccidente

Hilda Farfante, con las progresistas del Suroccidente

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Chus Neira

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Hilda, en alemán, se puede traducir como "la mujer que lucha hasta el final". La canguesa Hilda Farfante hizo honor al nombre que le pusieron sus padres y a la memoria de sus progenitores, asesinados en 1936 por sus ideas republicanas, "por haber llevado como única arma la llave para abrir el portalón de las escuelas de Cangas del Narcea". Así lo recordaba este miércoles Héctor Valderas Farfante, hijo de Hilda, tras el fallecimiento de su madre, en Madrid, con 95 años. Con su pérdida, el activismo de la Memoria Histórica pierde a una de sus voces más apasionadas, una mujer que en las últimas décadas no se cansó de gritar dónde estaban sus padres. La pena, "la penísima", matiza su hija, fue que nunca llegó a recuperar sus restos. Ni las primeras veces que ella misma, de tapadillo, casi con sus propias manos los empezó a buscar, ni la campaña que en los últimos años, desde la Fundación Aranzadi y con el apoyo de la Presidencia del Principado trató, sin éxito, de ayudarla.

En el otro lado de la balanza está una vida que durante los primeros años se desarrolló en Boal y luego, en el año 50, la llevó junto a su hermana y su abuela Lina a Madrid, con sus tíos. Una vida en la que Hilda Farfante ejerció como maestra, se involucró en la defensa y recuperación del legado reformista de la república o de las Misiones Pedagógicas en las que estuvo involucrado Alejandro Casona, "primo de la familia", como le gustaba destacar. Ya jubilada, se convirtió en una de las activistas de la Memoria Histórica más destacada en el país, militancia que le mereció, entre otros, reconocimientos como el premio "Trece Rosas" o el "Rafael del Riego", concedido por los ayuntamientos de Tineo y Cabezas de San Juan (Sevilla). Con cinco hijos y multitud de nietos, su hijo Héctor la recordaba este míercoles como "una jabata". "Nos ha dado una lección hasta el final, como buena maestra que ha sido siempre y como hija de maestros hasta la médula".

Alumna brillante, además de su compromiso con la docencia, siempre fue "muy avanzada" en sus ideas, y llegó a desarrollar cierta actividad en Madrid durante el gobierno municipal de Tierno Galván, con la organización de semanas teatrales vinculadas siempre a las misiones pedagógicas. En su juventud, confiesa su familia, sufrió "con silencio y ocultamiento" lo sucedido con sus padres. "Había vivido con la culpabilidad de haber sido la hija de los maestros rojos que tenía que pagar por sus pecados y una vez muerto Franco empezó a intuir la gravedad y el alcance de lo que había sucedido, empezó a contactar con gente en Asturias y empezó a reconstruir todo lo que había sucedido".

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